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Indicador Político

diferencia de la crisis de 1988 en que se derrumbó su voto y las derrotas del 2000 y del 2006, el escenario que se le plantea al PRI hoy tiene sólo tres pistas:
1.- Que el grupo de Enrique Peña Nieto vía José Narro Robles se quede con el partido para tener el control de las pocas candidaturas que puedan ganarse en el 2021.
2.- Que las bases gelatinosas tomen el partido sin tener ningún bloque de poder real con los mandos fácticos que influyen en las elecciones y la disputa por candidaturas haga reventar al partido en el 2021.
3.- Que el gobernador campechano Alejandro Moreno Cárdenas Alito pueda construir una nueva coalición dominante entre todas las corrientes de poder que evite la tribalización del partido, reviva el origen real del PRI como el espacio para el reparto del poder y traslade el comité central del partido a los gobernadores que tienen poder y recursos.
En 1988 Carlos Salinas de Gortari, Luis Donaldo Colosio y Manuel Camacho Solís detuvieron la debacle del partido, pero lo volvieron a perder en 1994. En 2000 el liderazgo de relevo de Roberto Madrazo Pintado evitó la desaparición del PRI, pero lo condujo a la derrota por su divisiva candidatura presidencial. En 2006 el PRI fue tomado por el gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto y lo llevó a la victoria del 2012 sobre López Obrador.
El PRI no es un partido político formal, sino que fue una coalición de intereses de los jefes de grupos revolucionarios que encontraron en esa estructura y el mando de Plutarco Elías Calles el camino para seguir evitando las matanzas por el poder político. En un ensayo sobre las razones sobre el colapso del PRI, el politólogo César Cansino encuentra tres razones: un grado débil de institucionalización, una fuerte crisis organizacional y un entorno o medio ambiente político desfavorable. Y como elemento general, un nuevo partido, Morena, que capta a los desencantados con el reparto de posiciones.
Este escenario es el que tiene el PRI de Peña Nieto frente a su debacle electoral del 2018: 7.6 millones de votos para el PRI sin coaliciones, el 13.5%; 14 senadores o 10.9% de senadores, y 47 o 9.4% de diputados. En los dos gobiernos panistas de 2000-2012, el PRI cogobernó desde su condición de primera minoría. Hoy el PRI sólo ha podido frenar algunas decisiones de la mayoría de Morena en el Senado, pero no por su escasa bancada sino por la construcción de un bloqueopositor.
La única posibilidad que tiene el PRI para posicionar un punto de contención a su hecatombe es la construcción de una coalición dominante, porque Peña Nieto quiere seguir salvando su alma y no la república ni el partido y las bases carecen de cohesión para operar como militancia en un partido que nunca ha tenido militantes sino votantes acarreados.
Los tres pilares del PRI están destruidos: el sector obrero se ha olvidado de su papel históricoen la definición y defensa del proyecto popular de desarrollo y ha quedado enredado en un proceso de extinción al parecer imparable; el sector campesino sencillamente no existe, y el sector popular ha sido una estructura saqueada por liderazgos sin sentido de partido.
Las posibilidades del PRI para detener su caída radican en una dirección política que vuelva a cohesionar los pedazos de partido. La oportunidad la tuvo el sonorense Manlio Fabio Beltrones, pero no pudo asumir su autonomía relativa del proyecto de Peña Nieto y llevó al partido a la debacle de 2016. La campaña presidencial fue un desastre por la incapacidad del candidato José Antonio Meade Kuribreña para entender la política real y la sumisión del PRI. La presidencia partidista de Claudia Ruiz Massieu-Salinas de Gortari ha sido un fracaso total.
Si el PRI no se recompone con una nueva coalición dominante entre liderazgos y posiciones de poder y poderes fácticos, Morena continuaráotro sexenio más en el poder. Peña pudo ganar en el 2012 porque creó una nueva coalición dominante autoritaria.
El escenario crítico del PRI no radica en la disputa entre tres opciones muy definidas que compiten por la dirección del partido, sino en la estrategia de López Obrador para convertir a Morena en un nuevo PRI y en el pirateo de priístas, perredistas y panistas.
Hasta ahora ninguno de los tres aspirantes a la presidencia del partido está pensando en los sectores del PRI desde donde podría reconstruirse una nueva estructura de poder.
El secreto del PRI lo encontró Cárdenas en 1938 con el PRM: una estructura reproductora de los sectores productivos. Si la CTM, la CNC y la CNOP sigue extinguiéndose por inanición, quien gane la presidencia del partido sólo apagará la luz.
Así se llevan: el pleito entre la líder demócrata en la Cámara baja Nancy Pelosi con la novata demócrata Alexandria Ocasio-Cortez está hundiendo al Partido Demócrata en el desprestigio. Esta semana la confrontación escaló: Pelosi criticó a Ocasio diciendo que lo que importa en política no son los seguidores en las redes –donde Ocasiotiene cientos de miles– sino los votos en el congreso.
Política para dummies: La política es la sensibilidad para entender primero la realidad y luego tratar de desvirtuarla.
@carlosramirezh
Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Carlos Ramírez

