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Tiempo Nuevo

El debate al que prendió fuego inicial el presidente Andrés Manuel López Obrador parece tener la potencia para incendiar la sacrosanta catedral de nuestra madre de todas las leyes.

Para formalizar la terminación de la “perniciosa” reforma educativa construida por el PRI y sus aliados en el sexenio pasado es necesaria otra reforma constitucional, dicen los adversarios y algunos amigos y cercanos del detentado del poder nacional.

La reforma promovida durante el sexenio pasado es considerada “punitiva” por sus detractores, a ambos lados del oficialismo priista de entonces, desde las filas del gordillismo o desde la CNTE, dicen quienes defienden las convenciones.

El Presidente, dicen sus críticos, no puede suspender la vigencia de un acuerdo constitucional.

¿Puede el poder hacer sentir su ley o puede la ley hacer sentir su poder?

Al estilo del presidencialismo estadounidense, López Obrador reta con que las cosas se pueden resolver -cuando se atoran o es demasiado lento el proceso legislativo- con documentos administrativos que tienen el impacto concreto de nulificar ciertos acuerdos y/o contraindicaciones que provengan de las mayorías adversarias en los cuerpos legislativos.

Mandatarios como Bill Clinton y Obama, por ejemplo, acudieron al expediente de gobernar con una especie de “decretos” que les posibilitó deshacerse de mayorías adversarias a las cuales se calificó de “obstruccionistas”.

Es interesante que en contraste con el más reciente mandatario demócrata, AMLO tiene poder, popularidad, mayoría en la representación popular y su partido aumentará en las elecciones por venir el número de entidades gobernadas bajo la franquicia de Morena.

Todo al mismo tiempo… y sin tiempo para esperar porque, dice el político tabasqueño, hay que hacer dos sexenios en uno.

El presidente López Obrador instruyó a las Secretarías de Educación Pública, de Gobernación y de Hacienda y Crédito Público suspender los efectos de la “mal llamada” reforma educativa que unió en contra de ella a tiros y troyanos del escenario político que han sido sustituidos aplastantemente por un incipiente nuevo régimen.

La argumentación del memorándum que incendió la pradera de las buenas conciencias constitucionales es inicial y fundamentalmente calificativa en el sentido de que descarta la validez de la reforma educativa situándola en el entorno “neoliberal” generador de “pobreza, violencia, corrupción y malestar social”.

La prensa amiga y enemiga hace notar que el Presidente podría estar ante un grave error, básicamente, como cualquier abogado está en disposición de sugerir, porque falta “fundar y motivar” las razones de la suspensión de la reforma, la cual solamente podría, sostienen, ser detenida y anulada por otra reforma constitucional.

Es probable que quienes aconsejaron al Presidente aplicar un decreto “que no lo tiene ni Obama” sepan que tienen la probabilidad de ganar en la acción, aunque puedan salir empatados o incluso perder en la discusión acerca de la validez de lo normativo.

A fin de cuentas, la ley es formalización del poder, y si el poder tiene prisa, puede dictar un memorándum que decrete la ausencia de vida de algo que ya está muerto.

@guerrerochipres

Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo
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Nacional

Columna Tiempo Nuevo: Asilo y riesgos, reinventando a México

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Salvador Guerrero Chiprés
@guerrerochipres

Nuestro país muestra su convergencia de historia y de propósitos progresistas con futuro cuando aporta lo mejor de su voluntad a enviar mensajes basados en la acción, en la solidaridad y en la ley.

Al mismo tiempo, México tiende a ser una nación con rasgos altamente conservadores cuando se niega a la inclusión posible… hasta los límites de la creatividad política.

Vivimos en un territorio en que las adversidades parecen concentrarse en nubarrones y caen como tormenta o se disipan ante la emergencia del nuevo tema de la agenda nacional que parece opacar al precedente.

Ocurre con el cambio de poder en Bolivia y con los espacios de debate e inclusión de nuestra agenda polarizada y a veces irresueltamente contradictoria.

