Por Manuel Gutiérrez
Javier Milei, el presidente de Argentina, es un tipo listo o no sería presidente. Como un pacto “espiritual y moral”, ha decidido abrir la puerta de Argentina a diversos proyectos de desarrollo que otorgan el paso a la Patagonia y a diversos proyectos que unirán los intereses económicos de Israel con Argentina.
La medida no se inició con Milei, porque gobiernos anteriores de todos los signos iniciaron ese acercamiento, para que entre ambos países haya una relación muy cordial. Pero Milei no se limita a verlo como un proyecto económico, sino como una alianza a largo plazo.
De esta manera, el gobierno de Netanyahu y el de Milei —el primero con marcado repudio mundial por su expansión bélica, el exterminio en la región de Gaza de los palestinos, el crecimiento territorial de Israel, y los bloqueos y ataques como si fueran terroristas a los voluntarios de diversas nacionalidades que han buscado ayudar a los palestinos a no morir de hambre o por falta de medicamentos—.
Esos maltratos generaron notas diplomáticas de protesta de toda Europa. Enlace Judío, incluso, comentó como un renacimiento de antisemitismo los festejos de España por la Copa Mundial de fútbol, dado que, entre 2 millones de personas, un grupo reducido llevó una manta reivindicando los derechos humanos de Gaza. Eso es perder la realidad y ver sin proporción el tema para victimizarse por parte de Israel.
En realidad, los judíos han ganado militarmente en sus aventuras, pero han ocasionado una percepción natural de reprobación a sus acciones contra los civiles palestinos, lo cual dista de una campaña con otras intenciones; pero así están las cosas, incluso en el interior de Israel, en que hay grupos pacifistas que no aprueban las políticas de extrema derecha de Netanyahu.
En el caso argentino, a raíz de su pasión por el fútbol, por fricciones de aficionados, declaraciones de periodistas pasionales y estúpidos, y simplemente por la exageración que el tema provoca, hay cierta tendencia a rechazar a Argentina como país, derivándose de prejuicios futboleros o de idiosincrasia, por su concepción del mundo cuando tienen el mismo origen de Hispanoamérica.
Sin embargo, Milei va más lejos: lo que busca es el apoyo del Poder Mundial. Por eso, para él es una alianza que encierra temas más profundos que la mera inversión inmobiliaria o la creación de empresas de Israel en su país; busca fortalecerse.
Por ello firmó los Acuerdos de Isaac. Esto abre una necesidad de aclaración histórica, porque previamente en Camp David, en Washington, se firmaron los Acuerdos de Abraham, que se establecieron para lograr acuerdos de paz con Egipto y otros países árabes.
Abraham es el padre de los judíos, pero también de los árabes. Por eso los Acuerdos de Isaac, porque fue el hijo tardío concedido al patriarca dentro de su linaje y consanguinidad; por tanto, los convenios con Argentina son de hijos del pueblo hebreo con los argentinos. Pero quitemos las sombras conspiranoicas al asunto y tratemos de analizar qué es lo que ocurre.
LOS ACUERDOS DE ISAAC
Los dos países trabajarán conjuntamente en forma bilateral para fortalecer su alianza. La presencia de Israel también afecta el panorama geopolítico de la región, sobre todo para los estados populistas, dado el pacto de Israel y Estados Unidos existente desde siempre.
La idea de ambos es mantenerse alineados de manera políticamente correcta con Occidente.
Pero aquí empieza lo bueno, aunque es algo natural: se trabajará en ciberseguridad (Israel creó sistemas de espionaje electrónico avanzado como Pegasus, comprado y aplicado en México), en tecnologías avanzadas, así como en el tema de inteligencia artificial y en el tema de desarrollo de defensa, dado que Israel es un proveedor y comerciante intensivo de productos militares avanzados y convencionales.
