
Por Manuel Gutiérrez
El Cuento del Mago de Oz, tiene su origen en la economía, es un cuento relativo al oro, y es la figura del Mago de Oz la que mejor queda para exponer a los defensores del oro. La literatura modificó a otros personajes que buscan superarse, el León cobarde, el hombre de lata, y el de paja, todos ellos representan símbolos económicos pasados a la literatura.

Tiene su razón en el llamado “Crimen de 1873” así se llamó la ley en que en Estados Unidos se impuso el patrón oro, luego de una lucha que incluyó una campaña presidencial en que se enfrentaron los ciudadanos por única vez en la historia, por causas monetaristas como fondo de campaña.
Resulta que esa fecha fue determinante para omitir el patrón de monedas de plata en los Estados Unidos.
Frank Baum escribió en 1900, entonces el Mago de Oz, que significa realmente que Dorothy es el pueblo bueno, arrastrado por el tornado monetarista favorable a la plata, OZ es la abreviatura de onza de plata y la perversión se plasma en el Mago farsante que carece de poderes, sólo fastuosos efectos, acumulativos de oro, representa a Washington.
Para los estudiosos, México figura entre las causas de depresiones en el mundo por su economía. La primera de ellas fue el efecto de nuestros diez años de guerra de independencia nacional, causaron una baja mundial de metales preciosos por veinte años. En atisbo del futuro.
La guerra de norte y sur en Estados Unidos provocó una gran depresión curada mediante la plata por la Ley Sherman de bimetalismo, y una dura recuperación del Sur, porque todo el viento se llevó.
En 1848, comenzó la fiebre de oro. En el molino Sutter cerca de San Francisco, California se encontraron pepitas en el arroyo, el resto es locura, sólo un 10 por ciento de los prospectores se enriqueció.

El oro es enemigo del medio ambiente y se desolaron bosques para crear las No Name City, se despoblaron las ciudades de California.
Los 49 Ers de San Francisco de la NFL representa la fiebre de oro que fue reconocida por Washington en ese año. Por ello el casco dorado, lo rojo de la bandera de California y la fortuna extendida a Colorado, sueño de oro americano.
La receta se repitió en Klondike, Alaska con yacimientos menores, pero no menos escandalosos, muchos sólo ganaron tres metros de tierra. Dejaba más vender servicios a los gambusinos.
Y a la par de los diamantes, surgió en oro en Sudafrica. Oro incrustado en roca, que por poco causa la quiebra de Sudafrica, ya que no podían extraerlo de las rocas, con las acciones por los suelos y a punto del abandono pero la Providencia o el Diablo, vino una solución.
McArthur y dos médicos patentaron un método que se aplica a la fecha, la cianuración, origen de la African Gold Extracting, cianuro venenoso nombre es ominoso para la ecología, el oro no se destacado por eso rasgo, pero lo libera de la roca.
Sudafrica se salvó con esos métodos por poco se hunde el sueño de Cecil Rhodes. El oro causaría hasta la guerra de los Boers entre otras causas de choque con el poder británico.
A la par el oro encontrado en Australia por George Harrison, en los bosques próximos a Melbourne, un hallazgo tipo california. Con el oro emigraron personas respetables a Australia y dejó ser una colonia penal de 45 mil confinados, a un país nuevo y abrieron incluso la explotación en Tasmania, que era la peor pena ser enviado a ese primitivo y salvaje ambiente, se salvó también. Fue el lado bueno de la codicia.
El oro había quedado firme en el mundo desde la comisión del lingote de 1810 en Inglaterra y en las prédicas de David Ricardo, pensador económico judío. La moneda en el mundo se definió por la cantidad de oro en resguardo. La producción creciente impuso su concentración en reservas.
En Estados Unidos, enfrentó al candidato demócrata William Jenkins Bryan por la plata y al republicano, William McKinley por el oro, en un campaña en que se votó por el patrón plata u oro.
Bryan era un colosal orador y sus discursos aún tienen vigencia, se anticipó a su tiempo. Pero el ganador fue McKinley ya que los norteamericanos, influidos por la lógica protestante, identificaron al oro con la estabilidad.
La plata en tanto se afea y abulta para las transacciones. Pero distribuye el poder de convertibilidad, en cambio el oro la concentra.
Esta batalla llevó a la acusación de que el mundo estaba dominado por dos familias judías, los Rothschild en Inglaterra y Europa que se asegura tenían 1,600 millones en oro y J. Pierpoint Morgan, millonario y su cerebro el economista hebreo August Belmont, en Estados Unidos.
