Opinión
Por Hiram Chávez
En 1978, Craig Coley, fue condenado a cadena perpetua por dos asesinatos que nunca cometió; el de su antigua novia Rhonda Wicht y el de Donald, su hijo de cuatro años.
Ahora, con más de 70 años, y tras haber pasado casi 4 décadas entre las rejas, fue exonerado. El detective que llevó la investigación no tomó en cuenta pruebas que hoy exoneran a Coley de los crímenes e incluso, manipuló algunas de ellas, diciendo que contenían el ADN de Coley.
En 1993, el mexicano Vicente Figueroa fue condenado a la pena de muerte, acusado de violar a la hija de su pareja de 1 año. Tras 25 años de prisión, el 19 de abril de 2018 fue exonerado. Se descubrió que las pruebas en su contra eran falsas, incluido el informe de la autopsia de la bebé.
Maurice Caldwell fue condenado a 27 años de prisión por asesinato en segundo grado en 1991, tras haber cumplido 7.494 días en cárcel, en 2011 fue exonerado: el verdadero asesino confesó el crimen.
Se cuentan por cientos los casos, tan solo en California, de juicios injustos, en donde inocentes son condenados bajo pruebas falsas, inventadas y testimonios falaces. El origen que da forma a este fenomeno, se debe a que el éxito del sistema de justicia americano radica en la cantidad de presos, y no de la impartición de justicia.
En la justicia americana, los delitos se resuelven con encarcelamientos injustos. Mientras más presos existan, más se impulsa las carreras de los fiscales y si los presos son de alto perfil, eso proyecta aun más su carrera política.
Es impresionante la rapidez con la que se dan los encarcelamientos en Estados Unidos; la clave es la negociación de la sentencia. Según especialistas, más del 97% de los casos de delitos graves se resuelven con una negociación de la sentencia.
El perjurio sobornado y la desestimación o retención de evidencias que testifican la inocencia del culpado, son las principales acciones a las que se enfrenta todo hombre inocente; sólo en tres de cada 100 casos, las acusaciones y pruebas en manos de los fiscales son probadas.
Cuando el culpado inocente o no, acepta la negociación, está obligado a aceptar su “culpabilidad” a cambio de una condena “ligera”, de otra manera se enfrenta a juicios extremadamente caros, largos y con una alta probabilidad de llevarle a sentencias más duras como cadena perpetua o incluso la pena de muerte.
Falsificar evidencias, ya es parte de la cultura policiaca de Estados Unidos; para los fiscales retener pruebas exculpatorias o sobornar a testigos para que juren en falso, es parte de su modus operandi; lo mismo para los jueces el disimular; los jurados por su parte, tienen su confianza ciega e ingenua en los fiscales.
El pasado 16 de julio, durante la comparecencia ante el juez Fields, en el caso de Naasón Joaquín García, el agente Steven Stover testificó de la existencia de un video con contenido sexual, que por cierto, tal video jamás fue visto; la defensa del acusado tuvo que preguntar 7 veces la misma pregunta referente al video: “¿Usted sabe como llegaron esas imágenes al celular del acusado?” el agente, tras haber sido obligado por el juez a responder, dijo: “No se”.
Tras la inverosimilitud de las acusaciones contra Naasón Joaquín, líder de La Luz del Mundo, y ante la retención de las evidencias exculpatorias del fiscal del Estado de California, Xavier Becerra, se visualizan desde ya, la manipulación y fabricación de pruebas, creación de contenido y compra de testigos falsos.
Al sistema de justicia penal de la nación más poderosa del mundo, le importa todo, menos eso, justicia; no la necesita, no le interesa buscarla. No estamos hablando de un sistema de justicia fracturado, es un sistema fabricado para esto, para destruir personas, familias, comunidades, e incluso países, con tal de saciar la sed de poder de hombres corruptos.
Nos seguimos leyendo. ¡Saludos!
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