
Por Manuel Gutiérrez
La más reciente subasta de una pintura de gatos con rasgos humanos de Louis William Wain, llegó en Londres a 323 mil libras esterlinas, una acuarela. ¿Lo sabía usted? Yo tampoco.
Este hombre inquieto, multifacético fue boxeador, inventor, apasionado por la electricidad, dibujante de las formas animales extremo en perfección e ilustrador de medios londinenses de gran valor. Su arte y toque para retratarmascotas de los Lords y Ladys, le dieron medios para vivir, pero incluso intentó componer ópera.
Su vida un tanto excéntrica, alcanzó un gran momento de realización cuando descubrió el amor en la persona de su institutriz, una culta mujer 10 años mayor audaz y determinada a romper los convencionalismos sociales para bien, llamada Emily Richardson, que fue contratada para cuidar y formar a sus hermanas. Louis transgredió las normas al “descender” a cortejarla, pero lo mejor que pudo hacer su vida. La sociedad victoriana se vomitaba de saber de esa inusual relación.
Provista de una actitud moderna, Emily no dudó en ser fiel a su estilo personal, contrariando a la sociedad victoriana. Al interesarse Wain, por ella, llevarla al teatro, y departir con ella socialmente, causó otro escándalo en la formolísimasociedad victoriana, por el olor rancio a formol, no por formalista, otro sello distintivo.
Emily acompaño a Wain durante tres años, un poco más de 900 días y murió. En ese lapso en un paseo encontraron a un gatito blanco y negro mojado, y lo rescataron y finalmente lo llamaron “Peter”. Otro encuentro que marcó su vida
Wain descubrió sus intereses por el mundo felino, por medio de ese gato que lo conquistó y era parte de la dicha lograda.
Primero comenzó a retratar al felino en poses características, pero influido por la idea de la electricidad, el consideraba que esta fuerza física era representativa de las emociones, y por tanto del amor y lo que tiene vida, debe ser eléctrico, para sentirse y llegar más lejos le dio nuevas formas a los felinos.
Su éxito con este tipo de imágenes, lo llevó a jugar y a darles carácter humano a los gatos que de pronto representaban a un tipo real de la alta sociedad británica, no como sátira, sino como un retrato de lo interno del Lord, al mismo tiempo que la capacidad de sublimación de la forma felina.
Sus gatos jugando cartas, especulando finanzas, fumando y bebiendo, gatos expresivos, emotivos, crearon una moda que se popularizó por medio de carteles, calendarios, y otros tipos de obras populares.
Al mismo tiempo su capacidad de pintor comenzó a explorar como si hubiera tomado LSD, con unos gatos psicodélicos, solo que en su tiempo no había LSD por lo menos sintetizado y Wain no fue adicto a las drogas, ni fumaba, ni tampoco fue afecto al alcohol.
Lo psicodélico, dio lugar a cierto surrealismo en las líneas definidas de sus felinos, que podrían estar muy de moda hoy mismo en el siglo XXI. Pero sus gatos sin casi reales, impresionistas pero los gatos de su ultima etapa eran modernistas.
No era adicto a las drogas, simplemente estaba enfermo de esquizofrenia, era a no dudarse un autista, no diagnosticado, por sus obsesivas manías. Hoy como Van Gogh, es sujeto de estudio de los especialistas psiquiátricos que buscan explicaciones.
El deceso de su madre y de su hermana Caroline, por posible gripa española en tiempos de la gran guerra lo afectó pero el destino le envió la institutriz que le cambió toda la vida y que determinó su manera de pintar.
Los especialistas médicos estudian los informes clínicos de los hospitales en que habitó y algunos hablan del síndrome de Asperger, otros más lo consideran bipolar. Un Van Gogh, pero inglés y no tan extremo.
Lo cierto es que su manía de mover de lugar sus muebles acentuó crisis de violencia que motivaron que fuera recluido en un hospital para pobres de tipo psiquiátrico. El doctor inspector de esa clínica lo encontró y recordó un retrato veloz que hizo de su perrita Cleopatra, cuando viajaba en tren a Londres, y trabó amistad con Wain.
