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La amenaza del presidente Donald Trump de caracterizar a los cárteles mexicanos del narco –se supone que todos– como terroristas tendría un efecto adverso dentro del territorio estadunidense que sólo se pudiera prever como un infierno violento y criminal.
Si los principales cárteles mexicanos devienen en terroristas, entonces la cacería de sus estructuras tendría que sentirse al interior de los EE. UU. donde las organizaciones mexicanas controlan el mercado de venta al menudeo de droga. Por que ello querría decir las secciones estadunidenses de los cárteles mexicanos también serían abatidos.
El efecto sería desastroso: la interrupción del flujo de droga en las comunidades adictas –10% oficial, hasta 30% no permanente– que verían suspendido su abasto. Y en los EE. UU. se tiene probado que el aumento en los precios de las drogas en las calles o su disminución en la disponibilidad en el mercado callejero deriva en incremento de la delincuencia: drogadictos comienzan a asaltar y asesinar a personas de la tercera edad y familias para conseguir dinero, suben robos a tiendas y gasolineras y transeúntes para cubrir precios de las drogas y desde luego los motines de adictos exigiendo sus dosis para permanecer en la tranquilidad.
En este sentido, a lo mejor sería bueno alentar a los EE. UU. a declarar terroristas a cárteles de la droga porque con ello aumentaría la decisión mexicana de combatir siembra, flujo y contrabando de drogas y con ello habría un desbasto dentro de los EE. UU. Eso sí, esta estrategia necesitaría de una gran operación social-policiaca-militar en México para impedir que la droga que no vaya a los EE. UU. se quede en México como consumo.
De todos modos, el procedimiento legal para llegar al punto de la declaración de terroristas a cárteles tendría que pasar por un complejo camino legal que contaron el embajador en la ONU Juan Ramón de la Fuente y el investigador Pablo Arrocha (https://www.eluniversal.com.mx/opinion/juan-ramon-de-la-fuente/narcotrafico-no-es-terrorismo), contando además con la intervención del Congreso.
Y la parte más grave del asunto estaría en la decisión de la Casa Blanca de movilizar tropas a México para perseguir cárteles, pero sin contar con el permiso mexicano, lo que llevaría a una situación simple de invasión extranjera que debiera estar precedida de una declaración formal de guerra.
La diplomacia mexicana ha estado por debajo de las necesidades estratégicas del Estado y no ha sabido construir un discurso integral –con excepción del texto de De la Fuente– y menos ha sabido elaborar una narrativa circunstancial para desactivar preocupaciones. El sólo hecho de que el canciller mexicano Marcelo Ebrard Casaubón haya abierto conversaciones directas con la Casa Blanca ha sido interpretado por la sociedad como una forma de darle veracidad a las amenazas de Trump, pero sin pasar por las explicaciones de que es imposible en las relaciones bilaterales.
La Casa Blanca y el Departamento de Estado tienen todo el derecho de caracterizar a los cárteles mexicanos como terroristas, pero sería sólo una decisión retórica y de ciertos castigos procedimentales en materia de relaciones diplomáticas. Durante años las FARC de Colombia fueron calificadas de terroristas y nunca hubo decisión alguna de los EE. UU. para invadir Colombia y sus relaciones militares por narcotráfico se basaron en acuerdos formales y no en una invasión militar masiva.
La amenaza de Trump pudiera resumirse en la intención de reanudar el modelo de colaboración a la colombiana que firmó el presidente Calderón el 30 de junio del 2008 con el presidente Bush Jr. y extendida por el presidente Obama y conocida como Iniciativa Mérida, diseñada para ofrecer cooperación con aumento de asesores estadunidenses militares y de inteligencia y la entrega de equipamiento en desuso. Buena parte del aumento del crimen organizado en México fue producto del fracaso de esa Iniciativa. Este acuerdo estuvo en medio de la ofensiva integral de todas las fuerzas de seguridad contra cárteles en diciembre de 2006 y el Acuerdo integral de seguridad con todas las fuerzas sociales y policías del Estado firmado en agosto de 2008 como consecuencia del secuestro y asesinato de Fernando Martí.
En todo caso, la estrategia del gobierno de Trump radica en reactivar la Iniciativa Mérida y la guerra contra los cárteles en México, aunque su problema mayor es –de acuerdo con documentos de la DEA– la presencia de delegaciones de esos cárteles mexicanos en las principales ciudades de los EE. UU. Es decir, que el problema de la droga en los EE. UU. es interno, aunque usan lo externo como maniobra de distracción.

