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Horacio Villaseñor Manzanedo*

Si los gobiernos y las administraciones públicas no sirven, no solucionan nada, no es culpa de “Paquita” de profesión cantante, artista, que nunca ha estado con un cargo público, sino de los actores políticos que hoy tienen el encargo de resolver los problemas públicos. Lo que hoy está mal, solo es culpa de los que hoy tienen el puesto, es únicamente culpa de los que, ahora, cobran y les pagamos del erario para cumplir lo que la ley les obliga, decir que la culpa es de los anteriores es una vacilada, es una irresponsabilidad y es como decir también que es culpa de los que aún no llegan. Siendo serios, los problemas de hoy están encargados a los “funcionarios” de hoy, a nadie más. Decir que se necesita tiempo para resolver los problemas públicos, es tonto, por el gran impacto social que causan, no deben conservarse un solo día, deben solucionarse ya, al momento, tiempo solo debe tenerse para garantizar la sostenibilidad de los procesos de solución. Gobierno que no puede cambiar rápido y bien la realidad actual es un gobierno “limitadito”, limitadito en sus capacidades directivas, hoy la sociedad exige soluciones inmediatas, pero con gente qué no sabe qué debe hacer, que trata de distraer y se cotorrea a la sociedad con vaciladas como ofrecer una “Ciudad de los Niños” cuando lo que se requiere es una gestión pública moderna, ciudades seguras e instituciones públicas sólidas, gobernar seguirá siendo sinónimo de rotundo fracaso. Desde hace décadas, las administraciones gubernamentales no aportan valor público y las actuales no son a excepción, ni el discurso de la transparencia, la información pública, la rendición de cuentas o el combate a la corrupción han servido de algo, no hay idea buena ni modelo de gestión exitoso cuando se le encarga, el gobierno, a un grupo de amigas y amigos buena onda, improvisados, sin preparación ni experiencia en la función pública. La precariedad de recursos limita, pero lo que más hace falta no es dinero sino el recurso humano, el talento necesario para lograr la capacidad directiva que se necesita urgentemente. Los principios de eficiencia y eficacia son actualmente de mayor relevancia y es imposible dar más con menos con puros directivos públicos “cuates y paleros” del jefe. Los servicios públicos, además de que deben ser buenos deben también contribuir al desarrollo humano, pero ni siquiera son aceptables, inclusive muchos aun no existen. El trato digno, de parte de las administraciones a la sociedad, también es inexistente, en general, los servicios públicos antes de la pandemia eran muy malos, ahora son peores. Está demostrado que hay una relación directa entre desarrollo humano sostenido y una administración pública profesional, sin privilegiar el buen desempeño gubernamental no hay forma para recuperar la confianza de la gente en sus gobiernos, la administración pública debe acomodarse a las necesidades de la sociedad, no al revés. Los actuales políticos y cuerpos directivos no están capacitados para la gobernación efectiva, no pueden innovar ni mejorar nada porque no son expertos en el tema, no son dignos del encargo que tienen, no dan buena imagen favoreciendo familiares y afectos, no son institucionales en su actuar, no son efectivos ni fueron seleccionados por capaces, entonces: ¡Vota por Paquita! Ella, por lo menos canta.    

Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo
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Gabriel Torres Espinoza

El movimiento paritarista

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Gabriel Torres Espinoza

El día de hoy se conmemora el Día Internacional de la Mujer, que se formalizó por la ONU en 1975. Sin obviar u omitir los lastimosos, preocupantes y lacerantes datos de violencia en contra de la mujer, en todas sus expresiones, mismos que ya se encuentran ampliamente documentados por los medios de comunicación, destacar la importancia que radica en un nuevo e interesantísimo debate -aunque poco discutido y explorado-: el relacionado con la paridad política, un movimiento que ha sido asumido en Jalisco por ‘Las Paritaristas’, y que podría convertirse en la nueva consigna feminista del presente y futuro inmediato, por tratarse de un asunto de la mayor importancia.

De acuerdo con ONU Mujeres (2020), México es el 5to país, a nivel mundial, con mayores espacios de representación para la mujer en su órgano legislativo nacional, con un 48.2%. Ruanda, ocupa el 1er sitio a nivel global, con un 61.3%. Dichosamente, las cuotas de género han influido en ello. Desde luego, éstas se han convertido en un poderosísimo mecanismo compensatorio para una sociedad que sigue siendo, a todas luces, machista.

