
Por Manuel Gutiérrez
No, no llegó en helicóptero, pero proverbialmente no es puntual. La reunión del Gabinete de Seguridad ya había comenzado, aunque sin Rosa Icela Rodríguez, la morenista encargada de Gobernación, nada menos.
Ya estaba ahí el General Ricardo Trevilla; carraspeaba y observaba su reloj. Mientras tanto, en otra esquina, “Batman” Omar García Harfuch hacía cuentas del montón de detenidos corruptos de los municipios de Morelos —entre ellos Cuautla—, lugar en el que puso en marcha su “operativo enjambre”.
Mientras, una dama de vestido rosa —que me recordó a Dolores Umbridge; como los de Morena no han leído Harry Potter y creen en otras fantasías, les diré que ella es sierva del Señor Tenebroso— viste de rosa permanente, pero el color de la ternura no le alcanza para ocultar su maldad. La otra sierva del Señor Tenebroso, incondicional en extremo, la no menos célebre Claudia Primera —la señora de la noche, de las tinieblas de Macuspana— ponía cara de vinagrillo, que son seres muy coléricos.
Una moto, tipo “moto ratona”, maniobraba en forma temeraria mientras la dama se agarraba como ajolote a punto de ser defenestrado al tóxico Xochimilco. La dama, con una casa de menos y con su vestido sastre, la verdad ofrecía una imagen inusual mientras hacía piruetas en la ciudad de los ajolotes morados.
Por fin llegó a Palacio y la dama en cuestión mostró su rostro ante los PM de guardia, quienes procedieron con el radio a anunciar su llegada y la saludaron con un gesto discreto de reconocimiento. En tanto, la dama, “quemando tacón” veloz y despeinada, era auxiliada para quitarse el enorme casco y corría a la sala de reuniones de Palacio para ver al enviado de Seguridad de Trump; o sea, era una reunión bien picuda.
Del motociclista no se sabe si era empleado o un repartidor de Didi secuestrado por la Ministra, pero tenían que llegar a la junta de cooperación fronteriza. Sin embargo, seguramente se le borró el casete viendo Valle Salvaje para entender, vigilando a Isabel Díaz Ayuso y a Maru Campos, las principales apariciones fantasmales que, con Hernán, asolan el Palacio y crispan a la “presidenta lado B”.
No era una de las reuniones habituales para nuevas mentiras que pudieran urdirse, como eso de que mejoró el índice de homicidios, el indicador de paz, la calidad del aire del Valle de México o, incluso, la reproducción del nuevo emblema nacional: el ajolote. Eran reuniones de seguridad, pero omitiendo el campo de exterminio con incinerador encontrado en Lagos de Moreno, Jalisco, en el que hay restos incinerados pero no se quiere “oficializar”. Se trata de otro trágico Rancho Izaguirre, como tantos que se han descubierto en el país: en Zacatecas, Michoacán, Veracruz o Tamaulipas. Pero son “campos de verano”; antes no dicen que son para prepararnos para el Mundial, todos ellos poblados por buenos sicarios devotos de San Judas y temerosos de la Ley de los Estados Unidos.
La dama desapareció dejando una estela de azufre a la vieja usanza de Tradiciones y Leyendas de la Colonia —como cuando el mismísimo chamuco se esfumaba— para irse a encontrar con los cerebros que manejan la seguridad entre México y su vecino del norte. Pero no podemos entrar: es secreto militar, secreto de Estado, secreto de Gobernación, secreto de confesión y secreto de un siglo por guardar lo que se delibera ahí, hasta que en la mañanera lo revelan todo torpemente entre cruces de Secretarios.
Dejemos a la Umbridge, Rosa Icela, con su rosa moto ratona. No imagino en la Unión Europea llegando así a Ursula von der Leyen; pero es México y, con tanto ajolote, pues Rosa Icela se confundió en su ruta al Palacio de Hernán Cortés. Imagínenla llegando así ante Isabel II; seguramente los ingleses se suicidan ante tanto desparpajo. Ups… de la Transformación.
