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Por Carlos Ramírez*

La nominación de Alfonso Durazo Montaño para Sonora no fue una sorpresa. En consecuencia, su remplazo en la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana tampoco se sacará de la chistera. En los hechos, la estrategia, política y supervisión de la seguridad ha estado de manera directa en manos del presidente de la república… y así seguirá siendo.

La principal presión que ha resistido la estrategia presidencial ha sido la de los que proponen ofensivas contra capos y cárteles como una forma de desarticular el poder criminal. Sin embargo, como suele repetirlo de sí mismo, el presidente es muy necio: la acción violenta del Estado encuentra siempre una respuesta violenta y en la misma o mayor intensidad por parte de los grupos delictivos.

Durazo funcionó en esa lógica presidencial. Por eso le dedicó toda su atención a las estructuras jurídicas, operativas y de federalización de la seguridad. La Guardia Nacional tiene capacidad operativa para confrontar cárteles, pero a costa de reiniciar una guerra de muertos. Hasta ahora, la mayor parte de homicidios dolosos ha sido producto de la guerra entre bandas delictivas por el control de zonas territoriales.

No hay versiones de fondo sobre la estrategia presidencial, pero se puede inferir que existe la percepción gubernamental de que los cárteles tienen límites en su crecimiento como organización criminal y que suelen consolidarse cuando confrontan al Estado. Sin el Estado como adversario, la capacidad operativa de esos grupos entra en contradicciones consigo misma, se orienta contra otros grupos y esas guerras los debilitan. Es un enfoque de tipo naturalista que pudiera explicar una de las razones de la pasividad del Estado contra los cárteles.

Los liderazgos de los cárteles, además, necesitan confrontación para fortalecerse, a menos que sean corporaciones familiares como el cártel de El Chapo. Y aun ahí, la dinámica de la violencia como esencia natural de los criminales requiere de salidas violentas para despresurizarse. Al dejarlos sin el Estado como enemigo o adversario de fuerza armadas, entonces los liderazgos criminales pierden una de sus fuerzas dinamizadoras.

El cártel de El Chapo ha sobrevivido porque en los hechos no ha sido un grupo de violencia per se; la usa, con eficacia y sin escrúpulos, para defenderse; pero en la práctica el Chapo se dedicaba a su negocio de tráfico sin conquistas territoriales. En cambio, el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel de Santa Rosa de Lima tenían por esencia la conquista y la violencia contra otros grupos criminales. Y mientras el grupo del Chapo era familiar, los otros estaban basados en la lealtad de la violencia y de la sangre.

La salida de Durazo, en realidad, no va a implicar ningún golpe de timón ni ningún cambio en la estrategia de construcción de la paz o control del Estado para no generar violencia persiguiendo narcos. Ni el nuevo secretario conseguirá alguna autonomía del control presidencial que seguirá llevándose todos los días en la reunión en Palacio Nacional de 6 a 7 de la mañana. El perfil del gabinete ha sido de discreción y de reconocimiento al liderazgo presidencial.

Lo que debe analizarse y discutirse es si la estrategia de paz es la adecuada, pero ese debate no se dará dentro del gabinete sino en los grupos de observadores de seguridad.

 

Ley de la Omertá

Los primeros pasos en el juicio contra el secretario de Seguridad del gobierno de Felipe Calderón 2006-2012 podrían haber adelantado algunos indicios de la estrategia de defensa del acusado Genaro García Luna. Su punto de partida es frío y calculador: lo que obtendría a cambio de delatar cómplices y declararse culpable es poco con lo que pudiera lograr si se niega y se va a la pelea judicial. El escenario de la cadena perpetua aparece como amenaza, pero algunas versiones jurídicas señalan que García Luna no es un acusado como el Chapo como jefe operativo de un cártel criminal.

