Las llamadas Guerras de Religión tuvieron lugar en Francia, entre 1562 y 1598, el conflicto se centraba en la pretensión de la mayoría (católica-romana) de privar a la minoría (protestante) de la libertad de conciencia y de religión.
Los autores discuten hasta el día de hoy el número de muertos, la mayoría de los estudiosos sitúa la cifra entre 2 y 4 millones, una cantidad impresionante, con dimensiones catastróficas para el siglo XVI.
El episodio más lúgubre de esta historia es la noche de San Bartolomé, (23 de agosto de 1572) cuándo las calles de París y otras ciudades importantes se llenaron de sangre inocente, hasta 10,000 protestantes (no militares) habrían sido asesinados en 3 noches de fuego indiscriminado y ejecuciones sumarias.
El conflicto se extendió a España y sólo terminó hasta que en 1598 el Rey en funciones expidió el Edicto de Nantes, cuyo artículo 6º ´prohibió la persecución por motivos religiosos y consagró la libertad de conciencia:
¨Art. 6. A fin de eliminar toda causa de discordia y enfrentamiento entre nuestro súbditos, permitimos a los miembros de la susodicha religión reformada vivir y residir en todas las ciudades y distritos de nuestro Reino y nuestros dominios, sin que se les importune, perturbe, moleste u obligue a cumplir ninguna cosa contraria a su conciencia en materia de religión, y sin que se les persiga por tal causa en las casas y distritos donde deseen vivir, siempre que ellos por su parte se comporten según las cláusulas de nuestro presente edicto. (…)¨
Más de 400 años después, una nueva ola de expresiones discriminatorias, desde las redes sociales y algunos medios, busca privar a una minoría religiosa y a sus millones de integrantes de los Derechos que la Constitución y los Tratados Internaciones reconocen.
Quienes pretenden retroceder cuatro siglos son trogloditas trasnochados, que buscan reinstalar un modelo fracasado de visión única.
Desde este espacio refrendamos nuestro compromiso con la libertad de pensamiento y sus vertientes, en la libertad de conciencia y de religión.
Que cada quién sea libre de creer, sin interferencia alguna, más allá de sus propios sentimientos y razón.
(Ilustración Red Historia)
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que A Fondo Jalisco no se hace responsable de los mismos.