Layda le puede prestar un Cartier —un reloj con números romanos, al menos la versión Santos— para que no llegue tarde la próxima vez, sobre todo porque ella prefiere la colección Panthère, porque el pueblo de Campeche la ama.
Sobrinos culpables de todo: La estrategia de Rafael Ojeda
En lo que se hunden los pilotos del Tren Maya o del reciente puente “Ni-chupe” (perdón por nuestro maya, pero no estaba en las opciones de mi plan de estudios) y la Guardia Nacional corretea al ingeniero Wilfrido —quien sigue con sus denuncias—, pasemos a ver el asunto de los también hundidos “sobrinos del bienestar” del tío malvado Rafael Ojeda. Ellos son Fernando Farías Laguna y Manuel Roberto.
La portada de El Universal del 23 de mayo muestra hacia dónde va la tendencia de la FGR: declarar que son culpables de todo. Incluso de los crímenes de tres marinos (uno de ellos oficial de alto grado) e incluso de una agente en Colima, Magaly Janet Nava Ramos, investigadora de la FGR en el asunto del huachicol y contrabandos diversos. En total, los crímenes sin resolver en los que apareció el oficial de la Marina, el contraalmirante Fernando Rubén Guerrero Alcántar —quien denunció el asunto del huachicol directamente con Ojeda y luego misteriosamente fue eliminado al ser enviado por el almirante Ojeda de vacaciones—, así como de los capitanes Abraham Jeremías Pérez Ramírez y Adrián Omar del Ángel Zúñiga, quienes denunciaron el asunto del huachicol y, como no aceptaron sobornos, entonces les dieron plomo.
Mientras tanto, buscan al misterioso operador, el capitán “Sol” (Miguel Ángel Solano Ruiz), quien sabe mucho de todas las operaciones de huachicol realizadas y cuya vida, sin duda, está en alto riesgo. Es un testigo de alto perfil; la pregunta es quién lo encontrará primero y cómo. Fernando, por su parte, ha aprendido a cantar tangos. Este candente asunto no termina, aunque en Palacio y en las mañaneras lo omitan.
Pero luego la FGR indicó que no tiene con qué sostener la imputación contra los Farías Laguna por la muerte del contraalmirante Guerrero Alcántar. La situación es de choque total. Los acusados sobrinos de Ojeda, los hermanos Farías Laguna —uno de ellos detenido en el penal del Altiplano y el otro en la República de Argentina—, fundaron su defensa en señalar que de arriba venía la responsabilidad criminal. Eso declararon ante Ramón Alberto Garza García, quien viajó a la cárcel argentina en la que se encuentran y expuso la nueva estrategia legal, la cual apunta a Ojeda y más arriba, tal vez a López Obrador.
La acción de los inculpados por estas testimoniales —aparte de haber sido exonerados en la mañanera— fue señalar que todos los crímenes fueron cometidos por órdenes de los Farías, con lo que revierten la acción. Con ello se rompe lo que ya estaba roto, y el “fuego pariental” está en todo su poder. El gobierno de la 4T está apoyando al anterior secretario de Marina por ahora, incluso con la alusión de inocencia por parte de “Batman”, quien parece ya un personaje de utilería del Palacio, declarando a favor de los que le indican.
Pero los datos no se están quedando en México, sobre todo los de Argentina. La defensa ha exigido acceso al expediente, el cual se les niega por ser “secreto militar”, ¡aja! Y las revelaciones van a surgir; con ello, ni con la bendición de Claudia se va a salvar nadie que tenga cuentas pendientes y que no pueda ir a Disneylandia.
Por eso, este número está en el Picadillo Circus: es de trapecio con triple salto mortal, sin red, y más de uno va a caer… y no en blandito.
Mucha atención, redoble de tambores y absoluto silencio, porque cualquier error puede generar una tragedia. Dice el director del show, que se acomoda su sombrero de hongo, se ajusta la chaqueta galonada dorada en fondo rojo intenso, con pantalón blanco de equitación y botas altas de charol, y ordena: “Miren arriba, no se pierdan nada de estos saltos a la máxima altura; sin red, alguien puede caer.
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