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Política para dummies: La política es la capacidad de argumentación sostenible en la realidad para encarar agresiones.

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Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Fin del outsourcing: clase obrera o regreso al sindicalismo charro-CTM

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Carlos Ramírez*

Además del efecto del fin del outsourcing en el aumento del valor de la producción por el costo laboral directo en los precios de bienes y servicios, parece que no se ha considerado otro impacto también directo: la necesidad de organizaciones sindicales de los trabajadores dentro de las unidades productivas y la reactivación del derecho de huelga como instrumento obrero de negociación directa.

El modelo de contratación fuera de las empresas quitó el peso de negociar con los sindicatos, aun ahora organizados bajo el modelo de Fidel Velázquez en la CTM desde 1941, justo al terminar el sexenio del presidente Cárdenas que había potenciado la organización de los trabajadores dentro del partido del Estado –entonces Partido de la Revolución Mexicana– para construir un bloque de poder posrevolucionario.

El modelo de Cárdenas tuvo un defecto intencionado (tesis de Arnaldo Córdova) que disminuyó la potencialidad política de los sindicatos: organizar a los trabajadores como masa política de apoyo al Estado y no como claseproletaria productiva. En este sentido, los sindicatos cetemistas dejaron de servir a los intereses de los obreros y pasaron a ser instrumentos del Estado y el PRI-gobierno para apuntalar el modelo social posrevolucionario.

Al pasar los trabajadores a ser contratados fuera de las empresas, su poder sindical se redujo a cero. Ahora que regresan a las nóminas directas de las empresas, el principal desafío será identificar los tres espacios del trabajador: los obreros defendiendo de manera directa sus salarios ante los empresarios, el resurgimiento del sindicalismo como necesidad de frente interno productivo y la función de los liderazgos sindicales como intermediarios ante el Estado y su nuevo partido en el poder.

Así, los escenarios son pocos: reconstruir el modelo cardenista de clase obrera como masa al servicio del gobierno en turno y su partido, propiciar la reactivación de la clase obrera como clase política y por tanto revolucionaria o regresar al modelo CTM de sindicatos y lideres obreros vendidos al mejor postor, incluyendo a los patrones, el vigente sindicalismo charro

Cualquiera que sea el camino, el fin del outsourcing tendrá un efecto de costos en la producción por el encarecimiento de producción vía pago directo de salarios y prestaciones reales y un impacto político en la correlación de fuerzas sociales. La idea del presidente Cárdenas fue convertir al PNR de Elías Calles en el Partido de la Revolución Mexicana y someter a la clase trabajadora a la disciplina del partido en el poder como pilar corporativo del partido-régimen. Pero el modelo fue desactivado por el proyecto neoliberal del presidente Carlos Salinas de Gortari con el Tratado de 1994 y después desaparecido con el outsourcing que sacó a los trabajadores de las empresas productivas vía contratación tercerizada.

Al regresar a la contratación directa por parte de las empresas, ahora tendrá que aclararse el papel de los trabajadores frente al patrón: los modelos de sindicalismo blanco manejado por patrones como propuesta del empresariado de Monterrey y de sindicalismo charro de la CTM para que los líderes sindicales se sometieran a los deseos del empresario estarían en el escenario de corto plazo, sobre todo porque todos los liderazgos sindicales actuales vienen de la escuela política de Fidel Velázquez.

En este sentido, a la decisión de penalizar el outsourcing debe seguir la decisión de liberar a los trabajadores para construir organizaciones sindicales ajenas a los cargos públicos, a los intereses patronales y al sometimiento al partido en turno en el poder. Pero si bien se percibe este paso, entonces habrá un impacto adicional del nuevo sindicalismo al servicio de los obreros al luchar por mejores salarios, prestaciones y niveles de vida y no sólo ajustarse a las condiciones de salarios que no pagan bienestar, sino que compran fuerza de trabajo.

Dejar a los trabajadores sin outsourcing y sin reglas de organización sindical, implicará abandonarlos a nuevas condiciones de sometimiento de lideres amafiados con empresarios para seguir explotando a los trabajadores como masa y no como clase.

