
Por: Amaury Sánchez
Dicen que en los cuentos de hadas el bueno siempre vence al malo. Pues en México no necesitamos varita mágica ni hada madrina: nos basta con un par de Panam bien puestos para patear traseros multinacionales.
Resulta que mientras medio mundo se pone nervioso por los tenis de la nueva Barbie guerrillera o el último modelo “Air Loquesea” de Nike, aquí en México, el David de las fábricas de calzado, Panam, se puso sus tenis blancos, apretó las agujetas, y dijo: “¡A mí me respetan!”
Sí, queridos lectores, en plena era de las guerras comerciales y los lloriqueos de los millonarios que ahora sí sienten feo porque China les ganó el Monopoly, nosotros tenemos nuestro propio héroe de goma, lona y suela antiderrapante.
¿Se acuerdan cuando ir a la primaria sin tus Panam era como llegar sin tareas? ¡Vergüenza nacional! La maestra de deportes te veía feo, tus compañeros te juzgaban en silencio y hasta la directora sacaba su reglamento. Pues bien, esos mismos tenis —que además servían para correr, brincar, patear la lata y, en casos extremos, defenderte de un bully— sobrevivieron a la invasión de Nike, Adidas y Puma, que querían dejarnos con puras marcas gringas y precios que costaban media quincena.
Pero Panam dijo no. No a los comerciales de 20 minutos con atletas que ni conocen México. No a los tenis que se rompen más rápido que las promesas de campaña. No al logotipo de palomita que, dicho sea de paso, le plagió descaradamente el diseño. ¡Que no se hagan!
Hoy Panam vende millones de pares, da chamba a 450 mil mexicanos, abre tiendas en Estados Unidos (para que vean lo que es amor propio) y hasta hace ediciones especiales de colección. ¡Que se cuide Kanye West con sus Yeezy! Aquí las Panam edición “Metro Pantitlán a hora pico” seguro serían un hitazo.
Y mientras los empresarios gringos lloran porque China les comió el mandado y ahora México también saca músculo, nosotros decimos: si antes el complejo era que “lo extranjero es mejor”, ahora gritamos con orgullo: ¡Hecho en México, pateando traseros desde 1962!
Así que ya lo saben: la próxima vez que vean unos Panam, no los vean como “los tenis de la primaria”. Véanoslos como lo que son: el símbolo nacional de que aquí también sabemos luchar, resistir… y ganar.
¡Pónganse los Panam y vámonos recio!
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