
Por Manuel Gutiérrez.
Miguel de Cervantes, dejó uno de sus brazos en la batalla naval de Lepanto, y se puede considerar la última victoria lograda en la cruzada de defensa de la Civilización Cristiana Occidental, con todo lo heroico que eso pueda implicar, pero los efectos geopolíticos distaron mucho de ser trascendentales, como debe ser luego de lograr una victoria que debió cambiar el mundo.
Para los turcos, la batalla fue llamada Inebathi, en tanto que la contienda fue en realidad en aguas mediterráneas de Grecia, llamadas Mar Jónico por los de casa.
Para ese fin, se respondió como cuando las cruzadas, aunque no se contabiliza como parte de estas. En las aguas del golfo de Patras, cerca de Naupacto, llamada por los españoles Lepanto, fue este encontronazo entre el Islam representado por los turcos, principalmente y argelinos.
La cristiandad estuvo representada por Felipe II, con el enorme imperio español, el mayor de su tiempo, la república de Venecia, y el papado. La fecha fue el 7 de octubre de 1571, exactamente 50 años después de la conquista de México.
El mundo islámico se hizo sentir por su presión sobre puertos y rutas comerciales del Mediterráneo, en que el poder creciente de los Turcos, representaba la avanzada del Islam, siendo en su tiempo los mejores guerreros, superiores a los árabes.
A este conjunto se le unieron Bereberes, otros piratas de levante, (Norte de Africa) que se significaron por la amenaza marítima que puso en jaque a la civilización occidental. Los turcos presionaron por tomar La Valeta, pero su asedio fracaso, así como las islas de Chipre y Nicosia.
La batalla si tuvo dimensiones impresionantes para la historia, con 500 barcos de guerra en acción, de los cuales se hundieron 200 barcos otomanos, en tanto que las fuerzas occidentales lograron movilizar las galeras de España, y de los preocupados comerciantes de Venecia, lo que alarmó al Papa.
La galera, no era como los galeones, impulsada por el viento, sino que dependía del antiguo sistema de remos, tenía que llevar una gran dotación de remeros, que se agotaban al extremo y simplemente morían en ocasiones de fatiga.
Ser remero, no era nada atractivo en esa época, además de enfrentarte al riesgo de morir ahogado, eran encadenados,o morir bajo el fuego griego –una especie de napalm de los antiguos, originada en Constantinopla, razón de que sobreviviera mil años de asedios hasta que llegó Mehmet, a conquistarla en la mayor gloria para los sueños cientos de generaciones de turcos, el fuego griego era una mezcla aceitosa pegajosa ardía incluso en el agua.
El almirante de Lepanto, fue el otomano Ali Baja, en tanto que Don Juan de Austria, de gran gloria, era el máximo comandante de los españoles, venecianos, italianos y europeos alistados al evento por la llamada pontificia.
La batalla fue colosal, en cuanto a desplazamientos de las naves, formaciones de ataque y defensa –a fuerza de remos y algo de viento- así como audaces ataques con las proas blindadas y abordajes para combates con espada contra la cimitarra, flechas, fuego, y el inicio de armas de fuego de corto alcance, tales como los arcabuces, así como las culebrinas, que eran cañones de bajo calibre.
Para los creyentes, fue una batalla metafísica, unos luchando por la causa de Dios y el Diablo, representando por los turcos. (Para ellos era exactamente al revés). La exaltación de la fe, fue uno de los motores del éxito, lo que tocó las fibras y la nostalgia de las cruzadas que habían sido nueve, con un marcador de 5-4, perdió occidente, aunque algunos historiadores les dan un empate y restan un triunfo.
El Papa de la época, era Pio V, que sería autor de grandes aportes en materia dogmática. Este supo influir como en el pasado que Dios quería esa movilización que resultaba tan poco atractiva en su época, porque lo naval, era visto como un subgénero de heroísmo, no era tan atractivo.
Simplemente las armaduras y aditamientos de época, daban miedo de caer al agua, ya que con 4 kilos, basta para hundirte, más el balanceo y los mareos y los espacios muy reducidos de combate.
La batalla naval no era favorita, pero respondieron al llamado, por ofertas de perdón e indulgencia de los pecados, pero en lo geopolítico, el asunto era grave: Los otomanos hubieran derribado la civilización europea de ese momento, así que España hecho mano de sus marinos, los mejores del mundo en ese siglo, y los venecianos, en realidad por sus temas comerciales y la necesidad de tener a salvo sus negocios mercantes en barcos.
El asunto se convirtió también en una gran celebración mariana del mundo de entonces, porque se rezó un fervoroso rosario antes de la batalla que tomo todo el día desde temprano hasta ponerse el sol, con pavorosos choques y alardes de arrojo de los participantes, lanzados al combate por la ideología. Con el triunfo se instituyó una fecha mariana de abolengo, la de Nuestra Señora del Rosario, primero llamada de la Victoria, que data de ese acontecimiento.
La Santa Liga, como le pusieron los occidentales a su bando, en tanto que los islámicos les llamaban mártires y santos a sus caídos, estaba formada por 206 barcos –los españoles eran minuciosos en los registros navales, con 75 mil hombres, entre ellos tercios, infantería de marina que muchos dicen se fundó en ese momento, las bajas de los otomanos fueron de 30 mil hombres de turbante dados por muertos.
Con Juan de Austria, pasaron a la gloria naval, Agostino Barbarigo, Juan Andrea Doria muy destacado (italiano) y Alvaro Bazán, con registros de quién hizo que durante la batalla, y por el lado turco el almirante era Ali Baja o Pacha, Mehmet Sirocco, Uluch Ali, ( Euldj) monarca argelino, para enfrentar con 75 mil hombres, y 272 barcos galeras, y cosas parecidas, a la flota cristina.
