Somos seres profundamente interdependientes; desde el nacimiento hasta la muerte las personas “dependemos materialmente del tiempo que otras nos dedican. Somos seres encarnados en cuerpos vulnerables, que se enferman y envejecen y la supervivencia en soledad es sencillamente imposible”.
La cita de la antropóloga española Yayo Herrero, extraída de la charla Con los ojos abiertos, invita a pensar en el esfuerzo común de la humanidad de salvar vidas en el marco de la pandemia.
Quienes buscamos entender y acompañar en auxilio las emociones sucesivas a la pérdida de una persona, reconocemos la utilidad trascendente del acompañamiento del duelo. La asimilación de que alguien querido e importante ya no estará puede tardar décadas, aunque sea la persona más cercana o precisamente por ello.
Necesitamos un reconocimiento emocional sano, dificultado por un luto que es individual y colectivo en contexto de la emergencia sanitaria.
Ni en los momentos más oscuros deberíamos estar solos, y de estarlo deberíamos ser acompañados de una luz que se intensifica y desvanece sin dejar esa huella abierta de las ausencias no resueltas. La depresión, ansiedad, miedo, soledad e irritabilidad son emociones asociadas al luto, pero no son las únicas. También hay una especie de incapacidad de comprender algo tan gigantesco como la muerte, especialmente la de un ser entrañable.
La negación y la evasión están ahí cuando no está la tristeza o el alarido. “¡Se murió mi hija!”, gritaba una señora en un hospital hace décadas. Todavía siento escalofrío de escucharla en mi memoria.
Muchas tradiciones espirituales y filosóficas advierten que la existencia y la muerte van de la mano, que la pérdida y el cambio son esenciales para evolucionar. Un buen principio sería aceptar que el duelo es una experiencia innata. Es muy fácil decirlo. La experiencia es devastadora.
En el contexto de la pandemia, y mediante el Centro de Mando del Gobierno capitalino, se han ofrecido servicios funerarios gratuitos en el gobierno que encabeza Claudia Sheinbaum en la capital nacional. Supongamos que alguien fue despedido y pierde a un familiar. Gracias a los apoyos públicos puede acceder a los servicios básicos al respecto, así como la terapia, ambos gratis.
Además, como consecuencia de un acuerdo entre el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México y el grupo funerario J. García López, para apoyar a quienes perdieron a alguien debido a la Covid-19, proveemos del apoyo mediante la contención psicológica.
Frente a esta otra crisis, emocional y espiritual, el Consejo Ciudadano pone a disposición un centenar de psicólogos capacitados para acompañar desde la empatía y dignidad a quienes lo necesiten. Además, está la posibilidad de tomar videoterapia breve y, si alguien lo requiriere, orientación legal; servicios completamente gratuitos a través de la Línea de Seguridad y el Chat de Confianza en WhatsApp 55 5533-5533, las 24 horas del día, los siete días de la semana.
Ante el luto, extendemos nuestro respaldo. Ni en él debemos estar solas o solos.
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