Por Manuel Gutiérrez
Ucrania lleva cuatro navidades bajo la guerra, convirtiendo los campos blancos en rojos. La tragedia continúa en tanto los dados son lanzados por ambos bandos, buscando victorias. La noche debería ser de paz, pero desde hace cuatro años nadie duerme tranquilamente en Rusia y mucho menos en Ucrania, donde sigue el castigo con misiles y drones contra ciudades y civiles inermes, aunque en ambos países los feligreses salieron a festejar la misa de gallo y el nacimiento.
En un episodio de guerra sintética, el general Fanil Sarvarov, jefe de la Dirección de Entrenamiento Operacional del Estado Mayor de las Fuerzas de Rusia, murió durante la explosión de un coche bomba. En México diríamos que fue un accidente ocurrido a un carro cargado de explosivos que pasaba por ahí, como le gusta justificar a la presidencia, pero fue en realidad un acto premeditado de eliminación mediante un recurso de terrorismo dirigido. Pero quién puede saber si no es una eliminación rusa que se adjudique a Ucrania; así es la guerra secreta, en la que se aparenta la culpabilidad y el agente real es otro.
Este es el tercer general asesinado en lo que va de este nefasto año de guerra, y la investigación incluye como sospechosos a los servicios secretos de Ucrania. Previamente, el primero de diciembre, otro carro cargado de explosivos explotó intencionalmente, dirigido a un destacado científico del Instituto de Investigación Stelmaj Polius, proveedor de soluciones de ROSTEC, el grupo de alta tecnología militar para desarrollar telémetros láser, así como aparatos para misiles. El científico se salvó circunstancialmente del atentado.
Mientras tanto, en las iglesias ortodoxas los dos bandos concurren en busca de auxilio espiritual: los rusos buscan el apoyo moral a la invasión y a la expansión de Rusia, prometiendo un retorno a una moralidad estricta e intolerante, en tanto se fomenta un ultranacionalismo ruso de conquista. Paradójicamente, los mismos ritos, pero con un enfoque diferente, ocurren en Ucrania, donde la Iglesia está metida a fondo con la causa patriótica de su país, apoyando la lucha por la independencia absoluta y esperando encontrar formas de vida más modernas que les permitan vivir al estilo europeo sin perder la identidad. Las ceremonias fueron con toda la pompa, como si no hubiera guerra; es algo surrealista, pero importante.
Lo curioso es que ambas iglesias, doctrinalmente iguales aunque con aplicaciones diferentes, no se atacan entre ellas ni se descalifican, pero son el sustento espiritual de sus fuerzas combatientes, con puntos de vista irreductibles.
LA GUERRA DE LOS BUQUES PETROLEROS
La guerra naval ya no se limita al Mar Negro, que Ucrania ha logrado mantener. Los drones navales, incluso aéreos, han ampliado su campo de acción, y Ucrania detectó que la flota fantasma de Putin es una manera de financiar su guerra con la venta de petróleo por medio de barcos con banderas ficticias, registros duplicados e incluso, en algunos casos, con participación en operaciones militares y uso de drones, así como tareas de espionaje en las costas de países europeos y otros lugares del mundo, con personal militar incluido y equipo de contacto con fuerzas rusas.
Ante ese panorama, la inteligencia de Ucrania decidió atacar buques petroleros que provengan o tengan la proa rumbo a Rusia. Es decir, la guerra ya pone en riesgo la navegación comercial en lugares distintos al Mar Negro, y eso va preferencialmente contra los barcos fantasma, pero la cosa no termina ahí.
Así, en el Mar Mediterráneo se produjo un ataque con drones al barco Qendil, que partió del puerto de Novorossiysk luego de transportar petróleo ruso. Este fue considerado un blanco legítimo y fue atacado a dos mil kilómetros de distancia de Ucrania, en el mar de Europa.
La operación se realizó aparentemente desde otro barco mercante, una flota fantasma replicada por Ucrania, que destacó un dron para atacar al barco al que estuvo siguiendo. El buque atacado se desvió bruscamente a Port Said, Egipto, al parecer con daños sufridos. Por fortuna, el barco estaba vacío en sus depósitos y no hubo derrame de petróleo. Los mares se han llenado de piratas de todos los colores, efecto lógico de una guerra que rebasa fronteras.