Otro aspecto que enmarca los Acuerdos de Isaac es leve, pero simboliza mucho: Argentina mudó su Embajada a Jerusalén. Esto implica un reconocimiento absoluto de la política exterior del país de la estrella de seis puntas, ya que todas las embajadas, a excepción de la de Estados Unidos, están en Tel Aviv. Es un reconocimiento a los derechos históricos y posicionamientos de los judíos por parte de Milei; esto genera decepción para sus relaciones con los árabes.
Otro punto crítico: la alianza con Israel automáticamente afecta a Irán, un tema delicado para los argentinos porque sufrieron atentados en la embajada judía en 1992. Ahora tendrán una efectiva vigilancia de la presencia de posibles extremistas vinculados con Irán en su zona.
Los acuerdos son muy amplios y se desconoce si tendrán letras chiquitas. Incluyen agrotecnología vital para Argentina como generador de alimentos por su fértil suelo; también Israel, que por habitar un árido desierto maneja la preservación del agua, lo que aplicará en las zonas áridas de Argentina.
En este tema del agua se ha avanzado mucho: Mekorot es la empresa estatal judía que maneja el recurso en su país, pero ahora seis provincias argentinas —y pueden aumentar más— han firmado convenios que incluyen el manejo del agua de la zona de la Patagonia, que comenzó a abrirse desde administraciones anteriores; no es solo Milei. Zonas de la Patagonia como Río Negro y Chubut ya tienen proyectos de manejo de cuencas, desalinización y eficiencia en redes de riego.
Sin embargo, aquí está parte del asunto punzante para un sector de Argentina. Organizaciones políticas y ambientalistas deseaban conservar como reserva mundial la región de la Patagonia, una especie de Canadá en el sur, con enormes recursos forestales, hídricos, minerales, fauna y flora preservada en la zona, por lo que se teme que esto pueda abrir el camino a concesiones mineras y agroindustriales que puedan privatizar los recursos de la nación Argentina.
No necesariamente privatizar significa un riesgo si se tiene un Estado inteligente, pronto a vigilar el manejo y cuidado de los recursos naturales, con un nacionalismo sano y sensato.
Esta región ya ha atraído a grandes inversionistas de Inglaterra, Estados Unidos, incluso de Emiratos Árabes y de Europa, que han adquirido grandes extensiones.
Milei agilizó la Ley de Tierras para flexibilizar la llegada de fondos de inversión y de compra de propiedades de Israel o de cualquiera, lo que presenta un fenómeno de presencia de israelíes en los campos privado y de negocios inmobiliarios, y de otras nacionalidades en forma preeminente.
En realidad, no se trata del Estado de Israel como adquirente. Pero la realidad puede más: los jóvenes judíos, luego del servicio militar, fluyen en forma constante a Bariloche o El Bolsón, zonas turísticas invernales; pero esto ha generado algunas fricciones con los nativos, y muchos consideran que son expediciones de orden militar para reconocimiento de la región, y dan al asunto un rasgo de invasión o de ocupación con una retórica que apela a argumentos contra los judíos con carencia de justificación en relación a los Acuerdos de Isaac. Y con lo pasionales que son, no es de dudarse que los argentinos argumenten leyendas negras de Israel en el pasado.
Lo cierto es que Argentina se alineó con Israel y le dio la llave de Sudamérica. Ahora, sin ser catastrofistas, es un simple caso de apertura a la inversión extranjera, en espera de que logren el desarrollo y una consolidación económica.
La Patagonia inevitablemente tendría que ser abierta, y su interés mundial ya era percibido desde fines del siglo XIX y XX. Muchos gobiernos, con fines de mantener la independencia o los recursos naturales intactos, buscaron cerrar el camino a esas zonas; pero eso te aísla, bloquea el crecimiento e impide el progreso. Brasil lo está haciendo con el Amazonas, con gran riesgo ambiental para el mundo, pero quiere estancias ganaderas, agroindustria y agua, y sus centros urbanos siguen creciendo.
Pero en el mundo actual es de dudarse que sea una decisión a la ligera. Milei solamente reconoció un hecho y buscó darle, en su convenio con Israel, un acento propio.