Si bien es cierto, nuestro país registra una cuasi exacta paridad en la representación de sus órganos legislativos, resulta inexplicable el porqué apenas el 25% de los coordinadores parlamentarios de la Cámara de Diputados son mujeres; y el 28.6% en el Senado. Apenas un solo partido político nacional, de entre los 10 existentes, son presididos por una mujer. Sin mecanismos compensatorios, como las cuotas de género, se advierte la prevalencia de estas nocivas distorsiones sociales.

De forma que esto justifica de manera axiomática la necesariedad de las cuotas de género, pero sobre todo advierte la importancia del movimiento ‘paritarista’, toda vez de que las mujeres deben tener, también, una representación paritaria en los órganos de administración y gobierno en el Poder Legislativo; en las carteras de la administración pública o ministerios de los Poderes Ejecutivos; en la integración de los Poderes Judiciales; y, finalmente, en los órganos constitucionalmente autónomos, organismos públicos descentralizados, desconcentrados, y empresas paraestatales.

Con relación a ello, ONU Mujeres (2020), destaca que el país que registra un mayor número de mujeres como titulares de los ministerios y/o secretarías del Ejecutivo, es España, con un 66.7%. Le sigue Finlandia, en un 2do sitio, con un 61.1%. México, se ubicaría en el lugar nº 17, con un 47.3%. Sin embargo, debe decirse que apenas el 6.4% de los Jefes de Estado y/o de Gobierno, en el orbe, son mujeres. En México, apenas 2 mujeres son titulares del Ejecutivo en una entidad federativa, es decir, el 6.2%, para prácticamente homologar esta perniciosa tendencia global.

Sin embargo, a pesar del nimio o raquítico porcentaje de mujeres Jefas de Estado y/o de Gobierno, es importante destacar que son las que mejores indicadores registran con relación a la gestión de la pandemia, en términos de contagios y decesos a causa de ella: p. ej. Nueva Zelanda (apenas 26 muertes); Islandia (29 muertes); Singapur (29 muertes); por citar tan sólo los más emblemáticos ejemplos. De forma que este 8 de marzo debe también motivar a repensar y discutir el movimiento ‘paritarista’.

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Gobierno

Acercarse al Presidente: ¿Inseguridad o proximidad?

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Salvador Guerrero Chiprés

Sorpresa, incredulidad, preocupación, evidencia de descuido en seguridad, entre diversas reacciones, fueron generadas por el acercamiento de un joven desconocido al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, durante la conferencia matutina del 1 de marzo.

Pese a la manera inesperada en la que José Luis abordó al Presidente, éste lo recibió, permaneció quieto, no se retiró de él, paciente y cercano para escucharlo, incluso tomó su brazo izquierdo.

Escuchó al hombre de 31 años, quien en unas cuantas frases resumió su historia de vida con la finalidad de obtener la ayuda que le ha sido negada desde que entró a la cárcel y una vez en libertad.

No existe precedente de un acercamiento semejante y por lo tanto tampoco de la aceptación de un primer mandatario ante quien, sabríamos después, había sido una Persona Privada de la Libertad.

Miles de personas después de haber estado recluidas no encuentran la manera para reestructurar su vida y salir adelante. Nadie cree en ellos. Nadie les da una segunda oportunidad.

José Luis estuvo preso en Durango, acusado de traficar droga, y una vez libre no puede encontrar trabajo, resumió la Presidencia.

El dialogo breve exhibió tanto la generosidad y paciencia del Presidente como el descuido de seguridad de su equipo cercano. Un día después de ser insultado por patanes en la parte trasera de su vuelo comercial, López Obrador no varió un ápice su estilo de proximidad con todos y con cualquiera.

Con un simple gesto, el mandatario frenó la acción de seguridad. Tras unos segundos, Leticia Ramírez, de enorme experiencia y sensibilidad, titular de Atención Ciudadana, subió al pódium y unos segundos después se retiró con el hombre para atender sus demandas.

Ante una audiencia abierta en una transmisión en directo, el lenguaje verbal y no verbal del mandatario es demostración potente de una estructura de pensamiento y de un estilo de gobernar.

