Por Violeta Moreno Haro
Hay una parte del viejo oficio político que hace falta recuperar: el pudor de ponerse límites. Entender que dirigir también implica dejar espacio para otros. Desde ahí me parece interesante la llegada de Javier Espinoza de los Monteros Cárdenas a la presidencia de SOMOS en Jalisco.
Nacido en Durango, pero tapatío por arraigo, hijo de un minero y una ama de casa, el duodécimo de quince hermanos viene de una cultura del esfuerzo discreto. Su cercanía con las luchas sindicales del IMSS y de la Universidad de Guadalajara forma parte de esa trayectoria.
Como director general del Sistema de Educación Media Superior de la UdeG, encabezó una etapa en la que se habilitaron dieciséis nuevos planteles entre 2013 y comienzos de 2019. Detrás hay gestión, coordinación y conocimiento del territorio. Abrir una escuela significa acercar posibilidades a familias que antes las tenían lejos.
Su paso por la Editorial Universitaria permite comprender la relación entre cultura y desarrollo. El licenciado Raúl Padilla López tuvo la visión de impulsar una actividad cultural capaz de generar conocimiento, empleos y oportunidades empresariales. Las entidades productivas universitarias han aportado recursos para infraestructura educativa: su alcance trasciende los escenarios y llega también a las aulas.
Con esa experiencia, Javier participa en un proyecto cuyos dirigentes han asumido un límite concreto: no ser candidatos mientras ocupen sus cargos. Ese compromiso comprende también a Leobardo Alcalá Padilla, secretario nacional de Organización y Desarrollo Institucional, otro gran ejemplo de oficio político.
Dedicar tiempo, recursos y experiencia a construir sin reservarse una candidatura expresa una generosidad política que merece reconocerse. Hemos cuestionado en PRI, PAN, Morena y MC la costumbre de convertir las dirigencias en antesalas de la siguiente posición personal.
De la vieja guardia vale recuperar ese sentido de la responsabilidad: saber hasta dónde llegar y cuándo abrirles camino a otros. El pudor político empieza cuando alguien acepta que no todo lo que puede obtener le corresponde tomar.
Ponerse límites puede ayudar a reconstruir la confianza que necesita el país. SOMOS propone recuperar algo elemental: que la responsabilidad de dirigir esté por encima del interés de obtener una candidatura. Esa decisión expresa una generosidad con México que vale la pena recalcar.
Javier tiene ahí una tarea que corresponde a su experiencia: convertir el oficio acumulado en oportunidades para otros. Este país necesita dirigentes capaces de sembrar sin exigir que toda la cosecha termine en sus manos.
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