
Por Manuel Gutiérrez
Madrid tiene sabor de París, pero con el idioma español. Cada ciudad es diferente, pero la referencia del destino romántico, soñado de una capital es París; pero qué tal si en España, su capital te ofrece muchas de las mismas cosas, aunque diferentes, y te brinda una ciudad de ensoñación, que sigue siendo la favorita de Hispanoamérica.
Es bastante grande, pero conserva muchos atractivos de arte, cultura e historia; tiene palacios, tiene una Gran Vía que exuda cosmopolitismo, elegancia, museos extraordinarios como el del Prado o el Thyssen-Bornemisza, para los que buscan plástica de renombre. Es una ciudad en la que finalmente te sientes a gusto, quizá por el idioma. En compras, las ofertas de las tiendas de perfumes y cosméticos son dignas de considerarse.
Para muchos, Madrid se considera de clima frío predominante, pero su verano es caluroso; su rival principal es Barcelona, no solo en fútbol sino en la disputa por los visitantes. Madrid no tiene mar, como tampoco lo tiene París. Pero encuentras una ciudad barroca, neoclásica por momentos, sede de un imperio anterior al francés de alcance mundial, y de una arquitectura religiosa abundante y prodigiosa en diseño, en acabados de buen gusto o en uso de láminas de oro; y tiene esta ciudad un enorme acervo de arte religioso en el que Cristos y la Virgen María, principalmente, son representados con enorme calidad.
Madrid sí tiene un palacio efectivo ocupado por un rey borbónico de dinastía, Felipe VI, incluso como París, muestras donadas de Egipto, como el Templo de Debod, que se añadieron con toda dignidad a la capital de España. Parques verdes, limpios, plenos de color, como el Retiro, Patrimonio Mundial por la UNESCO, con su estanque y el Palacio de Cristal; la Plaza Mayor rebosa de vida y gastronomía. Recorrer la Gran Vía es ineludible en Madrid, con una valiosa y variada arquitectura, con la Puerta del Sol y su famoso kilómetro cero, así como la Catedral de la Almudena.
Y la Gran Vía te llevará a la Fuente de Cibeles, tan digna y bella como cualquiera de Italia o Francia, y la Puerta de Alcalá de Carlos III, creada en el siglo XVIII. Parques diversos engalanan esta ciudad sede del Real Madrid, el equipo más importante del mundo en cuanto a fútbol, y muchos desean la visita al Bernabéu. Pero es una ciudad que crece, que aspira a desarrollar, sobre todo al norte, nuevos atractivos que serán magnéticos en atracción de los visitantes, pero con el sello del lujo y la exclusividad actuales en todo su esplendor.
El Greco y Goya, así como Velázquez, custodian con sus cuadros un patrimonio original, inevitable y parte del sabor de Madrid; pero la diferencia de esta ciudad es que te sientes en casa, otras urbes europeas te deslumbran, pero se sienten ajenas. Desde el legendario bar de Perico Chicote, es una ciudad que vibra. Sobre todo porque es el nervio político del país, en el que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha sabido convertir a su ciudad en un centro de atención mundial, desde asuntos con el premio Nobel, o planteamientos audaces de renovación y de calidad de vida. Porque eso es lo esencial, es una ciudad en la que hay tantos rincones dignos de admirar.
La visita a la Plaza de las Ventas, por su historia en el arte taurino, con su imponente presencia y sobre todo con las esculturas taurinas exteriores, la de Manolete, pero sobre todo la impresionante en tríptico del matador José Cubero, o el monumento de Antonio Bienvenida; todo el conjunto, pese a la embestida contra la fiesta, resulta un recinto sobresaliente en el que caben casi 28 mil espectadores, lo cual en cuanto a número no impresiona (la Plaza México es mayor cuando funcionaba, porque se cerraron las corridas en esta administración). El arte taurino sigue vivo en España, y su alcance no termina. Ciertamente las nuevas figuras no son divinizadas o leyendas vivas, pero tampoco se les ignora.
Vendrán tiempos mejores para esa gran plaza. Después de todo, la fórmula de su éxito turístico fueron el cine, las estrellas musicales, los toros, los curas, incluso las cofradías de Semana Santa. Incluso los bikinis, que el caudillo Francisco Franco aceptó en sus playas, anticipándose a Europa para atraer visitantes al verano español. El resultado es un atractivo turístico que no cede, que da muchos recursos a este país, que logra más visitantes que otros destinos. La proximidad de ciudades medievales como Toledo, el Alcázar, Zaragoza, y otras poblaciones de gran interés, redondea el atractivo de pasear por España.
Si bien el Valle de los Caídos ha sido tomado como obra ideológica más que un sello de reunificación nacional, este monumento forma parte de los atractivos que tiene la capital en forma cercana. Ojalá y se le respete y se le aproveche, porque si la Sagrada Familia en Barcelona es por sí misma un imán turístico, el Valle ofrece arquitectura, solemnidad y una cruz monumental que intenta abrazar a todos. Pero aún queda mucho de la pasión doctrinaria de izquierdas-derechas, no solo en los políticos en los que Isabel Díaz Ayuso dejó evidencia de preparación, elegancia en el decir y contenido en sus exposiciones en la malograda y saboteada visita a México.
Aun pese al millón de muertos, la sangre española se apresta a manchar las calles por motivos de ideología, y de ahí que partieran ataques mientras Ayuso se cuidaba de las ofensivas mañaneras de la Sheinbaum, cuyo celo sorprende, porque una presidenta de comunidad ha logrado ser más figura mundial que ella misma. No dudaría que Ayuso sea capaz de llegar más lejos, pese a las zancadillas de los furibundos de los partidos de izquierda, en una caída libre del gobierno de Pedro Sánchez entre corrupción; pero definitivamente es más congruente que los izquierdosos que nos gobiernan en México. Porque no pretenden acabar con España, pese al encono con que plantean sus ataques personales.
Eso es parte de una capital política, como en todas partes. Y se percibe esa inquietud, desde las derechas a la gama de izquierdas, pero ahora la confrontación es política, verbal y mucho más productiva que la que tenemos en México. España no es un estado fallido en seguridad, tampoco lo es en soberanía, que ha defendido incluso contra Trump, y en solidaridad con la OTAN y con Ucrania. Por ello ahora comprendo por qué muchos de mis amigos gustan algunos días al año refugiarse en Madrid.
Y uno de ellos me dio la idea: “Es como París, pero en tu idioma; hay jardines, palacios, museos y una vida vibrante de día y de noche, y aun en invierno”. Lo cierto es que es un escaparate muy llamativo del estilo español; y en el flamenco hay muchos sitios para verlo con la calidad necesaria, con la perfección y pasión de ese baile, en un hipnótico taconeo agotador y altamente expresivo. Para muchos la puerta del continente o la vía de salida, pero afortunadamente Madrid tiene mucho con qué hacer sentir que es una capital inolvidable, parte del concierto de ciudades europeas que vale la pena conocer.
Solo que la próxima vez pediré un autógrafo de Ayuso, e incluso una disculpa de los mexicanos que sabemos quién fue Hernán Cortés, la civilizadora labor de España y la tristeza de la bajeza política que no supo respetar; y eso resonó en todas partes. Una visita inteligente, pero de opiniones diferentes; en fin, una quemada más de las tantas que acumula la Internacional Socialista con su versión 4T.
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