De un lado, tenemos el asilo político al ex presidente de Bolivia, Evo Morales, anunciado por el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, atendiendo una dimisión de apariencia voluntaria y personal. Morales entendió el fin de su ciclo ante los amagos del ejército boliviano, el deterioro de su base social y en consecuencia de su legitimidad, por lo que solicitó verbalmente este beneficio.

Dirán algunos que no necesariamente se registró un golpe de Estado en el sentido convencional que es la deposición: la salida forzada de un gobernante mediante la herramienta de la movilización político-militar de un segmento del gobierno, contra quien lo encabeza desde el Ejecutivo.

Del otro lado, en otro ámbito de todo el interés nacional cotidiano: el de la seguridad, en contraste con aquello que es imaginativo, incluyente, progresista y reivindicador de lo mejor de nuestra historia diplomática, las prácticas delictivas que un día se benefician de las decisiones debatibles de un juez federal, al día siguiente nos indican las vulnerabilidades cibernéticas de una empresa tan estratégica como Pemex.

La delincuencia hace vulnerables a todos.

Ante la constante amenaza de los negocios delictivos o de prácticas que merecen urgente y eficiente atención es indispensable una ciudadanía muy activa en que se respalde la acción del Estado, más precisamente, del gobierno.

Ante este contexto el Institute for Canadian Citizenship y la Fundación Reinventando a México, encabezada esta última por Javier López Casarin, han comenzado a aportar luz para dar sentido a las potencialidades de una ciudadanía que busca el diálogo y la promoción del desarrollo democrático, para comprender el valor de la inclusión y su potencial ante un complejo escenario internacional y de frente a una aguda percepción de crisis de seguridad en el país.

Este lunes, estas organizaciones reunieron, en el Museo de Arte Popular de la Ciudad de México, a empresarios, académicos, políticos, periodistas y activistas, en la primera emisión del proyecto 6 Degrees Ciudad de México, donde se abrió un diálogo para realizar propuestas de apetito innovador, orientadas a hacer un llamado a reconocer la diversidad y fomentar la inclusión en México y el mundo.

En tiempos de disturbios y enfrentamientos como los que se llevan a cabo en Bolivia y en medio de las vulnerabilidades de empresas y de la sociedad ante la delincuencia tenemos que fortalecer los esfuerzos de trabajo coordinado para generar conversaciones y acciones en favor de todas y todos.

Eso. Necesitamos, respuestas creativas y asertivas; inmediatas y de largo plazo en nuestro país, al mismo tiempo solidario y asediado.

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Devin LeBaron: una esperanza de México

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Salvador Guerrero Chiprés
@guerrerochipres
Devin LeBaron salvó a sus hermanos revelando una claridad, entereza, educación y un valor ejemplar. En el polvoso camino chihuahuense, corrió ‪este lunes‬ con sus hermanos guiándolos y escondiéndolos mientras se alejaba con ellos de donde se incendiaba el vehículo en que murieron Rhonita y cuatro niños, dos de ellos menores de un año, así como, un poco más lejos, dos mujeres y dos pequeños más que yacían próximos a la camioneta perforada por las balas.
Una de las mujeres asesinadas era Cristina, su madre.
A sus trece años de edad, Devin dejaba atrás los cadáveres de nueve de sus familiares, descendientes de aquellos mormones que viven en México desde los años veinte del siglo pasado y han crecido alrededor de la disciplina de una comunidad desde muchos puntos de vista ejemplar: por denunciar al crimen organizado, resistir invasiones de organismos sociales que buscan apoderarse de sus bienes y enfrentar las amenazas de los integrantes de otras comunidades.
La tragedia de la inseguridad es la tragedia de familias sin protección alguna ante la violencia y ante la impunidad que es el caldo de cultivo de los organismos criminales de alta peligrosidad que pululan, y se disputan, regiones del territorio nacional.
En una agresión reveladora de la profundidad y extensión de la violencia criminal que lastima a nuestro país desde hace décadas así como, paradójicamente y gracias a Devin, de los valores constitutivos del México requerido para salir adelante; este adolescente es una figura ejemplar.
Devin simboliza una esperanza de México: actuar, proteger, guiar, salvar. Incluso ante la más cruel expresión de la criminalidad: los delincuentes son el enemigo a vencer.
Él caminó más de seis horas, casi 22 kilómetros con un shock que es imposible de imaginar luego de que escuchó el tiroteo, la explosión que calcinó el vehículo de Rhonita y encontró resguardo de los integrantes del grupo criminal que asesinó a bebés de meses.
Ahí inició una épica de solidaridad y coraje ejemplar para todos, a favor de los sobrevivientes de uno de los ataques más inverosímiles ocurridos en México.
El crimen colectivo contra la familia LeBaron constituye una nota global acerca de la violencia en México, considerando no solamente la brutalidad de la masacre contra personas absolutamente indefensas sino el que las víctimas son integrantes de una comunidad religiosa y estadounidense que motivó ya la movilización retórica del presidente de EU, Donald Trump, ofreciendo ayuda para fortalecer la seguridad, y las expresiones de Gael García acompañadas por irritada simpatía.
En ese contexto, Devin demostró un humanismo y un ánimo cristiano de referencia para quienes tienen por encomienda asegurar la salvaguarda de las personas. Esa es la esperanza que nos une a pesar de todas las diferencias.
La justicia habrá de imponerse, como lo hizo a la masacre un suficiente y valeroso Devin LeBaron.

