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Gabriel Torres Espinoza

El partido en el gobierno posee una mayoría en el Congreso de Jalisco, y volverá a contar con ella durante la siguiente Legislatura. Ocurrirá, fundamentalmente por la alianza con el Partido Acción Nacional, que lleva décadas administrando las migajas de sus derrotas, y subastando caro su complicidad en el Legislativo. El liderazgo de los diputados del partido en el gobierno, es bien sabido que se encuentra fuera del Congreso, y no precisamente en la estructura del partido. El jefe máximo de Movimiento Ciudadano, en Jalisco, es indiscutiblemente el titular del Ejecutivo. Es una vieja regla de la época hegemónica priista, que se ha restaurado con predominio, a pesar de la alternancia. Pero la verdadera contrariedad, es la falta de convicción de los legisladores locales para asumirse como representantes populares, y conducirse como integrantes de un poder con plena autonomía.

Las urnas le proveyeron una mayoría al partido en el gobierno. Esa mayoría será conducida bajo ese liderazgo que ellos reconocen solo en el Poder Ejecutivo de Jalisco. Esa es una realidad, que ocurre como consecuencia de los votos de la pasada elección. En democracia, las leyes que rigen la dinámica funcional entre los poderes y órganos constitucionalmente autónomos, se aprueban precisamente bajo consensos aprobados por mayorías. De forma que la aritmética es, en efecto, el principio rector del consenso democrático —mismo que, a su vez, se constituye como la herramienta por excelencia para la conciliación racional y civilizada de los intereses agregados en una sociedad democrática para la detentación del poder (formal e informal)—.

La democracia implica el gobierno de las mayorías, cierto. Es bien sabido que ello supone, necesariamente, el pleno respeto, protección y tutela de las minorías, así como el legítimo derecho a la OPOSICIÓN POLÍTICA. No obstante, no todas ‘minorías’ representadas en el Legislativo, disponen de las mismas facultades para ejercer el derecho a la oposición. En todo caso, la incidencia de las minorías en la formación de la voluntad política de Jalisco, se puede tronar efectiva, solo cuando éstas construyan algún tipo de COALICIÓN: coaliciones legislativas o por proyecto legislativo. Cuando fuerzas parlamentarias se unen para aprobar una reforma que requiere mayoría absoluta o calificada, o impiden que suceda en el ejercicio pleno de la oposición, por razones que son públicas.

Construir y articular un discurso político, desde una coalición legislativa de oposición, plenamente coherente, fundamentada y consistente, solo será viable si puede definir y acordar respaldo a ‘causas sociales’. El desafío está en alcanzar, en su carácter de representantes de la oposición, ¡darle cauce al trabajo parlamentario como soporte a los movimientos sociales! Entonces sí podrían superar la apañadora numérica de una mayoría que ni los quiere ver, ni los escuchará. Para que las minorías representadas en la siguiente legislatura, alcancen cierta incidencia y trascendencia en su tarea de oposición, habrán de sopesar la realización de trabajo legislativo con enfoque a los movimientos sociales. Esos que las mayorías legislativas repelen, minimizan y que encarnan auténticas reivindicaciones sociales que, hoy por hoy, nadie representa en el Congreso.

Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Maestro en Filosofía por la UNIVA. Actualmente es Director General de Canal 44 y Canal 31.2 de la Universidad de Guadalajara (UdeG); Institución en donde además ha ocupado los siguientes cargos: Vicerrector General Ejecutivo, Rector del Centro Universitario de la Ciénaga, Director General de Medios UdeG y fundador de la Licenciatura en Periodismo. Es Presidente del Consejo Consultivo de Notimex y Vocal Propietario ante la Junta de Gobierno de la agencia de noticias del Estado mexicano. Y recientemente fue nombrado director de la Asociación de Televisiones Educativas y Culturales Iberoamericanas, ATEI. Twitter: Gabriel_TorresE

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Gabriel Torres Espinoza

La Junta Preparatoria, de la ‘aplanadora’ Legislativa

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Gabriel Torres Espinoza

El día de hoy ocurrirá la ‘Junta Preparatoria’ de la próxima LXIII legislatura. Se elegirá la presidencia de la mesa directiva (acordada ya para Movimiento Ciudadano) y se entregará la Junta de Coordinación Política a Morena. Una legislatura para la segunda mitad del periodo del primer gobernador emanado de las filas de Movimiento Ciudadano (MC). Un congreso que perfila, nuevamente, una coalición legislativa (la ‘aplanadora’) entre el partido en el gobierno (MC) y el PAN.

