Por Laura Gutiérrez Franco
Es una realidad que quema, que lacera el alma de miles de familias en México y que, lamentablemente, parece no encontrar eco en las oficinas de Palacio Nacional. El Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU lanzó una advertencia que debería hacernos estremecer a todos: la situación en nuestro país es de tal gravedad que han decidido llevar el caso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas.
No es un trámite cualquiera. La ONU señala que en México se siguen cometiendo crímenes de lesa humanidad. Hablamos de una herida abierta que suma ya 132 mil 534 personas que permanecen desaparecidas, según las cifras más recientes. Sin embargo, detrás de cada número hay una madre que no duerme, un padre que gasta sus últimos ahorros en una pala y un hermano que crece con un vacío imposible de llenar.
¿Y cuál fue la respuesta de la Presidenta? En lugar de la empatía que se esperaría de quien ostenta el máximo cargo del país, recibimos descalificaciones. El Gobierno Federal tachó el informe de “tendencioso”, “parcial” y “falto de rigor”. Dicen que no se consideran sus “avances”. Pero yo les pregunto: ¿De qué sirven los avances burocráticos cuando las madres buscadoras siguen siendo ignoradas, cuando no las reciben y cuando la única respuesta es el silencio o el cierre de puertas?
Es una falta de humanidad tremenda. Se empeñan en reinterpretar las cifras, en decir que muchos registros están “incompletos” o que tienen “indicios de localización”, mientras en los estados —aquí mismo en Jalisco y en todo el país— las familias siguen rascando la tierra con sus propias manos.
Ojalá, de verdad, que quienes hoy minimizan esta tragedia nunca tengan que sufrir lo que sufren estas miles de personas. No reconocer la realidad no la hace desaparecer; solo hace más grande el abismo entre el poder y el pueblo. La crisis de las desapariciones en México no es un tema de “percepción” o de ataques políticos: es una emergencia humanitaria que requiere, antes que leyes o estadísticas, un poco de corazón y mucha voluntad para encontrar a quienes nos faltan.
Porque mientras el gobierno se defiende con comunicados, hay una realidad que no pueden ocultar: México sigue buscando, y el Estado sigue fallando.
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