Por Manuel Gutiérrez
La saga de la invasión a Ucrania llegó al momento de plantear una situación que hace tres años era inconcebible: Rusia se hunde económicamente, pero aunque militarmente gane posiciones en la guerra, ya la perdió en muchos sentidos, y ni las mentiras de Putin de que son invulnerables, pegan, dice que “se ha diversificado Rusia sin depender tanto de la exportación de combustibles fósiles, que asegura que el Tesoro de Rusia, goza de una base ingresos fiable”.
Sin embargo, las cosas no son así. La economía de Rusia sufre una degradación creciente, por el tipo de interés alto, baja del rublo y adicionalmente, la inflación que los carcome en forma exagerada. La situación está presionando a Rusia a un punto insostenible.
Putin será doblado, a eso apuesta Trump, por las razones anteriores. Tendrá que aceptar las negociaciones, porque su economía se hunde.
¿Caerá del pedestal del poder Vladimir Putin, reelecto en forma fraudulenta en una elección de estado y acercándose a los treinta años de continuar en el poder?
La respuesta es que puede perder la negociación, puede sufrir un colapso militar o incluso ganar en el terreno de las armas o perder, la crisis económica puede ser una debacle,puede pasarle todo, pero: “NADIE PODRA DERRIBARLO DEL PODER”.
Sucede que Rusia por costumbre ha vivido una mecánica de política dictatorial, desde el momento en que arrojan al Zar Nicolas II, y entra Lenin, hasta la era del imperio soviético, que une por la fuerza un conglomerado de repúblicas – Y que es lo que intentaba hacer sumando a Ucrania, Moldavia y los países Bálticos, de no haber mediado la guerra-.
La forma de gobierno de Rusia siempre ha sido de un fuhrer, de un líder hombre fuerte que concentra el poder representativo del Congreso, que solamente ratifica lo que ordena, un poder judicial supeditado al gobierno, y un control de la sociedad, sin libertad de expresión, de asociación, o de información. Es tan cotidiano este sistema, que el ruso se siente incómodo ante los cambios que pueda presentar una democracia efectiva.
El ruso prefiere que decidan por él, que le marquen el camino aunque lo conduzcan al matadero de la guerra imperial, a la crisis económica. Todo por la grandeza de Rusia, en la narración, aunque la súper potencia este destruyendo a sí misma. El control de Putin es férreo, con la FBS vigilando todo movimiento individual o social, como antes lo hacía la KGB, lo políciaco es el sello de la casa.
Rusia puede gastar alegremente un 41% de su presupuesto nacional en armas y su formidable ejército, que alardea de nuevos misiles, tanques, incluso ha creado un submarino de tamaño descomunal denominado de la clase Arcángel, con misiles nucleares, del que ya tiene 3 ejemplares.
Mientras más grande, mejor piensan en sus diseños, dicen que tiene capacidad de soportar la presión de mil metros de profundidad, durar un larguísimo período sumergido y ser capaz de llevar una destrucción inigualable.
Putin, como político hace uso del recurso de la mentira, o de la verdad a medias, o de la información manipulada para convencer a su clientela. Dice por ejemplo que con todo y guerra tuvo un crecimiento del 1.7 del PIB en el 2024, en tanto que Estados Unidos lograba un 6.2% al igual que Francia, y 3.8% para Italia y Japón, incluso sobre Alemania que estuvo en crisis con 2.2% en una contracción severa, pero es una consecuencia temporal de su economía de guerra.
Rusia todavía obtiene ingresos por venta de gas, y petróleo por 12 mil millones de euros, lo que implica la red naviera fantasma y otros trucos para vender por medio de terceros sus productos, pero todos los expertos occidentales coinciden en afirmar que se está desmoronando.
La falta de derechos individuales, de asociación del pueblo ruso, en espacios que no sean los gubernamentales, hace que toleren las enormes bajas humanas y materiales de la guerra, y que silencien sus opiniones.
Pero las encuestas revelan, que para el ruso, si bien la guerra no es una solución buena o ideal el lograr volver a ser una Unión de Repúblicas bajo Putin, como Zar es una aspiración legítima y patriótica de los buenos rusos, de ser la súper potencia mundial.
Esa formación en un régimen rígido y disciplinario, así como militarista, con la idea de superioridad y conquista territorial,hacen que pese a los fracasos y el temor de ser integrado al sistema carcelario GULAG, que sigue operando, manteniendo presos políticos, y procediendo contra ciudadanos o periodistas inconformes, son el gran secreto de la raíz del poder de Putin.
Actualmente, el destinar 140 mil millones de euros, entre el 22 y el 2024, han conseguido ser un motor funcional de Rusia, pero la economía de guerra si bien reduce desempleo, da buenas cifras temporales de PIB, muestran que todo va a la baja, por detrás de los niveles de años pasados.