García Luna es un policía de carácter. Sus temores iniciales se han ido disipando con los meses en prisión. Sabe que la acusación en su contra tiene la ventaja de la fiscalía del Estado a la manera gringa en que no se necesitan demasiadas pruebas para sentenciarlo. Pero parte del hecho de que ya perdió, que pasará algún tiempo en prisión y que ve casi imposible salir libre por falta de pruebas.

El camino intermedio que le queda es el del colaboracionismo a medias: no entregar a Calderón ni a nadie de ese nivel, pero sí aportar datos de la estructura del crimen organizado en México y sus células en los EE. UU. y algunos otros datos que le sirvan a los grupos de la DEA en México para identificar complicidades gubernamentales y policiacas. Aunque tiene datos que nunca va a usar, el gobierno de los EE. UU. quiere engrosar los expedientes de la narcopolítica mexicana y la penetración del crimen organizado en grupos civiles de poder.

En los hechos, García Luna ya perdió. Y sólo le queda saber cuánto.

 

Zona Zero

• Vienen golpes sucesivos en Ciudad de México contra cárteles, aunque con la certeza de que no existe capacidad para terminar con el tráfico de drogas. Y hay datos de que se espera una ola de violencia criminal en la capital de la república como parte del reacomodo de los grupos delictivos. La principal preocupación de las autoridades radica en la sospecha de que el Cártel Jalisco Nueva Generación está más metido en CDMX más de lo que se supone y que tiene complicidades de poder en las alcaldías.

• Los empresarios Carlos Slim Helú y Ricardo Salinas Pliego andan medio preocupados por el hecho de que les abrieron en sus empresas muchos espacios a los cuadros de seguridad del gobierno que dejaron muchos pendientes, Slim con veteranos de la Federal de Seguridad donde laboro su hermano Julián y Salinas Pliego ya con los aliados de García Luna y Luis Cárdenas Palomino. Esos cuadros se llevaron a las empresas privadas a expolicías de esos grupos hoy perseguidos por la justicia.

El autor es director del Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.

seguridadydefensa@gmail.com

www.seguridadydefensa.mx

@carlosramirezh

Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Gabriel Torres Espinoza

¿A dónde irá el voto de castigo?

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Gabriel Torres Espinoza

El voto es un acto cargado de significados culturales, que refleja en su distribución costumbres, hábitos, preferencias, filias y (aquí lo importante) ¡fobias políticas!. Al sufragar se pueden expresar las lealtades político-electorales, clientelares, deseos e incluso expectativas. También se mezclan miedos y, en no pocas ocasiones, el mal humor social, mediante carga negativa. El sufragio es la expresión jurídica de la voluntad popular, mediante la cual el elector acude a buscar solución a sus problemas, a sus urgencias y da salida a sus emociones mediante filias o fobias.

En las elecciones cada vez está más presente el denominado ‘voto de castigo’ o ‘voto opositor’. Se constituye por esos ciudadanos que acuden a la cita con la urna, bajo la premisa de expresar rechazo, oposición, censura o malestar. Ocurre generalmente contra el partido que se encuentra en el gobierno, como consecuencia del desgaste por largos periodos de tiempo en el poder, o por el cúmulo de errores cometidos. Se trata de ese voto que lo mueve el hartazgo, el descontento, la inconformidad, el malestar e incluso la irritación social. Es parecido a un voto duro, pero a la inversa. Se trata de un porcentaje de electores que tienen muy claro por quién NO desean votar, debido a la percepción que, fundado o infundado, los votantes advierten del gobierno y sus resultados. Es ese sentimiento negativo, muy asociado a acciones y decisiones de gobierno. Se trata del voto derivado de la antipatía. Es, básicamente, un voto “en contra”.

