
Por Violeta Moreno.
La regidora morenista de Tlajomulco, Lulú Barrera, protagonizó otro de los episodios más bochornosos y políticamente infantiles durante el evento organizado por el Comité Ejecutivo Nacional de Morena en ese municipio.
Recordemos que en la visita a Jalisco en meses recientes de la Dra Claudia Sheimbaum se tuvo que disfrazar de enfermera para poder ingresar al evento y fue exhibida.
Sin embargo, al darse cuenta de que el salón lucía lleno y que el proceso avanzaba sin contratiempos, decidió presentarse apresuradamente para alcanzar registro y no quedarse fuera del evento político.
Los asistentes que arribaron puntualmente siguieron el protocolo establecido, ocupando lugares conforme iban ingresando al recinto. Posteriormente, tras la entrega de reconocimientos, únicamente se eligió a un número reducido de participantes para un nombramiento simbólico de consejeros, con el objetivo de agilizar el evento y evitar prolongarlo innecesariamente.

En la imagen Jorge Barrera, padre de la regidora Lourdes Barrera.
Pero lejos de informarse sobre la mecánica del encuentro, Lulú Barrera reaccionó con desorden y desesperación política victimizándose. Parte de su equipo comenzó a señalar supuestas “irregularidades” en un proceso que ni siquiera correspondía a la integración de un comité municipal, sino únicamente al nombramiento de consejeros, derecho que tenían todos los asistentes.
La escena más incómoda ocurrió cuando la presidenta de Morena en Jalisco, la Dra. Érika Pérez García, caminaba saludando cordialmente a los presentes. En ese momento fue interceptada por un grupo de personas y particularmente el padre de la regidora, quienes comenzaron a reclamarle airadamente.
El asunto se alteró más cuando el padre de Lulú Barrera, quien señalaba insistentemente con el dedo índice a la dirigente estatal, llegando incluso a tocarle y golpearle su hombro mientras le reclamaba supuestas anomalías ejerciendo violencia de género y a pesar del momento tenso y totalmente fuera de lugar, Érika Pérez García con educación mantuvo la calma, la prudencia y la compostura.
Al interior de Morena, cada vez son más las voces que consideran que Lulú Barrera carece de oficio político y experiencia para manejar escenarios partidistas básicos. Lo ocurrido en Tlajomulco terminó exhibiendo más improvisación, desesperación y protagonismo que liderazgo.
Para muchos asistentes, la regidora simplemente volvió a hacer el “oso” en un evento de relevancia menor, dejando en evidencia que antes de intentar encabezar disputas internas, quizá debería comenzar por entender cómo funcionan los propios procesos de su partido.
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