
Por Manuel Gutiérrez
Un nacionalismo enfermo, más propio del inicio del siglo XX en que se forjaron campos ideológicos extremos entre derecha e izquierda, con raíces racistas, supremacistas es el nuevo programa educativo que impone Vladimir Putin a su niñes, a la que desea convertir en una generación dispuesta a la guerra y fervientes seguidores ideológicos de su causa.
El Nacionalismo, es una postura ideológica que exalta la identidad de un país, sus valores culturales, sus instituciones y se compone de pueblo, territorio y la idea de un destino común hacia el futuro histórico. Hasta ahí todos los pueblos se miran positivamente a sí mismos, pero cuando modificas la historia para hacer una narrativa que desemboca en el mesías esperado, cuando todo lo anterior fue hecho para que llegara la figura de Putin al poder a convertirse en señor de la guerra, ese nacionalismo escapa a la demencia.
El texto y programa educativo básico de Rusia se modificó para que entre en escena el hombre providencial, el líder colocado por el destino, el hombre fuerte que va a restablecer el imperio (zarista o soviético) y que va a iniciar campañas gloriosas de conquista por las armas para conseguir sus objetivos a los que Rusia tiene sagrados derechos.
Putin sabe lo que hace y la educación es el medio de formar a los futuros seguidores de su idea, de su sistema, para ello usa los recursos modernos de educación. Las frases de pluralidad, inclusión, derechos humanos, democracia, se cambian por nuevas palabras como Rusia encima de todo el mundo, Rusia con Putin son lo mejor que nos ha pasado, y finalmente Rusia volverá a ser grande otra vez, sin importar cuanta guerra se tenga que hacer para lograrlo.
El mundo en la preguerra y postguerra, así como en los conflictos de los cincuentas y y sesentas mantenía una idea de educación “militar” una formación que adaptara a los niños y jóvenes a futuros conflictos bélicos y a prepararlos a dar la vida en caso de necesidad en la gloriosa tarea de expandir o defender las fronteras.
Obvio, este sistema educativo necesita crear los enemigos, los otros, los inferiores, los indignos de estar en el planeta y los europeos ahora son los criminales para niñes rusa.
Y por ejemplo en la Rusia actual al niño o niña apáticos a los discursos de la guerra, a las películas bélicas, a los “recorridos virtuales” por las geografías de los países “enemigos” o de posible nueva conquista, se van sumando ideas de preparación de una mentalidad de guerra, una idea de mandos indiscutibles, en que el superior debe acatar sin cuestionamientos. Se privilegia la obediencia ciega, por encima de otras cualidades.
Los alumnos de Rusia en festivales y ceremonias como los “honores a la bandera” reciben una carga doctrinal e ideológica que descalifica las versiones que no sean las oficiales. Los alumnos son animados a usar uniformes de las diversas fuerzas rusas, sean comandos, marina, aviación, todo en una parafernalia bélica.
Se contagia la idea que la guerra es la única manera de sobrevivir a este mundo.
La intolerancia se presenta. Los niños que no asimilan la idea que matar a los enemigos factibles son descalificados y segregados.
Para ofender el calificativo usado en las escuelas rusas actuales por la niñes: “Eres un ucranio”. Los alumnos y maestros que admitan reservas, dudas, o que den información fidedigna, pero no compatible con los planes oficiales son retirados y execrados, la historia y la versión oficial es dogmática.
El mundo creía que este molde ya había sido superado. Las ideas de marchas, música de bandas de guerra y de música militar, son utilizadas de manera constante para crear un ambiente pro-guerra.
La profusión de banderas, estandartes, parecen que lograron una regresión en el tiempo a 1930-1940, los años previos a la segunda guerra mundial, en que las doctrinas del darwinismo evolutivo y de selección de las especies, configuraron la idea de pueblo puros, selectos y superiores. Todos en su adiestramiento militar pensaban lo mismo.
Conjuntamente se alienta la idea de acondicionamiento físico para ser aptos para la campaña. El movimiento de “pioneros” los niños tipo scouts con pañuelo rojo, que fueron célebres en la Unión Soviética, regresan en un movimiento en que Putin es el máximo ídolo. Los fines de semana están ocupados cantando, marchando y gritando consignas.
La idea del triunfo, de lograr hazañas se enfatiza mediante medios audiovisuales, la promoción de héroes del pasado. Turquia, por ejemplo sin caer en el extremo ruso, fomentó oficialmente la serie Resurrección Urtugrul, favorita del presidente Erdogan, que se extendió por 5 temporadas largas de 70 capítulos.