Columna política, poder y Estado; treinta años de Indicador Político

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Carlos Ramírez*

El pasado 17 de julio la columna Indicador Político cumplió treinta años de publicarse todos los días de lunes a viernes. Le tocó, por circunstancias históricas, el proceso de modernización neoliberal iniciado de manera formal en febrero de 1990 con los primeros contactos secretos de México con los EE. UU. para el Tratado de Comercio Libre y tres décadas después el país encara un quiebre discursivo contra el neoliberalismo salinista.

La columna comenzó en El Financiero en circunstancias inesperadas. En 1990 el periódico especializado en información económica lanzó la sección política para preparar, en enfoques del director Rogelio Cárdenas Sr., de su hijo Rogelio Cárdenas Sarmiento y el subdirector Alejandro Ramos Esquivel, la sucesión presidencial de 1994. En 1989 y 1980 El Financiero era incómodo para el presidente Salinas de Gortari por su enfoque crítico y progresista y su penetración en los círculos mexicanos y extranjeros de inversionistas.

La historia tuvo un cariz político. Como columnista diario iba Miguel Angel Granados Chapa, quien pasaría de La Jornada a El Financiero. La información que no era secreta llegó a Los Pinos y Manuel Camacho buscó, a través mío, una reunión con Rogelio Cárdenas Sarmiento. En el desayuno Rogelio le explicó que se trataba de una sección complementaria, no una definición editorial. Camacho le dijo: “¿y ya le enviaste una señal al presidente?” Rogelio, que no se movía en los protocolos del poder, dijo con ingenuidad que no, que no sabía cómo hacerlo y le pidió a Camacho que se lo comentara a Salinas.

Pero, iniciada la sección política, Granados Chapa no llegó porque dijo que iba a darse cambio de dirección en La Jornada y quería competir. Rogelio, Alejandro y yo, que estábamos en la organización de la sección, nos dimos a la tarea de buscar otro columnista, pero ninguno convenció a los tres. Al final, Rogelio y Alejandro me dijeron que yo hiciera la columna diaria. En realidad, yo estaba especializado en información económica y acababa de regresar de una beca en los EE UU asignado a las páginas editoriales del Journal of Commerce y Los Angeles Times y mi objetivo era irme de corresponsal a alguna ciudad de los EE UU.

Luego de varias charlas acepté. La idea de don Rogelio Cárdenas, que todos los días hacía la primera plana, era una columna de análisis, investigación y reporteo, no de chismes o comentarios editoriales. El objetivo fue interpretar la política para los inversionistas y explicarles el proceso de sucesión presidencial de 1994. Nadie, en verdad, preveía el caos de esa sucesión.

A Indicador Político se le abrió un espacio inédito en el columnismo. La columna política tradicional había muerto con Carlos Denegri en 1970 y a partir de entonces varios columnistas con nuevos enfoques inauguraronestilos, relaciones con el poder y sobre todo análisis: Manuel Buendía, Granados Chapa, José Luis Mejías, entre otros. El relevo presidencial de Echeverría a López Portillo se dio con el colapso en Excelsior y el nacimiento de nuevos medios con menos relaciones de poder con el sistema/régimen. El gobierno siguió manipulando la publicidad como mecanismo de censura, pero los medios autosustentables podían ejercer nuevos espacios de la crítica al presidente de la república y al PRI.

Para celebrar los treinta años de Indicador Político se realizará la próxima semana, del 10 al 14 de agosto, vía Zoom, un ciclo de conferencias titulado “La columna política y el poder”, con la participación de columnistas amigos: el crítico intelectual Víctor Roura hablará de “La escuela Denegri”, Miguel Angel Sánchez de Armas recordará “La columna política de Manuel Buendía”, con quien colaboró de cerca; Salvador García Soto disertará sobre “La columna política, hoy”, Ricardo Alemán platicará sobre “La columna política y el poder” y yo, como autor, haré el viernes un recuento histórico de los treinta años de Indicador Político.

Los datos del ciclo de conferencias y las claves de acceso a Zoom están en indicadorpolitico.mx y también se pueden solicitar a anakarinasl@hotmail.com. Para quien lo desee se dará constancia de participación. Las pláticas serán de 11 a 13 horas de lunes 10 al viernes 14 y más tarde estarán en el archivo de indicadorpolitico.mx en versión diferida.

