
Por Manuel Gutiérrez
Vino la conmemoración -porque no les gusta decir festejo- del Día Internacional de la Mujer con sus desfiles (o emplearán el término movilización) de las diversas agrupaciones feministas que integran la expresión democrática y plural de ese movimiento de género; pero curiosamente, en los festejos de la sociedad, de las mujeres con iniciativa, no se encontraba Claudia Sheinbaum.
Esto es un juego de destreza infantil de ¿Dónde está Wally?, un personaje de Martin Handford (erróneamente atribuido al Dr. Seuss) que se esconde entre miles de personas u objetos y cuesta trabajo encontrarlo. Se puede regular la búsqueda en cierto tiempo, si se quiere hacer competencia.
México, en cambio, jugó a ¿Dónde está Claudia?, porque no se dejó ver entre las mujeres que dicen “ella como ‘prasadanta’, con A”, que llegaron todas a Palacio Nacional. Un Palacio Nacional blindado, rodeado de planchas de acero y con anillos de granaderos y policías para impedir que las manifestantes, mujeres, accedan al lugar.
Tampoco fue a alguna entidad a agregarse a las marchas. Estuvo en Jalisco, en donde mostró que sabe bailar cumbias con Pablo Lemus, en una lección de danza tropical que algunos quieren ver como de alta política.
Al menos en Jalisco la dejan divertirse, y el partido ajeno que gobierna aquí no le hace ver su suerte. El estilo conciliador, incluso reflexivo y arrepentido de tomar decisiones equivocadas de Lemus, está a años luz del estilo del refundador de Jalisco, Enrique Alfaro, que ahora refundará el fútbol si lo dejan ser técnico en el balompié mexicano. Sólo le falta a Lemus, por la Cuaresma, reconocer la malísima agua apestosa, negra y cara que nos provee el SIAPA y que nos está obligando a consumir agua de garrafón para todo. Aguas, Lemus, con el agua.
Cofepris —perdón por esta digresión o salida por la tangente— afirmó que no se debe usar ese líquido, antes potable, transparente, clorado e insípido, ni para cepillarse los dientes. Cofepris sí sabe lo que dice, y eso lo anunció el Dr. José Antonio Muñoz Serrano, según declaró a Canal 44 de la U. de G.
SIGAMOS CON WALLY, DIGO, CLAUDIA
Tampoco estuvo Claudia en un día tan femenino como el 8 de marzo con las Madres Buscadoras, como la célebre sonorense y otras heroicas mujeres que siguen buscando a sus desaparecidos y que se integran en el contingente del 8M con esas demandas. No, tampoco.
Menos mal tampoco apareció en la fiesta de Mafer, en Tabasco, con Belinda, J Balvin, Matute, y Galilea Montijo como conductora; más el maquillador de las estrellas y sus regalos extravagantes como el bolso Birkin-Hermès de más de un millón de pesos que recibió la agraciada señorita. Una fiesta de la cepa de millonarios que ha creado la 4T en un estado de extremos de pobreza; en fin, socios de Pemex a los que sí les pagan a tiempo, a diferencia de otros a los que les adeudan más de 1,200 millones de pesos mexicanos. Pero a Juan Carlos Guerrero Rojas sí le pagan a tiempo desde que era proveedor del PRD… y favorito de la 4T, los de pobreza franciscana ajena.
Porque Pemex, que contaminó 170 kilómetros de playa en un derrame de petróleo arruinando el medio ambiente, la pesca y el turismo del sureste -sobre todo en Tabasco y otras entidades vecinas-, que el “Peje” prometió hacer un edén, lo hizo pero para la élite de Morena. No, Claudia no salió entre pelícanos aceitosos o peces moribundos de chapopote.
Seguimos buscando. ¿Dónde está Claudia?
Esta vez no estaba su socia y amiga de la farándula Salma Hayek, a la que confirió, con Rocío Nahle, negocios por 4 mil millones de pesos y, pues con eso, bien merecía un acto de anuncio de financiamiento del cine mexicano, para que lo esperen… sentados, los productores.
Porque cineastas y actores que eran conversos de la 4T esperaban mucho impulso al cine, pero este se redujo a hacer millonario a Epigmenio Ibarra y cerrarse como nunca, porque el “Peje” no entendía al cine, como tampoco muchas otras cosas de la vida que no estuvieran en las tarjetas de su lacayo Jesús Ramírez Cuevas, que demandará a Julio Scherer por daño moral. Da risa.
No, tampoco está Claudia ahí. Ya pasó el momento; ella no es parte del cine mexicano.
Quizás la encuentre con las chicas del bloque negro que, con golpes de marro y con gasolina, trataron de “hacer policía al pastor” en Campeche, en una forma muy mala de comportarse y demandar justicia. En España desfilaron miles de mujeres de diversas tendencias, pero fueron discursivas, propositivas y civilizadas; no dañaron nada, pero buscaron avanzar de verdad en sus derechos.
Nuestro feminismo anarquista y rupestre surgió arrancando un centenario crucifijo de piedra externo de una iglesia de San Luis Potosí; son juguetes del gramscismo cultural que las lleva a ser peones del comunismo, proponiendo la disolución familiar, el aborto y otras sediciones de los valores familiares. Como la señora de Aguascalientes que les puso una regañada por la pintarrajeada de vitrinas de su propiedad y, al menos, aunque alegaron, se comportaron sin darle una felpa mayoritaria —olvidando que era de su género—; todo quedó en gritos.
Tampoco estaba ahí ordenando a la autoridad proceder contra quienes, al amparo del género, destruyen monumentos y valores culturales, y no es capaz de poner orden alguno.
