Por Amaury Sánchez G.
Zapopan —ese municipio al que todos voltean cuando hay elecciones, pero pocos cuando hay problemas— lleva tiempo nadando en un mar de rezagos, contradicciones y olvidos. Tiene alma de metrópoli, cuerpo de potencia… y administración de papelería sin tinta.
Las banquetas parecen zonas de guerra, el transporte público es una aventura extrema y la inseguridad juega a las escondidas sin que nadie la atrape. Y eso por no hablar de los servicios públicos, que en algunas colonias llegan cada vez que Halley pasa a saludar.
Pero como diría el sabio del barrio: “Cuando el agua está hasta el cuello, no es tiempo de discursos, sino de acción”. Y en esa lógica, la reactivación de la Gran Alianza por Zapopan, encabezada por Óscar Ábrego, no es una promesa, es una sacudida con bisturí. Porque si alguien puede meterle bisturí fino y no machete a la administración, es precisamente él: un hombre que entiende que gobernar no es salir bonito en las fotos, sino resolver antes de que reviente.
Óscar no es de esos políticos de carpa que prometen mientras buscan el ángulo bueno. Él ya probó que no necesita reflector porque lleva foco propio. Y lo que ha armado ahora no es un club de optimismo con PowerPoint, sino una maquinaria ciudadana con engranaje fino: líderes empresariales que saben lo que es generar empleo sin pedirle permiso a nadie, sindicatos con voz (y voto), operadores territoriales que conocen el nombre de cada colonia y no porque lo leyeron en un mapa, sino porque caminan sobre el lodo que otros ignoran.
Y no olvidemos el dato que pesa: más de 500 asociaciones civiles están respaldando este proyecto. Medio millar de causas, sueños y luchas que han decidido apostarle a un liderazgo que los respeta, los escucha y, sobre todo, los articula.

Zapopan ya no está para ocurrencias de improvisados ni para los chispazos del influencer de turno. Este municipio requiere planeación, ejecución y seguimiento. No hay tiempo para más diagnósticos de escritorio: lo que se necesita es un operador, un ejecutivo, alguien que escuche en la mañana y resuelva en la tarde. Y en esa ecuación, Óscar Ábrego no es el que más habla: es el que más hace.
Mientras otros siguen pidiendo paciencia, él ofrece soluciones. Mientras algunos están esperando la próxima encuesta para ver qué decir, él ya está armando equipos, trazando planes, tejiendo puentes. Porque para sacar a Zapopan del atolladero no se necesita más retórica: se necesita valor civil, inteligencia operativa y voluntad de hierro. Y eso, ni se compra ni se simula. O se tiene… o se tiene. Y Óscar lo tiene.
Así que celebremos —con cautela, sí, pero también con entusiasmo— este renacimiento que no es slogan, sino estructura. Esta Alianza no es la fiesta de unos cuantos; es la orquesta afinada de muchos que decidieron que ya estuvo suave de ver cómo se oxida el municipio mientras otros solo aplauden.
Zapopan tiene problemas, sí. Pero también tiene esperanza. Y si la esperanza ahora lleva nombre, equipo y estrategia, es justo reconocerlo: se llama Óscar Ábrego y no trae discursos bajo el brazo… trae soluciones bajo la manga.
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