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Política para dummies: La política es comunicación en sentido puro.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Iberoamérica, a la deriva, abandonada por los EE UU y por España

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Carlos Ramírez

No ha sido culpa, en realidad, de la pandemia del COVID-19. Los países de Iberoamérica nacieron de una expedición de conquista en busca de riquezas y creyentes para la España monárquica de finales del siglo XV y nunca despuntaron altos niveles de desarrollo. Y el intento de principio del siglo XIX de crear el Reino de la Nueva España tampoco explicarse ni entenderse en Madrid por culpa de Bayona.

Los países de Iberoamérica conquistaron su independencia de España en el siglo XIX, pero para caer en las garras de la dependencia estadunidense, soviética y ahora árabe. Los intentos de España de construir una alianza en el escenario de las cumbres iberoamericanas del último cuarto del siglo XX se hundieron con las crisis propias en la Moncloa.

Hoy Iberoamérica entra en una fase de crisis como nunca había vivido, ni siquiera en la del crack de la bolsa de Nueva york de 1929-1932. Enfermedades, pobreza, marginación, hambruna, guerras internas, polarización social y falta de un escenario de prosperidad dibujan el panorama agudizado de crisis del continente americano que fue conquistado por España a finales del siglo XV.

Con el descubrimiento de América, España añadió en su momento 100 millones de creyentes católicos y muchas riquezas naturales. Lo único que ha sobrevivido de aquella conquista es la cultura y la lengua, suficientes para construir alianzas estratégicas. España creó una cultura criolla que aún le debe mucho a la tradición indígena, pero más a la modernidad castellana.

Hoy el continente iberoamericano entra en una zona de crisis profunda. Las expectativas de la Comisión Económica para América Latina ubican el PIB en un promedio de -9% hasta ahora, con cifras de -15% para México. Los cálculos revelan que el continente iberoamericano tardará más de una década en recuperar lo perdido. Pero lo grave es que ha carecido de una verdadera ruta de desarrollo sostenido, con riqueza distribuible y ascenso cultural.

España se la jugó con Europa a mediados de los setenta, pero tiene una deuda moral histórica con Iberoamérica. Es cierto que los escenarios económicos apenas le alcanzan a España para mantenerse en la zona de desarrollo de Europa, pero bien pudiera pactar con Iberoamérica acuerdos que ayuden a esas naciones empobrecidas y de paso fortalezcan la posición española en el nivel europeo.

Nada se ve, sin embargo, en el corto plazo español. Y en Iberoamérica hace tiempo que dejaron de mirar hacia España. La identidad cultural y de la lengua sirve de poco ante el pragmatismo tecnocrático de gobiernos de esos dos bloques de reminiscencias históricas. Iberoamérica bien puede ser un puerto de entrada de España en América –la peninsular y la estadunidense–, pero los estrategas de la geopolítica sólo entienden de disuasiones nucleares, de bloques ideológicos y de intereses religiosos radicales.

El problema de España es que ha visto a Iberoamérica como un inmenso negocio, con 600 millones personas de mercado. Ya ni siquiera la religión interesa. El vicecanciller Alejandro Borgia alentó la expedición de Colon a América en busca de creyentes porque los europeos, orientales y africanos ya estaban escriturados y como papa Alejandro VI consolidó el interés en América. El papa actual de origen argentino ha quedado atrapado en la red de intereses estratégicos de la curia romana y del papel estabilizador del Vaticano en los intereses geopolíticos estadunidenses.

La zona iberoamericana se está hundiendo en un mar de pobreza, marginación y deterioro social por el coronavirus. La crisis de esa zona no interesa ni siquiera al capitalismo estadunidense, ahora en fase de ultranacionalismo racista. México, Brasil y Argentina, las tres economías más grandes y con autonomía relativa en desarrollo, quedaron muy lastimadas con la pandemia y el frenón económico y productivo asumido sin estrategia económica.

Las cifras de la CEPAL son contundentes: no es sólo el PIB, sino la desarticulación de plantas productivas y de cadenas de producción. Nadie le está prestando atención al colapso de Venezuela –su PIB en 2020 sería de -20%–, a pesar de que por su petróleo puede provocar efectos económicos negativos en el mundo. El dato mayor de ese organismo internacional indica que el PIB per capita de la región iberoamericana de 2020 será igual al de 2010, con lo que se confirmaría una década perdida, pero otros datos revelan que tendrán que pasar otros diez años para estabilidad lo perdido y entonces sumarían veinte años tirados a la basura.

Pobreza alimentaria, pobreza salarial, pobreza laboral, pobreza de expectativas formarían los principales escenarios de Iberoamérica para los próximos diez a veinte años. Sólo un gran pacto internacional para el desarrollo de la región iberoamericana podría no recuperar lo perdido, pero sí acortar los tiempos de reactivación. Y no se trata sólo de subsidios a la pobreza, sino de un gran proyecto de modernización productiva –campo, industria y servicios– que los países iberoamericanos no pueden instrumentar por sí mismos.

