Por Laura Gutiérrez Franco
La crisis del Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA) ha cruzado la línea roja del descuido administrativo para convertirse en una emergencia de infraestructura que amenaza la viabilidad de Guadalajara.
Tras años de oídos sordos y gestiones que prefirieron mirar hacia otro lado, como la de Carlos Torres Lugo y recientemente la de Antonio Juárez Trueba, el cambio en la dirección general es la última carta de la administración del gobernador Pablo Lemus para intentar recuperar la confianza ciudadana.
El nombre de Ismael Jáuregui Castañeda como nuevo Director General del SIAPA aparece en el momento más crítico. No recibe una institución funcional, sino una entidad financieramente quebrada y técnicamente colapsada. La duda que persiste entre los tapatíos no es gratuita: durante décadas se nos ha cobrado por un servicio que hoy entrega “agua puerca” en al menos 138 colonias, mientras el dinero parece haberse esfumado en una burocracia ineficiente y falta de visión técnica.
El daño que el SIAPA le ha causado a la ciudad es profundo y se manifiesta con especial violencia durante el temporal de lluvias. Al tener una red hidráulica desvencijada, como bien señaló Antonio Lancaster-Jones, coordinador del Consejo de Industriales Jalisco, el sistema ya no cumple su función básica.
Fue el líder de los industriales quien puso el dedo en la llaga al calcular que se requerirían, por lo menos, 50,000 millones de pesos para arreglar toda la catástrofe hidráulica de la metrópoli. Esa cifra no es una promesa de gobierno, es el tamaño del “bache” que nos heredaron administraciones que no invirtieron un peso en el subsuelo.
Las tuberías, particularmente en el Centro Histórico, han superado por mucho su vida útil, convirtiéndose en una red de fugas donde se pierde casi el 40% del agua potable. Pero el problema no termina bajo tierra. El descuido en los colectores provoca que cada lluvia se convierta en una pesadilla de inundaciones y socavones. Es inaceptable que los ciudadanos paguemos puntualmente y recibamos a cambio calles que se hunden y aguas negras que brotan en los hogares.
Por ello, la exigencia de una auditoría interna profunda, total y pública es innegociable. Si el SIAPA está quebrado, queremos saber qué hicieron con el dinero durante todos estos años. ¿En qué se lo gastaron si las tuberías se están deshaciendo? No se puede hablar de un “rescate” real si no se expone primero la realidad financiera de la institución sin esconder nada.
Existe la confianza en que Pablo Lemus, con su perfil ejecutivo, sí logre este rescate. Sin embargo, si la estructura actual del SIAPA ya no tiene remedio o si la burocracia impide avanzar, se debe considerar seriamente la apertura a opciones privadas. Si el gobierno no puede garantizar el líquido vital, se debe dar paso a empresas privadas que den el servicio con eficiencia y calidad. El tiempo de las promesas se acabó; Guadalajara ya no aguanta más simulaciones. Queremos agua cristalina y la queremos ya.
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