Con especial acierto, Jorge Luis Borges, sostenía que la democracia “es un abuso de la estadística” una “superstición basada en la estadística”. Efectivamente, en democracia, las leyes que rigen la dinámica funcional entre los poderes y órganos constitucionalmente autónomos, se aprueban precisamente bajo consensos aprobados por mayoría. De forma que la aritmética es el principio rector del consenso democrático —mismo que, a su vez, se constituye como la herramienta por excelencia para la conciliación racional y civilizada de los intereses agregados en una sociedad democrática—. Aunque la democracia implica el gobierno de las mayorías, es bien sabido que ello supone, necesariamente, el pleno respeto, protección y tutela de las minorías. Pero no toda ‘minoría’ tiene las mismas facultades de control constitucional al poder.

El principal problema de los partidos políticos (mayoritarios y minoritarios) y de las democracias representativas, es precisamente que, cuando obtienen representación en los congresos, parecen NO representar a sus electores, ni a las expectativas de las más sentidas reivindicaciones sociales. De forma que ‘el pueblo’ no se identifica con ellos, a pesar de haber votado mayoritariamente a sus candidatos. Así lo acreditan sistemáticamente todos los estudios de “Latinobarómetro”, que establecen los pírricos niveles de consenso, aprobación, credibilidad y confianza a los partidos políticos, diputados y de la democracia en sí.

Bien podría decirse que la asignatura pendiente de la representación política en el Congreso, en lo que respecta a los partidos políticos (mayoritarios y minoritarios), tiene que ver con la conciliación del binomio ‘representación’ política [que deriva de un principio netamente democrático y electivo] con ‘representatividad’ política [respecto de la identificación con causas y movimientos sociales, con ideas políticas o las reivindicaciones que cada partido dijo buscar durante la campaña].

El gran problema en Jalisco y México, es que los partidos políticos, al llegar al Congreso, parecen NO representar a nadie —aunque las elecciones los unjan con legitimidad democrática y mayoría, y luego la usen como ‘aplanadora’ para las más impopulares causas legislativas—. Los partidos minoritarios, a luz de los hechos, han sido apenas ‘partidos satélites’ que, con base en una suma de componendas, ‘comercian’ su representación política al partido mayoritario en turno, a efectos de sumarles los diputad@s que requiere el proceso legislativo.

De forma que, para ser relevantes, los nuevos partidos minoritarios podrían, precisamente, representar tanto 1) las causas sociales no abanderadas de las minorías, como 2) las demandas sociales que no encuentran eco en los partidos mayoritarios en el Congreso.

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Gabriel Torres Espinoza

La reforma eléctrica ¿necesaria?

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Gabriel Torres Espinoza

El pasado 5 de octubre, fue presentada, por el presidente de la República, la iniciativa de reforma constitucional en materia eléctrica que modifica los artículos 25, 27 y 28 de la Carta Magna. Sin duda, el contenido vigente y propuesto representan el lindero de dos posicionamientos ideológicos: ‘liberalización’ y ‘aperturismo’ versus ‘estatalización’ —que no expropiación— y ‘proteccionismo’ del sistema eléctrico nacional.

Debe decirse que la participación del Estado en el sector eléctrico de un país no es fenómeno atípico sino ampliamente generalizado en el Mundo —con independencia del régimen económico de un país: privatista-capitalista, estatista-marxista o mixto—. De acuerdo con la OCDE (2018), la participación pública (estatal) en la capacidad eléctrica instalada, a nivel global, asciende al 62%; mientras que apenas el 38% pertenece al sector privado. De forma que 32 de las 50 mayores empresas eléctricas del Orbe tienen una participación pública preponderante. La más paradigmática es, definitivamente, la Électricité de France (EDF), en donde el Estado galo conserva el 84% de sus acciones. De acuerdo con la iniciativa del Ejecutivo Federal, actualmente, la CFE participa con el 38% de la generación eléctrica del país, y la reforma pretende que este porcentaje ascienda, al menos, en un 54% —aún por debajo de la media internacional que es de 62%—. Como reconoce el Banco Mundial “no hay soluciones universales [en la materia] (…) las reformas del sector de la energía eléctrica son un medio para alcanzar un fin. Lo que importa en definitiva son los buenos resultados del sector y puede haber diferentes maneras de conseguirlos. Entre los sectores de energía eléctrica con mejor desempeño en el mundo en desarrollo se encuentran [también] los (…) servicios de energía eléctrica estatales predominantes y competentes”.