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Tepito: ausente bonun commune

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Salvador Guerrero Chiprés
@guerrerochipres

Uno de los mayores golpes que se han dado contra el narcotráfico en la Ciudad de México, procedente de denuncias ciudadanas a las autoridades encabezadas por Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de la capital nacional, y consecuente con una preparación y determinación operativa sin precedente, debe acompañarse de una renovada reflexión sobre el rol de los jueces.

Aunque el bien común, el famoso bonum commune de las escuelas de Derecho, debiera ser una prioridad de los jueces, locales y federales, con o sin independencia de su personal énfasis normativo o empírico, la realidad mostrada por el operativo de Tepito que estrenó en el mando al titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch, demuestra que el tema es gravemente debatible.

Teniendo ante sí las evidencias de que si bien existieron deficiencias en el Informe Policial Homologado, habiendo podido presentar, sin que yo tenga prueba de que así haya sido, imperfecciones o graves errores en la presentación del agente del Ministerio Público y aparentes o reales inconsistencias en la narrativa de los hechos, otras evidencias rotundas debieron considerarse y nadie garantiza que así fue.

Entre ellas destacan: el descubrimiento e inutilización de dos laboratorios -o de uno de producción y otro de secado y terminado- que producen droga dura; el acompañamiento delictivo colectivo de personas que sacrificaron o conocieron del sacrificio o martirio de otras (hasta en número de 42), así como el número y tipo de armamento decomisado.

En conjunto, es imposible no asociar la evidencia y las detenciones como parte de procesos que a toda a la comunidad le interesa desterrar, específicamente, la presencia de organismos delictivos de alta peligrosidad.

El juez federal, Felipe de Jesús Delgadillo Padierna, nos hizo más vulnerables a todos en la Ciudad de México al liberar -“porque le mintieron” a García Harfuch-, a presuntos responsables con altísima probabilidad de resultar culpables en juicio.

De 31 personas encontradas en un laboratorio de droga, fueron liberadas 30.

Los presidentes de los tribunales federal y local de Justicia han mostrado inquietud sobre este proceder de los jueces y sería conveniente que de ello pasaran a una supervisión a favor de las certezas exigidas por la ciudadanía.

La denuncia ciudadana y la operación policíaca funcionarían mejor si la labor del Poder Judicial se sometiera a un análisis más intenso y extenso y menos intramuros de la labor judicial. Tal como ya está ocurriendo con la intervención ciudadana en temas de corrupción policial y abusos contra la mujer policía.

Un ejemplo de los buenos resultados obtenidos cuando sociedad y autoridades se coordinan, sucedió en el Metro: la denuncia permitió desenmascarar a los trabajadores que daban información a varios de los jefes de las 12 bandas que operaban subterráneamente.

De las remisiones a la autoridad debe pasarse a sentencias bien construidas con la colaboración del respeto por el bonum commune que los jueces deben proteger.

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