El mundo parece estar al revés. El acusado de corrupto, Enrique Toussaint, porque perversamente facturó al gobierno del estado de Jalisco con empresa de sus padres y no de él, que es conductor de noticieros independientes -ajá- y al mismo tiempo defensor a sueldo del Gobernador Enrique Alfaro por haber sido designado el 13 de noviembre del 2020 coordinador de “su mesa fiscal” con la que enfrentará al presidente Andrés Manuel López Obrador, llamó hoy ¡corrupto! al exsenador José María Martínez Martínez.
El miércoles 17 de febrero, el periodista Jorge Zul de la Cueva, zulanito, le informó vía twitter a Álvaro Delgado, escritor y reportero, que Enrique Toussaint hacía maniobras para cobrarle al gobierno de Enrique Alfaro sus “servicios”. Lo dijo así: “Déjate de eso @alvaro_delgado, cobró (sic) la conducción (sic) de un programa en el Sistema Jalisciense de Radio y Televisión con Facturas de la empresa de arquitectos de sus padres. La cabeza de la mesa fiscal triangulando (sic) facturas”.

En Jalisco todos en el medio político saben quién es en realidad Enrique Toussaint: primero, es un licenciado en relaciones internacionales que trabaja como conductor de un noticiero, que cobra con facturas de otra gente, que se asume como politólogo, y que le ha visto los huaraches a medio mundo, pero honesto no es, honrado menos, y Toussaint puede decir lo que quiera al cabo que es mitómano, y cobra por sus dichos, pero mire usted que enjuiciar a otro ser como él asustándose porque bien o mal hace lo mismo que él, pero más fino y no baratero como Toussaint, pues como que no.

Que se defienda solo Chema Martínez, pero que un corrupto, le diga corrupto a otro ciudadano, como que no se vale. Dicen que cola pequeña, en boca grande; no boca grande con cola grande.
Y vea usted, lo quiere en la cárcel según vomitó Toussaint hoy en su columna de Milenio porque en El Informador lo echaron a la calle: “Todo esto es también obra de una generación de panistas, de la cual Chema Martínez es un ilustre representante, que destruyeron el mandato de democratización y buscaron cualquier resquicio para hacer negocios al amparo del poder político.
“Echar atrás la jubilación de Chema es un paso simbólico, pero el fondo es impedir que el sistema siga garantizando impunidad a aquellos que reproducen las formas caciquiles más detestables”.
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