Por Pablo Carranza *
Me dice un maestro en el bachillerato que todos los días siente que va por un campo sembrado de minas explosivas, porque teme que alguna alumna pueda arruinar su carrera -y su vida- con solo acusarlo de acoso sexual falsamente.
Y es que, por supuesto, nunca falta el directivo, maestro o administrativo acosador depravado, al que sí debe sancionarse separándolo de su cargo o hasta con prisión, si lo amerita.
Sin embargo, en algunas escuelas se están registrado casosdonde el maestro es realmente la victima de alguna alumna que le inventa cargos en venganza por la mala calificación, y luego llega el colmo de que la familia de la colegiada le exige dinero para retirar la acusación.
Se han visto casos donde la denuncia es promovida por algún directivo que busca mezquinamente correr al docente para darle su puesto al pariente desempleado. O el caso de una coordinadora amargada que instiga al linchamiento mediático de los que puede, porque vivió malas experiencias en sus relaciones y ahora odia a los hombres solo por su género. (Para algunas mujeres enfermas solo hay dos tipos de hombres: los violadores y los homosexuales).
Existen casos totalmente inverosímiles y absurdos, y sin embargo el llamado Protocolo Cero se activa e inicia el calvario para el docente: cambio de escuela, reducción de salario al mínimo indispensable y después de meses lo declaran No Culpable. Pero el daño ya está hecho y sobre todo el daño moral, que lo puede llevar al divorcio, la depresión, la ansiedad y hasta al suicidio.
Por otro lado, me parece perversa la frase que dice que quiendefiende a un acosador sexual es porque también es unacosador. Por temor a ser señalados muchos callan y el acusado queda totalmente indefenso, aislado, convertido en culpable hasta que demuestre su inocencia.
Los altos mandos de las instituciones educativas deben prestar especial atención para que los órganos de control interno, encargados de estos casos, tengan personal profesional suficiente y altamente capacitado, con todos los recursos necesarios para una operatividad muy ágil (los casos están tardando meses), que llegue al fondo en cada caso, que se investigue minuciosamente y que se haga justicia: castigo al culpable y resarcir el daño al inocente.
Es aquí donde los sindicatos de maestros y administrativosdeben ser la primera línea de defensa, involucrándose en la investigación, garantizando la implementación del debido proceso, exigiendo la presentación de pruebas y la imparcialidad de los jueces, basados en la premisa de que todos somos inocentes hasta que se pruebe lo contrario.
Que se retiren las minas de los centros educativos y solo queden francotiradores honestos, profesionales y justos, que puedan detectar, con precisión milimétrica, al maldito acosador y lo eliminen de un tiro, sin daños colaterales.
*Psicólogo y periodista.
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