Los valores de pastores turcos con ideas de crear un estado, de ganar tierras propias para prosperar, de erradicar a los cristianos bizantinos, a los mongoles, para cimentar una sociedad inspirada en la religión oficial islámica, que contempla los esfuerzos guerreros como de héroes o mártires de la historia de su país son sus padres patrios y su origen y son presentados como modelos a seguir.
Rusia vive el mismo momento pero más radical. Por ejemplo , tanques ligeros se acondicionan como “juguetes” para que los niños de 10 años o más, los conduzcan como algo natural, deseable el llegar a ser tripulación de un tanque de guerra, en parques de diversiones o festivales.
Quien sugiera que hemos caído en la exageración hay un completísimo reportaje del 17 de julio de este año, por Anton Troianovski, a 6 meses de la guerra que realizó el New York Times, “Putin busca formar una nueva generación de seguidores… en las escuelas” sobre el fenómeno y expuso cada resorte que se aplica en la formación de las mentalidades de los niños y jóvenes, con imágenes e impresiones durables que forjen ciudadanos guerreros que son superiores e imbatibles. Los profesores rusos saben que deben inculcar una ideología estatal a los escolares.
De hecho la fábula de la modernidad de que humanidad se robotize, opte por formas violentas y represivas contra sus vecinos, acepte la idea de la delación del vecino o del disidente que conozca es la cimiente de la creación de una generación nueva, beligerante y guerrera, no de creyentes de la democracia, sino de partidarios de la mano dura, de la solución militar como recomendable, ética y eficaz.
Y la denuncia y vigilancia de unos contra otros fortalece la dictadura zarista hay encontrar enemigos en todas partes y tener una guerra constante.
La educación moderna probablemente a nivel mundial pase revista a sus enfoques, de una manera u otra, busque fortalecer la idea nacionalista en sus ciudadanos, considerándo que el orden mundial exige otro tipo de actitudes.
Putin no descubrió el hilo negro, solo reflejo que representa un poder mundial en competencia contra otros poderes mundiales en el nuevo orden del planeta en que son excluyentes, y solamente va prevalecer uno. Así que a sonar los tambores de guerra por todas partes y si no lo comprendemos, no entendemos cómo va este siglo.
En lo relevante, Rusia llamó a 300 mil reservistas para contener la ofensiva de Ucrania y convocó a referéndums en la zona de Donbas en que tienen habitantes de misma etnia, pero la ONU negó válidez a esos referéndums bajo control ruso y organización invasora.
El nacionalismo ruso es de los más intensos, es una herencia de orgullo, de disposición al sacrificio por metas del estado o de sus representantes. Eso se presumió en la inauguración de sus Juegos Olímpicos de Invierno del 2014, en Sochi ofrecieron una revista de su nacionalismo y de su orgullo irreductible, cuando Rusia se había acercado a Europa. Incluso todo iba bien en cooperación aeroespacial entre rusos y occidentales.
En cambio, Ucrania modela la idea que la existencia de su país, de su soberanía y libertad demanda sacrificios similares para defender la integridad de su país. Es decir un militarismo de necesidad, implementado bajo la realidad de la guerra, deseada o no, es una situación que domina todo el entorno.
En Occidente, los Ejércitos demandarán una juventud con más fuerza moral, determinación, e identidad con los símbolos que los representen. Esto cambiará las tendencias de la educación, que se adaptará a la realidad actual.
Cómo se educa actualmente, muchas de las aplicaciones de Putin, son consideradas improcedentes, pero no en Rusia en que Putin usa su poder y la máquina de nivelar mentalidades.
La alegoría de los martillos de Pink Floyd, en el Muro, en que pierden el cerebro y la columna vertebral, es decir ni capacidad de pensar o de tener dignidad de postura erguida, quedan supeditadas a la nueva idea central. Los chicos de Rusia ahora pintan “Z” en sus muros y sus bancas y cuadernos, es la moda inducida, pero no se trata de un juego.
Tiempos que serían vistos con aplausos por muchos personajes que construyeron dictaduras en el pasado sobre teorías geopolíticas. Pero las acciones son las que conducen de nuevo a los caminos de crear los nuevos campos de concentración, o a inmensos cementerios anexos a los campos de batalla: No mieles de conquistas, medallas y riquezas, solo heridas que no cierran sobre todo en la mente.
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que A Fondo Jalisco no se hace responsable de los mismos.