DESTRUIR LOS AVIONES BOMBARDEROS, PRIORIDAD
La cadena CNN informa de otro hecho sobresaliente de la campaña en este mes de diciembre. Ante los ataques a la infraestructura energética, ciudades y blancos civiles, Ucrania ha emprendido ataques a bases aéreas y plataformas de misiles, tanto en Crimea como en el sur de Rusia.
Como resultado, la inteligencia de Ucrania reportó la destrucción de dos cazabombarderos SU-30 en el aeródromo de Lipetsk, en el oeste de Rusia. Los asaltantes lograron retirarse, ya que planificaron los ataques y estudiaron los movimientos de patrullaje rusos.
Otras bases en Crimea fueron atacadas con drones de largo alcance. Dañaron severamente dos bombarderos SU-27 en la base de Belbek; uno de ellos estaba listo, con carga completa, para hacer una incursión contra Ucrania. Además, se agregó un MiG-31 con carga completa destruido.
Estos aviones lanzan bombas guiadas, por lo que era prioritario detenerlos. En esa base se repitió el ataque para destruir los equipos de radar y el sistema de defensa antiaéreo, lo que abre la posibilidad de alcanzarlos con aviones ucranianos con bajo riesgo. La defensa de Ucrania distribuyó fotos de los daños realizados.
Luego, los drones de Ucrania impactaron la terminal de petróleo de Tamanneftegaz, en la región rusa de Krasnodar. Golpearon un oleoducto, dos atracaderos y dañaron dos barcos en operaciones de carga, provocando incendios. Esta terminal es un centro activo de apoyo logístico en la guerra y de intercambio de petróleo.
Krasnodar aceptó y confirmó dichos ataques, indicando que ardieron mil metros cuadrados y que hubo daños en los muelles. Otro aeródromo militar, el de Saky, recibió los regalos de la temporada, con la confirmación de la destrucción de un bombardero SU-24. La dotación rusa actual, por las bajas sufridas, es menor a la mitad de los aviones de los que disponía en 2022. Rusia está mutilada como para arriesgarse a otra guerra más amplia, pero Putin tiene otros datos; ya saben cómo es eso.
Por ahora, la producción de aviones SU-24 está paralizada. Otro MiG-29 fue destruido, pero no con drones, sino mediante una operación de comando que se infiltró con ese fin y procedió a hacerlo explotar.
Sin embargo, la Navidad en Ucrania será marcada por salvajes oleadas de drones y misiles que Rusia obsequiará con motivo de los festejos, por lo que se han intensificado las medidas de defensa, así como los cuerpos de bomberos y rescatistas, según lo ordenó Zelensky. Tres días antes de Navidad y hasta esa fecha se intensifican los bombardeos en ciudades ucranianas.
Mientras tanto, en Miami, bajo las palmeras y el sol, los contendientes emiten planes de paz y condiciones que ninguna de las partes acepta, con la participación del viceministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Ryabkov. Ambas partes rechazan lo que consideran que conviene al otro lado; sin embargo, señalan que han avanzado en determinar alternativas de paz.
RETIRARSE A TIEMPO NO ES DERROTA
Fiel a su nueva estrategia, Ucrania consideró que había hecho suficiente en Siversk y ordenó a sus fuerzas retirarse ante la superioridad numérica y de armas de Rusia, que incluso ha usado caballos en sus ofensivas, lo que hace de esta guerra una paradoja entre lo antiguo, lo moderno y la guerra del mañana.
DW de Alemania indicó que la orden pretende proteger la vida de los combatientes. Este lugar se encuentra en Donetsk; es un poblado de diez mil habitantes en tiempos de paz, pero donde continúan combates intensos entre ruinas.
La táctica del “caldero” fue aplicada por Moscú a rajatabla, saturando la zona con equipos de asalto pequeños pero muy frecuentes, bajo condiciones meteorológicas difíciles. El mando ucraniano consideró que sería un derroche sacrificar a sus hombres y mujeres, por lo que ordenó una retirada planificada, luego de agotar al enemigo, que aseguran pagó un alto precio por el avance en este lugar.