Los turcos intentaron –las pinturas de la época muestran un masacote de embarcaciones ardiendo, hundiéndose y no quedaba espacio ni para el mar- los turcos quisieron atacar por los flancos, pero el fuego más preciso de Juan de Austria y de los venecianos que finalmente se portaron bien en la batalla, pero el concurso de Bazán y de Andrea Doria, dieron el triunfo final siendo la gran hora de gloria de la Orden de Malta, que sumó su mejor hazaña, en la batalla naval.
Las cifras de los vencedores tuvieron 8 mil muertos, incluso el herido Miguel de Cervantes, pero hubo un botín enorme con 120 barcos capturados, de esa batalla. Miguel dijo con gran orgullo por haber cumplido como caballero: “Lepanto fue la más memorable y alta ocasión que vieron los siglos, ni esperan ver los venideros”.
Tenía razón en cuanto a que esta batalla no fue superada por número de barcos, ni por Leyte, en el Pacífico, ni por las batallas del Atlántico, en cuanto a números de barcos de superficie enfrentados en la segunda guerra mundial. Arriesgaron todo por el ideal de conservar su forma de vida y sus creencias. Si bien fue una gran derrota, no era el final total para los musulmanes.
A bordo de la fragata Sol, Miguel fue capturado por los argelinos que lo tomaron cautivo, ya de regreso, en 1575 logrando ser liberado por rescate económico de la prisión en que sobrevivió a cinco años de cautiverio que junto con su experiencia militar y sus ideales religiosos dieron forma al Quijote en que incluye la batalla, como en el prólogo de las Novelas Ejemplares.
Miguel fue recaudador de impuestos y sus subordinados lo salpicaron, de malos manejos los biográfos lo ubican en la prisión de Sevilla, por errores de sus colaboradores las cuentas no salieron y lo metieron al bote temporalmente, pero en Argelia vivió la esclavitud, por eso el Quijote amó tanto la libertad.
Pero nada comparable al cautiverio de Argel: “No pude al llanto detener el freno/ y sin saber lo que era/ me vi el marchito rostro de agua lleno”/ fue capturado por el pirata Dalí Mamí, los prisioneros eran encadenados, sujetos a cepos. en que había pese a la victoria, 25 mil cristianos cautivos, resultado de batallas como Famagusta, que masacró venecianos y eso pese la enorme victoria de Lepanto. Sin ella los turcos y aliados nos hubieran modificado la historia.
Incluso hubo clérigos prisioneros que oficiaban la misa, cuando lograban reunir una colecta atractiva para los argelinos los presos. Cervantes se siente cautivo en un mundo de turcos, moros y judíos, con muchos de ellos conversos desde niños por la fuerza, educados por los jenízaros y otros jerarcas, y volcados a atormentar a los cristianos ( la cuña ha de ser del mismo palo) incluso practicando el alcoholismo en exceso, pese a la prohibición del Corán y con una sexualidad extrema, que favorecía lo de Sodoma, pero eran peores que los mahometanos de nacimiento.
Ver ese mundo por dentro abrió los ojos de Miguel al gran drama de la humanidad, le costó mucho pero lo hizo completo y sensible, conocedor del alma humana a fondo.
Cervantes intento fugas que fracasaron, pero no fue mutilado por considerar que era rico y noble y representaba una “lana” para los captores como en los tiempos modernos con la “maña”.
Terminemos con las desventuras de Don Miguel, y pasemos a los errores geopolíticos.
Muere Pio V, en su ausencia, Venecia vuelve a las mañas bajo intereses mercantiles y pacta con los turcos de la Sublime Puerta. Es decir, el haber ganado Lepanto, si bien salvo a la civilización, no consumó un fruto geopolítico de la victoria. Ya era el renacimiento, no la edad media.
El rompimiento de la Santa Alianza, con los ducados de Saboya, y otros, trajo por fin negociaciones que aceptó Felipe II, de España porque el problema que se avecinaba ya era mayor que el asedio del Islam; era el reto de los protestantes en los países bajos e Inglaterra.
En lugar de seguir a Turquía, España enfrentó un rival más peligroso y de Europa, originaría cruentas batallas de tierra y de mar, en Flandes, pero eso ya es otra historia.
España aceptó negociar con el poder turco vencido, terminaron las amenazas argelinas y bereberes a las costas de España, y eso relativizo la victoria.
Para el siglo XVII, la piratería inglesa era una pesadilla para España, aunque les dio escarmientos y no eran malos marinos, ni soldados, mucho se arriesgaron los filibusteros y terminaron en manos de la justicia de la época, que era cruel, no sólo por España, lo era por todo el mundo
Igual que las cruzadas, Lepanto sirvió mucho y poco. El fin ideal se logró, pero no se hizo factible que la consecuencia fuera de dominio efectivo durante un largo periodo o que se tomara ventaja imponiéndose en Turquía. No se reclamaron los premios mayores ya era otra era. Además que podían pedir ante el mundo musulmán.
Venecia, pese a la mitad de los muertos suyos en Lepanto, pactó anticipadamente con los derrotados, por su burguesía insaciable de riquezas, que antepusieron al orden mundial que vislumbró Pio V, aunque ya no era la edad media de menos formó la Santa Liga y el rosario logró un milagro militar.
Los reinos “cristianos” lo eran más de nombre, sólo España jugó todo su imperio a la fidelidad religiosa, pero Cervantes fue feliz de haber vivido esas experiencias tan fuertes, por el ideal y honor de caballero que marcaron su vida y su obra inmortal y sin las lágrimas y dolor, no hubiera sido la mayor pluma de la historia en castellano y siendo manco.
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