
Por Manuel Gutiérrez
En 1979 era el Comandante Sergio Ramírez. Comandante es un concepto jerárquico que dice mucho, que en la jerarquía revolucionaria, puede no ser nada. Parece título nobiliario del populismo.
Eres Comandante facultado por la revolución sandinista, pero en el momento en que la criticas, que llamas dictador a Daniel Ortega, en ese lapso te conviertes en exiliado, era “traidor y contra-revolucionario” una nueva excomunión política que pretende sepultarte vivo.
Sergio Ramírez fue condenado en sentencia y ausencia por el Tribunal de Apelaciones de la Circunscripción de Managua. Había llegado en la ola revolucionaria que derrocó al presidente Anastasio Somoza, con una larga estancia en el poder público en Nicaragua, pero solamente cambiaron un dictador de la “derecha” por un dictador de la “izquierda”. El pueblo siguió en la pobreza, pese a los miles de muertos, pero en todo, dictador al fin.
Y con los mismos vicios, enriquecimiento ilegítimo, nepotismo, apoderamiento de toda empresa y actividad privada que fuera lucrativa, todo pasó a manos de Daniel Ortega, y su mujer Rosario Murillo.
Esta feroz dictadura, hizo que Sergio Ramírez se refugiara y viva en España, y sabe que es “imposible volver, es saberse exiliado” dijo en una entrevista para Laberinto, de Milenio l 23 de marzo del presente año 24 concedida en Madrid al periodista Carlos Rubio.
Sergio dio su opinión sobre las guerras de Ucrania y de Oriente Medio, así como la convulsionada América Central y Sudamérica.
“Se libra una lucha muy dura entre autoritarismo y democracia. En la mitad del mundo se está acelerando el autoritarismo. Las opciones electorales son solo puentes para que los candidatos autoritarios (Putin, en Rusia) se entronicen en el poder y después nieguen el juego democrático.
“Pero confió en que la cordura democrática va a terminar imponiéndose a los intentos autoritarios”.
Responsable de coordinador la presencia de España en la FIL de Guadalajara, alabó la presencia de plumas de diferentes generaciones, lenguas diversas, y los escritores latinoamericanos ( que por confrontar dictaduras viven ahora en España) o que tienen doble nacionalidad.
Sobre su país Nicaragua, que ha llegado al extremo de destacarse no solo como anti-democráta, sino como persecutor religioso declaró: “ Es una situación que no le veo salida. Necesitará tiempo. Depende de quienes puedan encontrar las soluciones puedan hacerlo o no. Pero en un plazo inmediato no me parece que estemos en una solución democrática en Nicaragua”.
Sin dejar de seguir en su país con su imaginación construyó su más reciente novela “Caballo Dorado” sobre una princesa rusa que regresa a Nicaragua y como símbolo de la civilización lleva un carrousel todo esto a inicios del pasado siglo XX.
Sobre el contexto de los escritores latinoamericanos opinó: “ En América Latina, los escritores nos movemos en una realidad alterada por la corrupción política y fenómenos contemporáneos. Antes eran las dictaduras y hoy es el narcotráfico, el crimen organizado, las nuevas dictaduras de nuevo cuño (Populistas y Socialistas) el autoritarismo, la migración masiva a los Estados Unidos, fruto de la pobreza y la inestabilidad. Este el barro con que se amasa la literatura latinoamericana y en particular la Centroamericana. Sin embargo la realidad fluye a la novela, la novela no fluye a la realidad”.
Expuso: “ La literatura y libertad de creación sin sinónimos, y uno debe buscar los temas donde está la literatura, no la política. La política la atraviesa como elemento literario, y asi surge la necesidad de imaginar mundos”.
Pero imaginar mundos hay reglas que observar según Sergio: “La invención debe tener solidez, que da credibilidad a la ilusión. En la novela hay personajes inventados, pero también reales. Hay gran diversidad de métodos para hacer una novela, pero no se puede ser arbitrario con la mentira. La mentira debe ser creíble, porque si no cree, la novela no funciona, la ilusión debe tener realidad comprobable” dijo sobre su búsqueda en archivos del siglo XIX y XX en que basa su novela con la rusa María Alexandrovska, que regresa a Nicaragua, con su simbólico aparato, un carrusel que da vueltas, que regresa a Nicaragua, lo que el autor no puede hacer.
Con facilidad descubrió la diferencia entre literatura y periodismo: “Si uno va a contar un accidente a las 5:15 de la tarde, tuvo que ser como fue. No se puede cambiar el nombre de la calle, la víctima, la marca del coche, en el periodismo hay un compromiso con los hechos, en la literatura se tiene la libertad de mentir”.
El lenguaje es variable y se adapta al contexto. Si se usa la descripción de un envenenamiento: “ Hay que buscar un lenguaje forense. Si se habla del mecanismo de un carrusel, se tiene que usar un lenguaje técnico. Así cada voz, se le da al personaje, hay que saber repartir los papeles”.
Sergio pagó una deuda de inspiración con Anton Chejov en su obra en el tratamiento de los personajes, como el príncipe jugador arruinado en su Caballo Dorado.
Pero su historia comenzó como narrador desde 1963, muchos antes del triunfo sandinista. Hizo “Charles Atlas también muere” y la célebre “Baile de máscaras o Margarita, está linda la mar” con lo que se logró consagrarse en el ambiente de las letras hispanoamericano.
Un poco de Carlos Fuentes, pero también un mestizaje cultural y un rechazo vehemente a las dictaduras, son su constitución: “ España es territorio de América Latina, y América Latina, es España” dice sobre la literatura que se dio en el interminable encuentro cultural de dos continentes. “Lo importante es que leamos a los españoles acá y a los latino-americanos, en España; aprendamos a leernos más” su reflexión es valiosa y universal.
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