Se sostiene también que la reforma constitucional planteada promueve la generación eléctrica derivada combustibles contaminantes, para así sepultar las ‘energías limpias’. Bueno, pues de acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (AIE), tan sólo el 16% de la generación eléctrica del Planeta proviene de fuentes renovables. Por su parte, de acuerdo con el Banco Mundial, el 65.2% de la producción de energía eléctrica en el Orbe se genera a partir de fuentes de petróleo, gas y carbón, en donde destacan porcentajes altísimos, en este tenor, en países del llamado ‘Primer Mundo’: en Emiratos Árabes Unidos —donde se encuentra Dubai—, el 99.8% deviene de ‘energías sucias’; en Hong Kong, el 99.7%; en Singapur, el 96.9%; en Australia, el 86.4%; y, en Países Bajos, el 82.2% —por mencionar tan sólo unos ejemplos—.

En efecto, el mayor problema de la reforma eléctrica vigente de Peña Nieto es que, a todas luces, incumplió con su principal promesa social: bajar el precio de las tarifas de electricidad. De igual forma, la ‘liberalización’ del sector no resultó ser más que el pretexto discursivo de una ávida sed de corrupción. Como botón de muestra de lo anterior, de acuerdo con la Encuesta de Delitos Económicos 2015 —teniendo en vigor la reforma de 2013 que se pretende derogar—, realizada por PricewaterhouseCoopers (PwC), el sector energético fue reportado como el segundo sector más corrupto de la economía mexicana.

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Gabriel Torres Espinoza

Debe estar el INAI, ¿en inexorable enclaustramiento?

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Gabriel Torres Espinoza

En días pasados, comisionados del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), fueron invitados por las Fuerzas Armadas del Estado Mexicano, a hacer un recorrido por el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles. Al final del recorrido, los comisionados hicieron declaraciones sorprendidos por la magnitud de la obra. Probablemente exageraron un tanto, y tal vez la cortesía de sus declaraciones, pudo ser observada como imprudente, debido al momento de polarización del país.

De modo que esto derivó en una polémica y una crítica, que siempre resulta sana. No obstante, llegar al punto de concluir que este acto “violentó”, “comprometió” y “renunció” a la autonomía constitucional del órgano garante nacional, no es sino el resultado de ese análisis cargado de fobias y filias. Acudir a una visita, por invitación de las fuerzas armadas nacionales, no vulnera de modo alguno la autonomía constitucional del INAI.

Asumir por esto, semejante absurdo, es torcer los hechos para querer concluir que, la autonomía constitucional del INAI, debe ser el inexorable enclaustramiento y abandono oficinesco de un órgano de Estado. De forma que, bajo este razonamiento, la independencia de los comisionados del INAI, frente al poder, no se acredita en sus resoluciones, lineamientos, ni criterios, sino en el resguardo ascético del espacio burocrático, tal monje tibetano.

Por ejemplo, en la ceremonia de juramentación, del cargo de presidente de los Estados Unidos, se estila apoyar la mano sobre una Biblia. Seguramente bajo este rasero de análisis, inmediatamente denunciarían la violación del carácter laico de la Unión Americana. O bien, que en el anual ‘discurso del estado de la Unión’, de aquel país, se encuentran sentados en la primera fila los jueces de la Corte Suprema —porque señalarían irritados, con dedo flamígero, la inexistencia en la imparcialidad de la justicia—. Más aún, se sorprenderían al ver que este mensaje del presidente de los E.E.U.U. es interrumpido en varias ocasiones, por extensos aplausos de pie por republicanos y demócratas —y en un par de ocasiones por los miembros de la Corte Suprema—, de forma que supondrían también que eso trastocaría la independencia del Legislativo y Judicial, frente al Ejecutivo.

La autonomía constitucional del INAI no se pierde, ni se sitúa en riesgo por la portación de un chaleco en color lila en esta visita —que no lo compraron sus comisionados, sino que se los pusieron a su ingreso—, ni tampoco por expresiones de franco alago a esta obra. La cortesía, frente al anfitrión, ni quita lo valiente, ni lo autónomo o independiente. Los más elementales protocolos de cordialidad, respeto y reconocimiento acontecen, con normalidad cívica, en cualquier República. Que bueno que en el INAI se observen. La autonomía del INAI, en todo caso, debe justipreciarse en sus resoluciones al momento de tutelar el acceso a la información, como lo ha hecho hasta ahora. Como dato: de 2018 a la fecha, el INAI ha resuelto el 68.9% de los recursos de revisión a favor del ciudadano, en solicitudes de información a la Sedena, y tan sólo en el 11% de los casos le ha dado la razón a esta Secretaría. Por el INAI hablan, claramente, los resultados.

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