La presión social, aún con el férreo sistema, puede colapsar y causar descontentos sociales, a más tardar en el 2026. Las sanciones de 15 diversos paquetes los han alcanzado, sumando a las flotas paralelas de Rusia, y agregando empresas y personas vinculadas con el desarrollo industrial-militar, que se han elevado en sus alcances afectando más sus posibilidades.
Si bien la guerra les conviene a todos que termine, las posiciones de Rusia son irreductibles, no ceden en la negociación. Creen que la mesa es para finiquitar la conquista.
Los rusos en tanto pasan serios problemas para sustituir importaciones, muchas de ellas de final militar que les paralizan su productividad armamentista. Tiene que usar proveedores de menor calidad, o conseguir por medio de terceros, más caras las piezas vitales para mantener su mundo militar.
En tanto los bienes rusos decomisados comienzan a ser redestinados a Ucrania, en una cifra estimada a 45 mil millones de euros, de los cuales han recibido hasta ahora 3 mil millones, pero por fin las sanciones lo que atesoraron se han vuelto contra Rusia.
Ciertamente el dinero del Banco Central de Rusia está bloqueado, pero el acceso a repuestos, a alta tecnología, se volvió más caro y complejo, aunque todavía algunos consumidores europeos siguen comprándole a Rusia gaspero eso va a endurecerse más, con el trumpismo.
De alguna manera, las sanciones han causado reducciones. Pero Putin no negocia como una persona de una lógica normal. En una especie de Donald Trump, en ruso. Y su idea es que no puede entrar a la OTAN Ucrania, condición básica e indispensable; y que no devolverán la zona de Crimea, ni cambio de Kurks. Pero la necesidad y el tiempo pueden obligar a Rusia a tener que ceder en más de algunos de los puntos vitales.
Ucrania en tanto puede perder la guerra militarmente, porque los mayores recursos de Rusia se dejan sentir, pese a sus grandes bajas, porque no tiene la misma cantidad de población. Pero el hecho de haber resistido, de poder aspirar a unirse a la Unión Europea, así como la OTAN finalmente le darían el propósito buscando con la independencia de Rusia, y eso sería que ganara Ucrania.
Rusia entonces enfrenta un severo problema. Perder la economía y que la guerra no logre, los resultados buscados, que de ninguna manera podrán obtenerse. Rusia se metió en un callejón sin salida, al buscar la hegemonía y la resolución militar a como diera lugar. Los nuevos territorios en Crimea, resultarán demasiado costos, pese a que tienen tanto territorio en despoblado.
Por eso, en la jugada de Trump, invitó a las negociaciones de paz a China, que ve la oportunidad de competición comercial, lo mismo que aspira Brasil, parte esencial de los BRICS, que pueden modificar su apoyo a Rusia, dado que no regula ya las decisiones de este grupo. Rusia paso de fundador a un socio importante, nada más, pero no como regulador de esos países en sus planes económicos.
Un complejo panorama, del que saldrá raspada y herida la estructura rusa, pero aún así quedará la esperanza de recuperación bajo el mando de Putin, lo único que está garantizado en cuando este tenga vida para los intereses de Rusia. Los Ucranianos consideran que luego de un respiro de no más de 2 o 3 años, la guerra volverá de nuevo, porque Rusia no aceptará aunque les impongan condiciones, los resultados que no coincidan con sus expectativas, siempre imperiales.
Pero ese respiro, es algo que los dos contendientes reclaman ya, mientras tanto siguen dando el máximo esfuerzo en espera que el fin de la guerra sea próximo y sorprenda a todos con los territorios en su poder, con los mayores daños al adversario y ventajas militares posibles que les dan ganancias territoriales, y vuelta a empezar cuando puedan renovarse.
Putin, es un dirigente vitalicio, algo que no tiene Trump, sin duda, y dependerá de la visión de Putin, el aceptar o no los términos de los arreglos, al menos temporalmente aguardando nuevas condiciones propicias para insistir en el tema.
Ese es otro de los rasgos que los políticos occidentales no comprenden de las dictaduras: Ellos pueden persistir, pese a los fracasos y volver a intentarlo de una forma u otra, pero nunca desistir en sus propósitos: Moldavia, incluso ha quedado en la mira de desaparecer por los intereses de Rusia, que consideran que no debería existir, con todo y la simpatía mostrada por Fico, y todo se ha derivado de la oposición de Ucrania.
Bielorusia, optó por entregarse a Moscú como aliada total, y no resistirse. Lo que obtenga Ucrania, será la lección de aprendizaje sobre cómo actuar ante el poder zarista, si es posible ganarle, resistirlo y de derrotarlo en algunas formas, en tanto Rusia sabe que se desmorona y que tiene que hacer algo al respecto, como negociar alargando la negociación al extremo, y cediendo sólo en mínima parte, la saga continuará.
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que A Fondo Jalisco no se hace responsable de los mismos.