Un personaje auténticamente abierto desde el ejercicio del poder y otro personaje proveniente de la capacidad de impartición de justicia y de remisión al sistema penitenciario, dialogaron brevemente en privado en el centro del espacio más público de la nación.

La tensión real alrededor de la escena transita con permisiva suavidad ante el desconcierto de seguridad y la inquietud de los informadores que hallan nueva evidencia de la serenidad y capacidad de gestión de presiones imprevistas por parte del mandatario.

El mismo día en que los periodistas que no simpatizan con AMLO difunden en sus trincheras, con legitimidad y eventualmente sin plena razón, percepciones e imágenes de AMLO como un personaje al que se presenta como predominantemente intolerante y autoritario, el Presidente de la República recibe y acepta a un exsentenciado.

Sin ensayo, con riesgo, a partir de su propia forma de identificar espontánea y persistentemente su responsabilidad frente a personajes de cualquier camino de la vida, AMLO dialoga.

La escena tiene un peso y el silencio de su significado también importa.

@guerrerochipres

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Gabriel Torres Espinoza

Debates, ¿para favorecer el statu quo?

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Gabriel Torres Espinoza

El primer debate del que se tenga registro en el Orbe, entre candidatos de elección popular, sucedió en 1858, entre el republicano Abraham Lincoln y el demócrata Stephen Douglas, cuando competían por un escaño de representación del estado de Illinois, para el Senado de EE. UU. En Europa, el primero aconteció en Suecia, en 1948, aunque no fue televisado. Afortunadamente, son 95 los países -de entre los 194 reconocidos por la ONU- que ya realizan debates televisados en todo el Mundo (Debates International: 2021). No obstante, apenas 13 países (México incluido), de los 95 señalados, actualmente realizan debates televisados entre cargos de elección popular de carácter local o subnacional.

Sin embargo, los debates televisados son un fenómeno relativamente reciente de las democracias modernas. El primer debate televisado ocurrió en EE. UU., en 1960, entre el demócrata John F. Kennedy y el republicano Richard Nixon. En Alemania, el primer debate televisado, ocurrió en 2002; y en Reino Unido fue hasta el año 2010. Por ejemplo, hasta en 2015 aconteció el primer debate presidencial en Argentina.

Ahora bien, en Jalisco y México, por el formato que han distinguido a los últimos debates, en razón de lo austeros que resultan [no permiten la interacción y el debate genuino], pareciera que están diseñados para favorecer el statu quo de las tendencias electorales; para así pasar inadvertidos entre la ciudadanía, y terminar por favorecer la banal exposición de un monólogo entre los candidatos -que generalmente son inexpertos para improvisar y argumentar- y contrarrestar al máximo las oportunidades o los tiempos para la contraposición de ideas, plataformas electorales y programas de gobierno.

Y es que la palabra ‘debate’ significa realmente eso. De acuerdo con la RAE, la voz ‘debate’ es definida como “controversia” -en su primera acepción- y, en su segunda acepción, como “contienda, lucha, combate”. De forma que le distingue una significación de confrontación, contenciosa. Desde luego, un debate electoral, si ha de resultar atractivo para el electorado, exige de, al menos, tres factores: primero, capacidad y habilidad entre los debatientes; segundo, un formato de debate que auspicie la polémica y el contraste; y tercero, un moderador adecuado y asertivo.

Hasta ahora, los estudios e investigaciones sobre los debates electorales señalan, que un debate influye “relativamente poco” en la tendencia electoral -lo que pudiera ser, incluso, efecto directo del ‘voto útil’ por parte del electorado-. No obstante, es un hecho que los debates pueden lograr una amplia repercusión sobre los ‘indecisos’ que, de acuerdo con las encuestas más recientes, ascienden hasta un 35% del ‘mercado’ electoral en México. Más aún, en contextos de alta competitividad electoral, esto es, cuando la diferencia entre el primer y segundo lugar de la contienda se encuentra comprendida en el margen de error propio de las encuestas, o es apenas significativa, éstos adquieren mayor impacto y relevancia.

De forma que los debates pueden ser un fino instrumento de disección y discernimiento de la vida democrática, que enriquezca el derecho a saber, así como la transparencia de lo que es público y debiera ser sabido por la ciudadanía para ejercer el voto.

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