De forma que resulta importante considerar que, la elección intermedia de 2021, será una ‘elección plebiscitaria’, tanto para el gobierno de López Obrador como para el de Alfaro. Parte del sufragio de esta siguiente elección será motivado por un ‘efecto arrastre’ de ambos gobiernos, toda vez que la aprobación de estos dos mandatarios supera el 40%. De acuerdo con Mitofsky, en diciembre de 2020, Alfaro marcaba una aprobación del 49.7%; mientras que en diciembre de 2020, según Mitofsky, López Obrador registra una aprobación en Jalisco del 43.2%. Considerando lo anterior, conviene destacar que el ‘voto de castigo’ o ‘voto opositor’ -indisociable en una elección intermedia- resulta ineludible o inevitable para aquellos que son gobierno: federal (Morena) y estatal (MC).

René Delgado señala que “los comicios electorales no sólo son oportunidades para elegir políticas, sino oportunidad, también, para castigar agravios” (René Delgado: ¿Democracia sin demócratas?).

De forma que la pregunta del millón es, ¿quién conseguirá el ‘voto de castigo’ o ‘voto opositor’?. De acuerdo con Reforma (diciembre de 2020), el segundo partido con mayor rechazo a nivel nacional, para la elección de diputados federales, es MORENA (16%), después del PRI (40%). En Jalisco este porcentaje podría ser mucho mayor para MC, que ha acumulado su propia carga negativa. Así que habrá un porcentaje -nada desdeñable- de electores inconformes que votarán en protesta, a favor de otro partido contendiente, que sea capaz de atender esa inconformidad. ¿Morena será capaz de captar el voto anti MC en Jalisco? ¿MC, podrá ser opción para los que rechazan a Morena? ¿Qué partidos podrán articular un discurso y propuesta, para estos electores inconformes?

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Gobierno

Gobernar es cosa seria y los jóvenes no han podido ni podrán hacerlo

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Horacio Villaseñor Manzanedo*

Lo que no tenemos y estamos deseando todos, en el Área Metropolitana de Guadalajara, es una ciudad segura, moderna, bella, limpia, con amplios espacios verdes, plazas y vías de circulación bien conservadas. Los gobiernos de la ciudad deberían asegurar estas condiciones con el objeto de posibilitar el progreso, el desarrollo y la prosperidad que es el sello de los tiempos modernos en otras ciudades del mundo. No es cierto que el crecimiento urbano o metropolitano y la falta de recursos económicos sea la razón por la que los ayuntamientos no pueden cumplir con sus obligaciones. En realidad, lo que falta es ingenio y aptitud para organizar la administración o las administraciones que se requieren en cada caso. La capacidad directiva es inexistente, falta gente con preparación y experiencia para generar valor público, no jóvenes activistas que le echan muchas ganas, muy trabajadores, entusiastas con mucha energía, “tiktokeros” simpáticos que en el ejercicio de la función pública han demostrado no poder solucionar ningún problema público relevante. La solución a los problemas generados por gobiernos incumplidos es mucho más sencilla de lo que parece. No es necesario cambiar leyes ni reglamentos. Los problemas, incluyendo la pandemia, no son el problema verdadero, lo que falta sencillamente es capacidad directiva para construir futuros deseables y enfrentar las dificultades diarias. Si los ayuntamientos no pueden lograr que el gasto ejercido sea la misma cantidad que el ingreso en el año; que alrededor del setenta por ciento del egreso global se utilice en los ramos de inversiones, construcciones, mantenimiento de los servicios públicos y servicios asistenciales, principalmente; que para el ramo de sueldos y salarios, no se gaste más de treinta por ciento del gasto total; que aumenten el patrimonio de la ciudad con la construcción de nuevas unidades deportivas, bibliotecas municipales, centros de desarrollo, registros civiles, cementerios, mercados, parques, edificios públicos, avenidas o la adquisición de terrenos; que paguen por anticipado las deudas heredadas, y; que con inteligencia y un manejo escrupuloso de los fondos públicos se haga posible la efectividad administrativa requerida para mejorar los servicios públicos municipales sin solicitar empréstito alguno, menos, mucho menos podrán producir o aportar algo de valor público para enfrentar la terrible pandemia que hoy vivimos. Los gobiernos del Área Metropolitana de Guadalajara, desde hace varias décadas, no han demostrado capacidad para solucionar ni reducir los peligros que la sociedad civil enfrenta diario en materia de seguridad y ahora de salud, se la han pasado haciendo tonterías, políticas públicas chafa enfocadas a la atención política clientelar, dejando de lado lo relevante, el desarrollo humano. Hay que fortalecer los aparatos institucionales y eso no lo puede hacer gente sin experiencia, la solución de fondo es un asunto de filosofía moral y administrativa, modelos funcionales, redes institucionales, desarrollo y empleo de talento humano. Lo que necesita la gestión pública del siglo XXI es aprovechar los cambios tecnológicos y crear nuevos puestos diseñados para el trabajo específicamente humano en función de necesidades sociales insatisfechas, pero con base en experiencia en el ejercicio de la función pública tradicional y, para ello, los jóvenes no han podido ni podrán hacerlo sin la colaboración de directivos públicos experimentados, las tan importantes crisis actuales requieren de soluciones muy rápidas, no hay tiempo para destinarlo a aprender a aprender. Gobernar es cosa seria, grata, un honor y fácil, si se tiene preparación y experiencia. Ni hablar.  