Siversk, sin embargo, quedó dentro del alcance de la artillería ucraniana, y sus fuerzas se dispersaron a zonas que amenazan el aprovisionamiento ruso. Rusia considera que se abre camino a Sloviansk y Kramatorsk, batallas que se arrastran desde septiembre. Actualmente, Rusia ha logrado obtener el 19 % del territorio de Ucrania, a costa de miles de vidas humanas.
Rusia abusa de que nadie tiene experiencia en morir dos veces. Renueva unidades machacadas y envía tropas nuevas a un ritmo que parece inagotable, mientras Ucrania se redistribuye en extensiones desprotegidas, pero sigue acosando a los atacantes, que usan estrategias más convencionales en sus líneas de abastecimiento o prefieren emplear artillería sin miedo a causar bajas por fuego amigo.
Para los conceptos tradicionales de la milicia, la retirada significa victoria de la fuerza conquistadora, pero esto adquiere nuevos significados en esta guerra. Aquí se modifica el frente para sacar ventajas o dar contragolpes. El uso de caballos advierte a los especialistas que los recursos blindados se han agotado y que la presión de intentar el avance durante todo 2025 les está demandando demasiado.
La apariencia engaña en esta guerra, pero al menos Ucrania maneja a sus soldados como seres humanos y les da otra oportunidad de vivir y luchar otro día. Putin, en eso, parece inexorable e insensible, como aprendió de su maestro Stalin.
AMENAZA DE OTRA EXTENSIÓN DE GUERRA: LA SATELITAL
La guerra crece sin límites y parece tener imaginación propia. La OTAN, según la fuente de Gizmodo España, está preocupada por el desarrollo de una nueva arma para derribar los satélites de Starlink, que prestan valiosos servicios a Ucrania en vigilancia y comunicaciones. Estos satélites son de Elon Musk, quien coqueteó con Rusia, pero su rompimiento con Trump ocasionó que los pusiera al servicio de Ucrania, volviéndose abiertamente antirruso, como ahora es anti-Trump.
La idea es lanzar misiles con cargas de esquirlas múltiples de alta densidad para derribar los Starlink, pero el problema es que sería como disparar una escopeta en el espacio: las esquirlas podrían afectar otros satélites de diversas nacionalidades y con otros fines.
Incluso podrían averiar, por la falta de gravedad, a los mismos satélites rusos, pues todos están en órbitas cercanas y nada controlaría la mancha de esquirlas.
Si Rusia da este paso absurdo —aunque a algunos les parezca una genialidad—, estaríamos ante la primera guerra de satélites del siglo XXI. Las reacciones no se harían esperar. La Guerra de las Galaxias podría entrar en juego; el mundo peligra.
Esperemos que no. La cordura es cada vez más escasa en una guerra que pretende que solo sobreviva un contendiente, sin considerar los daños al planeta. Aun con acuerdos de paz, estos serían apenas una pausa para renovar fuerzas y lanzar otra ofensiva definitiva. Putin tiene obsesiones determinantes de imperio mundial, y los rusos parecen tener vocación para ello.
La ciencia ficción, como se ha dicho, es rebasada por la realidad. El problema es la falta de control de este tipo de misiles y sus efectos colaterales adversos. Imagínese una lluvia de residuos espaciales potencialmente peligrosos, resultado de esta demolición. Podrían perderse la comunicación, la navegación y la televisión mundial, así como la investigación científica dirigida a la Tierra o al exoespacio, porque de todo hay allá arriba, donde el cielo pierde lo azul.
Como en Tamaulipas, con los residuos de los cohetes de Elon Musk que caen en las playas de Tampico-Madero cuando explotan; por fortuna no han lesionado a nadie. Sería el colmo que esto se convirtiera en causa de defunción en otros lugares del mundo, por caerte un pedazo de Starlink o de Sputnik. Como si no tuviéramos ya el espacio repleto de basura, no tenemos remedio, y Marte encuentra aliados en su labor sin freno, haciendo roja la Navidad.
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