Gabriel Torres Espinoza
Resulta oportuno preguntarse, ¿son utilizados los incendios forestales como una estrategia ilegal para la expansión urbana? Resulta una grotesca realidad que los incendios forestales son manipulados en diversos países, como parte de métodos ilegales para sacar rentabilidad, mediante la urbanización paulatina de amplias extensiones de territorios deforestados.
Las organizaciones a favor del cuidado y la preservación del medio ambiente, definen como un ‘ecocidio’, a la destrucción deliberada de las especies animales y vegetales, en buena medida como resultado de un incendio provocado intencionalmente. Este tipo de quemas premeditadamentealentadas, son cada vez más frecuentes en el mundo, especialmente en aquellos países con una laxa regulación que no penaliza suficientemente este ‘ecocidio’. La presión por la especulación de áreas naturales protegidas, empuja a planear y ejecutar incendios para desmontar de árboles y vegetación con fines de negocio. Según el reporte aportado por la Interpol y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP), esta clase de delitos medioambientales se convirtió en el ¡tercero más lucrativo del mundo, superando al narcotráfico y la falsificación!, entre otros.
El 10 de abril del 2023, Milenio Jalisco publicaba que “en 2023 van 460 incendios forestales en Jalisco, Zapopan lidera con 106”. El 25 de abril, Mural destacaba que se suman más de 300 horas de crisis atmosférica. La periodista Violeta Meléndez documentó que, a esa fecha, “suman nueve alertas y dos emergencias atmosféricas que se han activado este año en Jalisco por causa de incendios forestales y de fábricas, cuyas emisiones han representado un riesgo a la salud de la población cercana” (Mural 25 de abril , 2023).
Con datos ciertos se puede afirmar, que la pésima calidad del aire en la metrópoli, se debe, fundamentalmente, a incendios forestales y fábricas. No obstante, todo el peso de la acción pública está sobre el automovilista, al que parece hacérsele único responsable de la mala calidad del aire que respiramos.
La intencionalidad en los incendios para ‘limpiar’ hectáreas de árboles y vegetación natural, y destinarlos a proyectos inmobiliarios, explica la recurrencia excesiva de los periódicos siniestros, que como otro daño colateral, nos arrojan las perores contingencias atmosféricas en la Zona Metropolitana de Guadalajara. El Congreso podría intentar atajar este descontrol de los incendios intencionales, creando normas que penalicen de forma más severa las quemasilegales con fines inmobiliarios. Por ejemplo, la ley de ‘Manejo de Fuego’, en Argentina, se propuso expresamente proteger “aquellos ecosistemas que puedan ser víctimas de incendios y garantizar las condiciones para la restauración de las superficies. También desalentar los incendios intencionales y la especulación financiera e inmobiliaria”.
De forma que se requieren soluciones preventivas de cara a una espiral de incendios que, están ocasionando las mayores contingencias ambientales. Que impiden, incluso, acudir a clases a los niños y jóvenes o trabajar en ciertas zonas de la Ciudad. Naturalmente, se precisa trabajar en metodologías para planificar las áreas devastadas por desastres, para evitar que se usen para la especulación financiera e inmobiliaria.
De acuerdo con lo documentado por el doctor ChristophNeger, investigador del Instituto de Geografía de la UNAM, experto en el estudio de los factores sociales asociados a las igniciones , “en los últimos años ha habido un aumento de incendios intencionales, donde no es un accidente ni por negligencia, sino que alguien causa un incendio a propósito para poder hacer un cambio de uso de suelo, por ejemplo, para desarrollos inmobiliarios, ampliar la frontera agrícola, e incluso para la siembra de sustancias ilícitas. Puede ser simplemente un acto de vandalismo o puede ser por algún tipo de conflicto”. El académico advierte que esto ocurre, sustancialmente, por un problema de la ‘debilidad del Estado de derecho’. Lo paradójico es que el fuego se continúa usando como herramienta efectiva para presionar el cambio de uso de suelo forestal, para la especulación inmobiliaria del territorio.
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