CLAUDIA ES VERDE OLIVO
Claudia, en esa fecha tan significativa, se refugió, como un símbolo antípoda, con el Ejército Mexicano y la Marina Armada. Es decir, hizo discursos y alabó la firmeza de las mujeres de las fuerzas armadas que, en números crecientes de un 26%, ya integran el poder militar en México y dicen que tienen 42 mil integrantes femeninas. Ahí sí se encontró Claudia…
Alabó cómo estoicamente aguantaron el inclemente sol del mediodía. Saludó a las graduadas, pero se refugió tras de ellas y atrás de la guardia del instituto armado mexicano. No estuvo con las mujeres a las que no entiende, a las que teme, con las que no dialoga si no son sus funcionarias, sus empleadas y sus incondicionales.
Citlalli Hernández, que se dice viaja mínimo una vez por semana (según Así las Cosas en XEW con Loret) y nunca está en sus oficinas de la Secretaría de la Mujer, hizo discursos para halagarla y cumplir el compromiso para seguir gozando del cargo de una secretaría que solo hace bienes para ella y sus allegados, porque de manera concreta ni se conoce ningún logro para el género femenino de su secretaría exclusiva.
La encontré. Pero ella estuvo alejada de las mujeres que votaron por ella. Estuvo ausente de estar con ellas porque no puede silenciarlas con el dedito en la boca; porque no resiste las críticas ni las burlas personales que se estrenaron en las manifestaciones en su contra en esta edición del 8M. Porque, siendo mujer, es patriarcal, incluso militarista.
Tampoco estuvo en la ceremonia del Escudo de las Américas, un invento de Trump del que se ausentó al igual que Petro de Colombia y el izquierdista Lula da Silva, mostrándose alejada de la administración de Trump que sigue insistiendo en que somos narco-estado. Él ofreció su ayuda para librar a México de los cárteles, pero no respondió Claudia oficialmente; dice que no fue invitada. Entonces no son tan buenas nuestras relaciones como dice ella.
Claudia tampoco sabe estar en los escenarios internacionales y en las oportunidades de ganarse las simpatías que se interpretan como menos aranceles, menos presiones, ataques y menos intervención de los Estados Unidos en pos de los narcos, que en un desliz verbal dijo: “Mandamos nosotros drogas a los Estados Unidos”; cuidado con esas trampas de la mente o de la fe.
Si a Pedro Sánchez se le complicó el engrudo y se le hizo bolas al actuar en favor de Chipre como OTAN, pero rehusándose a prestar sus bases militares para hacer operaciones contra Irán con un rotundo “NO a la guerra”, será objeto de sanciones, molestias y efectos económicos a las exportaciones de España a los Estados Unidos y presiones de Israel, que movilizará a los judíos del mundo con aversión a la península.
Nuestro caso es de ausentismo, de representar una corriente diversa y caída en Venezuela, al borde de la capitulación en Cuba —pero que revende en dólares la ayuda que Claudia envía como el “frijol del bienestar” al pueblo cubano, cuyo gobierno pirata lo revende en dólares—. Sigan ayudándoles y que les vean la cara de estúpidos; en eso también se encuentra Claudia, ahí está.
No, Claudia no sabe estar en donde debe y ya entendió que está separada de las feministas de México porque no las tolera, no las comprende. Mejor estar con las obedientes mujeres de las fuerzas armadas obligadas a rendirle honores, a saludarle sin dirigirle la palabra; calladitas, como siempre, se ven más bonitas. Ahí sí se sintió en el 8M la “prasadanta” con A, Claudia.
Con el poder militar al que entregó ahora el Tren Maya y los otros trenes, a los albañiles más que soldados, con los caprichos hoteleros que no arrancan y la aerolínea militar Mexicana de Aviación, que sigue necesitando enormes subsidios.
Ahí la encontré: feliz, rodeada de militares, resguardada y segura, como no lo están las mujeres que sufren feminicidios, ni los pobladores que soportan la ira de los señores de los cárteles, ni los feminicidios de los que no habla y que se reducen por encanto en las cifras oficiales.
Sólo le falta usar uniforme. Por ello Fisgón, uno de sus caricaturistas, la puso como a Calderón: con el holgado uniforme que le queda grande. Pero ya sé dónde encontrarla: con el Ejército, no con su pueblo.
Claro, los militares cumplen sus deberes y ajustan sus actos y ceremonias al gusto de la inquilina del Palacio Nacional, pero de ahí a que verdaderamente la sientan suya, es otra historia. Son también parte del pueblo y parte de los 14 muertos por día que generan los cárteles en casi 600 enfrentamientos armados que les toca afrontar a las fuerzas armadas contra “la Maña”.
No es su presencia, entonces, tan grata, y espero que Claudia sepa que se saluda al rango, no a la persona.
Y también Trump; tampoco la siente tan suya como ella quisiera. Bien por la soberanía, pero cuando estás en una coyuntura así ante Goliat, no se ve muy inteligente alinearse con los izquierdistas presidentes latinoamericanos que buscan ser un imposible contrapeso; le ganan sus fantasmas ideológicos de izquierda.
México sabrá hasta dónde es capaz de llegar Trump y su Escudo de las Américas, o puede preguntarlo en Irán, en donde han visto hasta dónde es capaz de llegar. Es una conducta inmadura, insensata y estéril buscar la confrontación con quien es incapaz de dialogar, pero es más poderoso.
Es el mismo molde que ella repite en México, en que su orgullo, su necesidad y sus prejuicios socialistas le llevan a decir la última palabra siempre, hasta con su reforma política para mantener en el poder la estructura de Morena por los siglos, en una dictadura, y alejarse del feminismo que no porte uniforme y tenga que honrar lo que ella representa: una promesa incumplida a todas las mujeres mexicanas que no llegaron a ninguna parte con ella.
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