Europa podría iniciar un gran plan económico para Iberoamérica, así como fue el Plan Marshall de los EE UU para Europa en la posguerra. La economía privada tiene la capacidad para expandirse y aprovechar, inclusive, la existencia de un mercado de 600 millones de personas. Pero para ello se necesita de un enfoque estratégico, geopolítico y hasta de previsión de conflictos porque la pobreza iberoamericana no tardará de nueva cuenta en estallar en violencia política, golpes de Estado y guerrillas.

Por eso la pregunta pertinente: ¿quién en Europa está visualizando la gran crisis en Iberoamérica?

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Carlos Ramírez

Indicador Político- El INE y la democracia del embudo: elecciones controladas y sin calidad

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Carlos Ramírez*

La 4-T ha dejado pasar una de las reformas indispensables para la transformación del régimen priísta: el Instituto Nacional Electoral.

La transición democrática electoral en los últimos treinta años ha estado regulada por la voluntad y las decisiones de los consejeros electorales del Instituto Nacional Electoral. La democratización mexicana, por lo tanto, tiene características autoritarias, aunque ya no del Estado ni del régimen, sino de la casta divina de funcionarios del IFE-INE que han construido una democracia despótica, verticalista y paternalista.

Se trataría, por cierto, de una versión electoral igual a la del PRI. Antes era la Comisión Federal Electoral de a Secretaría de Gobernación la que determinada por sí misma cuáles debían ser las concesiones democráticas y hoy es un consejo general con decisiones que violan la Constitución, definen qué sí y que no debe ser la democracia y han creado un embudo que achica las posibilidades de una democracia de disensos y acuerdos.

A pesar de que la mayoría de los consejeros en treinta años han sido politólogos o juristas especializados en ciencia política, las decisiones del consejo general del INE han alejado a México de los cánones de la calidad de la democracia transicionista que exige mayores libertades y menos regulaciones, en tanto que el INE ha decidido al revés: más regulaciones y menores libertades.

El problema radica en el papel del IFE-INE como un filtro de la democracia que ha pervertido el sistema de representación política. Los partidos controlados por el IFE-INE son hoy peores, la corrupción política es mayor a la de los tiempos del PRI, las elecciones se han distorsionado con la complacencia, complicidad o incapacidad del IFE-INE y el funcionamiento de mecanismos electorales paralelos como los mapaches y los maestros de la maestra Elba Esther Gordillo, los consejeros han sido designados por cuotas de partido o alianzas perversas con el poder presidencial en turno, los consejeros presidentes se designan por intervencionismo presidencial, de Woldenberg a Lorenzo Córdova Vianello, los dos violando reglas por ser antes consejeros. 

Los políticos e instituciones salidos de los mecanismos electorales controlados por el IFE-INE no han podido cumplir con las condiciones para asumirse como democracia con calidad. En un estudio sobre la calidad de la democracia de 2010 de Mikel Barreda México sale reprobado. Aquí no se han cumplido porque los procesos electorales del IFE-INE han respondido a intereses del establishment político priísta y ha calificado mal en Estado de derecho, participación efectiva, competencia real, rendición de cuentas.

Las dos condiciones mínimas de democracia de Robert Dahl para democratización no se cumplen porque son distorsionadas por el IFE-INE: información y participación; hoy existen menos libertades para la opinión política en medios y en competencias que en los tiempos del PRI y por tanto la participación social es menor en calidad de conocimiento de la realidad, ambas reguladas de manera arbitraria por el organismo electoral. Un reglamento del INE ha puesto en el umbral de la cárcel a columnistas, pero gracias al Tribunal Electoral se pudo evitar.

La democracia paternalista del INE se ha agudizado en la presidencia de Córdova Vianello, incluyendo agresiones racistas a comunidades indígenas. Por decisión del PRI, Córdova permaneció en su cargo después de discriminar de manera agresiva, grosera y burlona a indígenas. El INE se ha convertido en una superestructurade poder por encima de leyes, prácticas y competencias. En lugar de ser un facilitador y garante de elecciones, el INE de Córdova es una aduana agresiva que acota el debate y la competencia hasta diluirla.

El secretario ejecutivo del INE, el reelecto sin pudor democrático Edmundo Jacobo, juega un papel de fiscal electoral autoritario que delimita la competencia democrática e invade funciones del ministerio público al acusar y sancionar sin los mecanismos de defensa del poder judicial real. Edmundo Jacobo es un poder autónomo sin control en el INE.

En sus treinta años de funcionamiento, el IFE-INE ha distorsionado y pervertido la transición electoral mexicana. Hoy la democracia es lo que Córdova Vianello, Edmundo Jacobo y diez consejeros electorales deciden en función de sus percepciones personales.

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Política para dummies: La política puede ser el disfraz autoritario de la democracia.

 

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