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Gobierno

Alfaro dice: ¿Yo? Reculo, y recula; que no habrá clases

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El 3 de diciembre, A fondo publicó en su sección Descontones, que regresa el próximo lunes, que no habría retorno a clases. Todos lo sabíamos, pero el gobernador Enrique Alfaro y sus malditas competencias con la federación se quiso hacer el muy uy uy y lo anunció. Hoy, como es ya costumbre, el gobernador anunció que no, que siempre, no, que dijo su dedote que siempre no, que mejor no hay retorno a clases para el 25 de enero.

Hoy viernes 15 de enero el gobernador acaba de anunciar que reculó de nuevo, -así es él- y esto publica Mural: “El Gobernador Enrique Alfaro dictó nuevas medidas para hacer frente a la pandemia de Covid-19, las cuales se aplicarán en los 125 municipios de Jalisco.

“Informó que debido al incremento de contagios y decesos por Covid-19 registrados en las últimas semanas, se tomó la decisión de que no haya regreso a clases presenciales.

“Lo digo con un enorme pesar porque, como muchos padres de familia, yo también soy consciente de la urgencia que tenemos de que los niños, los jóvenes, regresen a clases presenciales”, dijo Alfaro a través de un mensaje virtual desde sus cuentas de redes sociales.

“En este momento hemos determinado que no hay condiciones (sic) para el regreso a las clases presenciales hasta nuevo aviso”.

Yo ya no voy a decir nada más. El mandatario, resulta que ¡se manda solo! Pero sí dejo esto que publicamos en Descontones el 3 de diciembre: “PERO ¿QUÉ NECESIDAD?: HAY VUELTA A CLASES, ¡OPCIONAL!

“En Casa Jalisco ya dieron la orden de que los niños regresan a aulas el 25 de enero cuando habrá registro del rebrote de Covid-19. La SEP ya dijo que no reanuda clases, la UNAM ya prolongó hasta el 31 de marzo la suspensión, pero para “salvar colegios” el gobernador Enrique Alfaro dijo que en Jalisco sí habrá regreso.

“Dos cosas busca Enrique Alfaro: aplausos nacionales en su loca competencia con la 4T y que la economía de los colegios funcione. Pues no, estas últimas son urgencias pero nada es más importante que la salud y la vida de nuestros niños…

“…Bueno, no creemos que haya tal reapertura, y si la hay, que les vaya bien. Como dijo el filósofo de Juárez-Michoacán: ¿Pero qué necesidad? ¿Para qué tanto problema?”

Todos lo sabíamos, todos, menos él y su bola de inútiles.

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