De alguna manera, también en lograr que se considere que es amigo de los intereses judíos en todo sentido le beneficiará políticamente por encima de sus errores, porque será bien visto a nivel internacional y puede alcanzar un mejor posicionamiento argentino en el plano exterior.
La apuesta por tanto es muy alta: Argentina se asoció con Israel de manera directa y completa. Otros países, incluso México, han comerciado con Israel, pero Milei no se reservó nada en aras de vender algo tan atractivo como la Patagonia, con el plan de desarrollar con el apoyo judío a su país. Comerciar es un acto natural de nuestro tiempo y todos lo hacen entre todos.
Muchos lo juzgan como una entrega contra el interés albiceleste. Eso no puede afirmarse, porque este tipo de convenios se celebran en diversos lugares del mundo que indudablemente le abrirán el camino de generación de recursos y desarrollo; pero la alianza la llevó a un pacto político, lo que beneficia a Israel en todo sentido y de alguna forma a Argentina, que sigue con reivindicaciones como las Malvinas, aún en el fútbol.
Deberían ver las Malvinas como enfocan los Acuerdos de Isaac, pero el problema ahí es la ocupación, la pérdida de soberanía y la presencia militar inglesa para retener el lugar. No se está negociando como estados soberanos, sino que un estado pirata niega reconocer los derechos ajenos para lograr una forma de coexistencia, lo que en cambio ocurre con Israel con la región de la Patagonia y otras del país en que dos estados con soberanía pactan. En comparación, la Patagonia vale miles de veces más en todo sentido que las Malvinas, pero es una decisión de su gobierno.
Lo curioso es que son capaces de llegar a una guerra por las apartadas Malvinas, que se dice son ricas en recursos minerales y probable petróleo, pero por otro lado abrieron su mayor reserva, la Patagonia, lo que para muchos enfoques es una concesión al colonialismo y lo presentan como una invasión consentida, dentro del discurso de izquierda que ve en ello temores de una era nada propicia al populismo de izquierda, pero tal vez suplantado por uno de derecha.
Fue una maniobra realista y Milei sabe el motivo de su preferencia por Israel porque sí conoce su historia.
Les puede salir bien y ambas partes quedar ampliamente satisfechas, pero a futuro será otro factor de peso en las decisiones políticas internas de su país; aunque inicia como un pacto tecnológico-económico exclusivamente, sí implica un acercamiento ideológico con Israel y de afinidad de ambos estados.
De alguna manera ambos países se fusionarán por la convivencia inevitable, pero son de personalidades muy fuertes.
Israel adolece de ser intolerante con los pueblos originarios como el caso palestino, pero ha cimentado convenios de paz con muchos pueblos árabes por conveniencia o simplemente porque Israel es una isla en un mar de habitantes árabes y ha sabido contenerse con Egipto o Jordania y otros países; de hecho, su expansión es por el lado de los vecinos más inestables y débiles como Líbano, Gaza y Siria, en el deseo de neutralizar el poder militar de Irán, una vez eliminado el poder de Saddam Hussein en Irak.
Milei con esa decisión será recordado: el problema es si como héroe desarrollador o como el que abrió la puerta a una presencia invasiva que desplazará a los argentinos.
Pero NO se contempla la migración masiva de los judíos a Argentina; es un país con acuerdos que genera migración técnica o selectiva, incluso una forma de vida de menos estrés que vivir en el Medio Oriente y en el desierto, lo que puede tentar a muchos colonos de Israel a mudarse.
Esos son los Acuerdos de Isaac, pero no se sabe en qué sentido por ahora tendrán efectos: puede ser una genialidad o un pacto nefasto, pero el tiempo será el que descorra los velos. Todo el mundo tiene colonias judías que se han asimilado a la cultura local sin perder la suya, como un fenómeno histórico de migración, sin que sea un factor contra el desarrollo nacional de cada país.
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