 

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Política para dummies: La política es el camino para organizar a la sociedad para beneficio social o para explotación esclavizante.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Los dilemas de la 4-T: transición pactada o transición revolucionaria

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Carlos Ramírez*

Al terminar el primer tercio del sexenio autodenominado como de Cuarta Transformación (4-T), cuando menos tres pendientes fundamentales requieren de una solución inmediata: definir si es transición pactada o una rupturarevolucionaria, reformar la Constitución para perfilar las características del nuevo Estado y construir sus aliados de clase frente a la resistencia empresarial.

Lo que ha quedado claro estos dos años ha sido la certeza de que no puede haber transformación de sistema/régimen/Estado con los actores del viejo modelo de funcionamiento político de la estructura de poder del PRI, del PAN y del PRD.

Pero en estos dos años se ha visto que la 4-T carece de pensamiento político nuevo, de liderazgos ideológicos sólidos y de bases-clases sociales reorganizadas. La desaparición del modelo de contratación por outsourcing o subcontratación, por ejemplo, exige de manera previa la construcción de un sindicalismo de clase militante, ideológico y articulado a un partido de clases. Ahí, y sólo ahí, se podría entender la reforma como parte de una 4-T; sin embargo, parece que seguirá el viejo sindicalismo modelo CTM ya liquidado, sin dinamismo, sin ideología y subexplotador de la clase obrera desideologizada y diríase que hasta lobotomizada.

Los dos primeros años del sexenio se han aprovechado para realizar reformas en acto de comportamientos del régimen priísta, pero sin aterrizar en nuevas prácticas más nerviosas en lo político, ideológico y productivo. Los avances en lucha contra la corrupción han dado recursos adicionales al presupuesto, pero no han modificado las relaciones de poder ni de producción. Sin la reorganización de las clases productivas funcionales al proyecto de la 4-T, las posibilidades del sexenio se irán desinflando en crisis sucesivas de expectativas.

El papel clave del segundo tercio del sexenio estará en Morena, aún movimiento de movimientos, de manera peligrosa en la orilla de la tribalización y pieza apetitosa para el viejo priísmo representado por Porfirio Muñoz Ledo, el gran maestro del trapecio ideológico regresivo. Morena tardó el renovar su dirigencia, perdió tiempo político histórico con la trivial presidencia de Yeidckol Polevnsky y está obligando a Mario Delgado a construirsobre la marcha un verdadero partido de clases y de masas.

Las elecciones del 6 de junio del año próximo definirán el destino histórico de Morena: una estructura de distribución del poder entre tribus o un partido político de bases sociales activas en lo ideológico y dinamizadas por proyectos y no por programas asistencialistas. La principal tarea partidista será reorganizar las clases productivas en un esfuerzo similar –y por tanto mayor– al del presidente Lázaro Cárdenas cuando configuró las clases productivas en sectores-pilares del Partido de la Revolución Mexicana.

La política práctica, la política de masas y la política de sistema se mueve por la organización de clases; los movimientos de masas sólo apuntalan decisiones, pero no deciden estructuras. Y la reorganización del PRI con el apoyo del PAN, el PRD y el sector privado se presenta como el adversario histórico de la 4-T.

En este sentido, a la 4-T le ha llegado la hora decisiva de requerimientos básicos: un verdadero partido político de masas y de clases, un cuerpo ideológico integrado de política de desarrollo y una reforma integral del Estado para liquidar el viejo orden económico creado por el neoliberalismo salinista. Sin estas condiciones, la 4-T quedaría atrapada en las contradicciones de los juegos palaciegos y callejeros del poder y el 2024 podría regresar el viejo priísmo muñozledista del oportunismo demagógico disfrazado de corriente critica 2.0… y pirata.

Y si se quiere encontrar un camino novedoso entre la transición pactada o la ruptura revolucionaria, casos similares encontraron el camino de la ruptura pactada.

 

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Política para dummies: La política se define por las grandes decisiones, no por las pequeñas sumas de justificaciones.

