
Por Pablo Carranza
Los jóvenes hoy tal vez no hayan escuchado sobre la KGB, ese terrible organismo de espionaje y control que se instauró en la Unión Soviética para vigilar y descubrir a los “enemigos del estado”, en una de las dictaduras más abominables de la historia humana. En la KGB inició su carrera el genocida Vladimir Putin, para que se den una idea.
Y el recuerdo de esa macabra policía secreta (que vigilaba a todos los ciudadanos soviéticos y metió a la cárcel a centenas de miles durante décadas, o los desaparecía, ante la más mínima sospecha), me viene a la mente cuando me entero que en una escuela preparatoria publica de la zona metropolitana de Guadalajara, la directora va a instalar ¡cámaras de vigilancia en los salones!
Pensé entonces que era una ocurrencia de una funcionaria sin experiencia y capacitación, que no tiene ni idea de las consecuencias legales en las que puede incurrir, no solo porque eso significa un descarado acoso laboral a sus docentes, sino también una violación a la privacidad y a la intimidad de los adolescentes, lo que está muy estrictamente prohibido por la constitución y las leyes de ahí emanadas.
Y luego me dije que tal vez la promotora de esta desquiciada idea pueda tener algún problema como de paranoia e imagino entonces cómo será su administración y cómo las autoridades educativas no se percatan de que le falta un tornillo y la mandan a su casa o la sientan en una oficina administrativa archivando papeles para que no haga daño.
Pero luego entonces me llega otro pensamiento y me pregunto si esa acción no responde a un plan mayúsculo de espionaje gubernamental que busca luego replicarlo en todas las escuelas para poder detectar a los “enemigos del estado”, como hacían los soviéticos, o como lo hacen los chinos y los norcoreanos. En mi imaginación novelesca tejo la trama de un complot político en medio de la rebatinga electoral que se avecina. Espero que nada de esto tenga que ver.
Como no se bien cuál es la intención de esa pervertida acción de convertir a las aulas de los estudiantes en “las casas de los famosos” o en los “big brother”, (nefastos programas, dicho sea de paso), me sentaré a ver cómo alguna autoridad sensata de la SEP la pone en paz, o, si se sale con la suya, cómo le lloverán demandas laborales de los maestros en la Secretaría del Trabajo (violará la norma 35), protestas de algún sindicato libre y demandas penales de los padres de familia y ante la Comisión Estatal de los Derechos Humanos.
Ojalá que alguien apague la mecha de este barril de pólvora.
*Psicólogo y periodista.
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