Morgan se convirtió el control y poder de la presidencia de los Estados Unidos, en la época de Cleveland. Pero su poder para salvar el patrón oro, se manifestó en pleno en las depresiones.
Esto llevo a debates congresionales en que se declamó “El Mercader de Venecia” de Shakespare, sobre el judío Shylock, y para el estadounidense de la época, el mundo estaba en manos de los vampiros financieros judíos que entre Wall Street y Londres.
Estados Unidos sufrió grandes depresiones con todo y el oro. La etapa post guerra civil, que superó con el patrón plata Ley Sherman, acentuado el desastre en el Sur.
El Banco de Inglaterra invirtió en Argentina, en una especulación colosal, que terminó como la crisis de Baring y puso en riesgo al oro y al Banco, de tanto capital que pusieron en Argentina, a la que imaginaron paraíso perdido.
Rothschild los salvó cuando la fuga de oro era terrible, el Barón puso la nave inglesa a flote. Sin estos padrinos, el patrón no hubiera funcionado.
En tanto en Estados Unidos a final del siglo XIX el salvavidas era JP Morgan. Lo hizo unas 4 veces, La etapa posterior a la Primera Guerra mundial fue un desastre en Europa, pero una gran ganancia en Estados Unidos. Nuevamente se asociaron los centros financieros de ambos lados del océano y ganar con los rescates.
La gran depresión de 1929 en Estados Unidos fue eminentemente bursátil, porque imperó una locura especulativa en la gente que pedía prestado para comprar bonos, las emisiones se lanzaron alegremente y ni el aumento de interés en préstamos de ese tipo, detuvo esa fiebre; la gente hipotecaba para invertir en acciones de riesgo.
Cuando los valores fallaron, las emisiones bajaron, todo se vino a pique es el momento descrito por J. Steinbeck, en “Uvas de Ira”: Desocupación, industria y comercio parados, hambre y la crisis pasó a Europa tocando hasta Austria, Hungria, gran parte del mundo.
La historia es conocida, pero el oro quedó consagrado de nuevo, gana el Mago de Oz.
El gran caso de Magia de Oz, se dio en España siglo XX. Los republicanos y las Brigadas Internacionales en su retirada y viendo que “no pasarán” era sólo un un deseo, ante el ataque los Nacionales, decidieron que el oro del Banco Español pasara a Rusia, a Joseph Stalin, quien se quedó calladito con las 130 toneladas de oro de la reserva española.
Stalin amaba el oro. Las minas de los Urales, que se explotaron con los Zares, no produjeron ricos emprendedores, ya que el oro era del Zar, y los mineros sólo siervos sin derechos; la producción fue inferior a otros lugares del mundo. Ya en la época socialista, los mineros eran servidores de la nación, el oro del Estado. Mal negocio ser minero en ese sistema, encuentras oro y mueres de hambre.
Francisco Franco, fue obligado a ser Mago de Oz, con una peseta que en el club del oro, valía cero. Y en una alianza con el Banco de España, fingió entre humo y truenos, que era poderoso, que contaba con oro. La leyenda dice que hasta puso lingotes de plomo pintados de dorado, escoltados ferozmente en plaza pública para que vieran el oro de España que en realidad estaba en la URSS. Pero en finanzas, creer es mucho, o todo.
En la restauración España emprendió el despegue de iniciativa privada, inversión extranjera, promoción de turismo, exportaciones hasta de Brandy, Toreros, Clérigos del Opus Dei, Banqueros, Cantantes de todo tip y Futbolistas y Cine.
Poco a poco restauró el plomo por oro y ya para los sesentas, España volvió a ser propietaria de oro, buen mago Franco hizo creer que tenía oro.
En Estados Unidos, otro salvador del patrón oro en la década de los sesentas, fue Bernard Baruch, otro plutócrata judío que relevó con su consorcio bancario, el papel de Morgan. Los Rockefeller no figuran en estas actividades, más bien invierten en industrias y ferrocarriles y petróleo algo en banca, pero eran magnates judíos no seducidos por el oro.
El perverso metal que sedujo a Jasón, a Midas, a Creso y a Craso en la antigüedad, encanta. Pasarán las épocas, pero la historia, espera más magos de Oz, siguen teniendo sus narradores como Greenspan. El oro es por mucho orfebrería de uso cotidiano en la India, país que más la consume, pero es también un instrumento de valor sólido y eso sigue contando.
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