 

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Neoliberalismo salinista incrustado en sistema, régimen, Estado y Constitución

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Carlos Ramírez*

A comienzos del próximo año la editorial Indicador Político publicará –en versión impresa y digital– el libro La contrarrevolución neoliberal de Carlos Salinas de Gortari para ilustrar la forma en que se transitó del Estado social de la Revolución Mexicana al Estado neoliberal de mercado. El ciclo va de del Plan Global de Desarrollo 1980-1982 al Tratado de Comercio Libre de 1994.

Los tecnócratas que llegaron a la Secretaría de Programación y Presupuesto a mediados de 1979 tuvieron la tarea de fijar un viraje neoliberal al proyecto social del Estado, reformar la Constitución para definir al Estado autónomo de los compromisos sociales y convertir al PRI en el aparato electoral del nuevo proyecto de liberalismo social.

En quince años ese grupo modificó el sistema político, el régimen de gobierno, el Estado constitucional y la cultura histórica mexicana con respecto a los EE. UU. y a la propia historia nacional para cambiar los artículos constitucionales que fueron consolidación legal de las banderas de la Revolución Mexicana. El proyecto salinista iría de 1979 a 2006 con la continuidad presidencial de De la Madrid, Salinas de Gortari, Luis Donaldo Colosio y Ernesto Zedillo.

El asesinato de Colosio rompió el proceso salinista, aunque dejó latente el modelo neoliberal salinista sin Salinas de Gortari hasta 2018: Zedillo profundizó la reforma neoliberal del Estado, Vicente Fox llevó a Hacienda Francisco Gil Díaz que era el jefe de los Chicago boys mexicanos o técnicos neoliberales friedmanianos incrustados en Banco de México, Comercio y Hacienda, Calderón mantuvo el rumbo con Agustín Carstens –nada menos que subgerente general del FMI— como titular de Hacienda y Banxico y Peña Nieto garantizó con Luis Videgaray Caso la presencia de otro de los ideólogos del neoliberalismo salinista: Pedro Aspe Armella. Los cuatrojinetes del neoliberalismo salinista fueron Joseph-Marie Córdoba Montoya, Gil Díaz, Aspe y Jaime Serra Puche.

La contrarrevolución neoliberal de Salinas de Gortari modificó no sólo la estructura del poder para entronizar una nueva forma de presidencialismo autoritario, sino que cambio el discurso histórico de la Revolución Mexicana y desensambló la estructura de clases en el partido del gobierno que había creado el presidente Cárdenas para garantizar la vigencia del proyecto revolucionario en fase ya de posrevolución. Asimismo, articuló su propiaplutocracia al privatizar las empresas públicas para construir una nueva clase empresarial con Carlos Slim Helú al frente con el regalo de Telmex. Y el punto culminante estaba en la reconstrucción del PRI con Colosio para sustituir a las bases sociales posrevolucionarias con la clientela de Pronasol.

El modelo neoliberal interno quedó atado –y muy bien atado– con el Tratado de Comercio Libre que subordinó la economía, el Estado y el sistema productivo mexicanos a las necesidades de los EE. UU., sin un modelo de desarrollo con capacidad para competir con los nuevos socios comerciales. Por eso el TCL propició una desindustrialización nacional y bajó la partición de partes mexicanas en la exportación de 59% en 1993 a 37%en 2018.

Si la 4-T no fija la meta de desmantelar la contrarrevolución neoliberal de Salinas de Gortari y reconstruir un Estado social de clases con minuciosidad sistémica, sus alcances serán limitados y no podrá crear el modelo de desarrollo con distribución de la riqueza social que se ha fijado como tema de modelo posneoliberal.

 

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Homenaje a Ruth Bader Ginsburg. En un acto simbólico, la Suprema Corte de México rindió homenaje a la Mrs. Justice Bader Ginsburg, de la Corte Suprema de los EE. UU., recientemente fallecida. En la XVII edición de la Feria Internacional del Libro Jurídico la ministra Margarita Ríos Farjat, la periodista y académica estadounidense Linda Greenhouse, Fabiana Tena Estrada, Coordinadora de Asesores de la Presidencia de la SCJN y Ana María Ibarra, directora del Centro de Estudios Constitucionales de la Corte dialogaron sobre la figura de la jueza y su libro My own Words. El legado de Bader Ginsburg fue a favor de la mujer y la justicia progresista.

 

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Política para dummies: La política puede desandar lo desandado, si se quiere.

 

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