Wain, en visible depresión, sin espacios abiertos, sin paisajes sin colorido, lo peor sin permitirle gozar de la compañía de algún gato, vegetaba y sufría, por lo que comenzó su rescate.
El doctor informó de su hallazgo, y comenzó una petición de ayuda a la sociedad inglesa, a la que se agregaron sus hermanas, pero la sociedad toda respondió al llamado, siendo confinado a una institución más adecuada, moderna y saludable en que pudo seguir pintando y encontrar la muerte mientras paseaba, y el paisaje se tornó psicodélico, era su final. Una de sus hermanas también sufrió enfermedad psiquátrica.
Muchas de sus obras, son intrincadas representaciones de lodivino, con belleza, con un fondo de gato.
Son verdaderas “mandalas” es decir formas geométricas entrelazadas y caprichosas en que el colorido de los gatos y sus expresiones, los harían dignos de la colección Wahrol, o del Museo de Arte Moderno de Nueva York, sin un solo titubeo.
Son modernísimos sus diseños de gatos, como también parecen ser de arte de la India – en dónde no estuvo nunca- o de país árabe con su elegante caligrafía. Intrincados, obsesivos.
Sus pinturas naturistas son explosiones de colorido, reflejos de lo que consideraba parte del paraíso, tal vez el perdido por John Milton. Wain, incluso podría desdoblar la dimensión, el color, la luz, la composición, y en algunos casos enriquecerla con vivos matices, tuvo otra percepción.
Un genio, sin duda. Peter el gato silvestrino, como mi difunto Andrés, le dio un pedazo en la inmortalidad al comenzar a retratarlo. El gato lo dominó y lo invitó a la dimensión felina pero su capacidad de arte, encontró esa vía de expresión.
Esos dibujos ahora tienen un valor altísimo. Estudio en la West London School of Art.
Wain nació en 1860 y murió en 1939 fue sepultado en el cementerio católico de Santa María.
Uno de sus grandes amigos fue el genio H.G. Wells, que dijo: “El inventó un estilo de gato, una sociedad de gatos, un mundo entero de gatos. Los gatos ingleses que no lucen y viven como los gatos de Louis Wain, se avergüenzan de sí mismos”.
Wain es el Dickens en la pintura, como Dickens es el genio victoriano de la literatura, inmortal.
Su obra es un anhelo de los coleccionistas. Pero también hizo piezas de cerámica de gatos, de estilo cubista, como su “Gato futurista” que goza de formas geométricas y ángulosnada que envidiar a Picazo o Dalí.
Sus publicaciones de 19 libros, en que retrata animales de granja, gatos cómicos, sueños, conejos mágicos y hechiceros, el León Dandy, y muchas, muchas obras de gatos, y perros, esperan editores que se arriesguen a hacer su reimpresión con el reto de calidad, que distingue a Wain pero el cine lo llamó a la actualidad.
BENEDICT CUMBERBATCH Y WAIN.
El genial actor británico la llevó con su representación a la pantalla, dirigido por Will Sharpe, una película que después de verla, nadie entiende porque no tuvo premios notables.Otros churros en cambio son alabados por su abyección a temas de perdición, ideología de género, etc.
Una comedia dramática, fiel retrato de su vida, su amor, y su talento, suma como Emily a Claire Foy, y le pusieron “La vida electrizante de Louis Wain” en ella destaca AdeelAksthar, como el médico que casualmente lo conoció en el tren y lo rescató de un infame hospital para desechables.
La cinta alcanza niveles de perfección por su tono agridulce, realista, pero inspirador, por momentos parece comedia, pero no pierde su fondo dramático, con leves toques de surrealismo, con niveles de joya por la perfección que despliega Cumberbatch, para que lo recuerden “Dr. Strange”de Marvel, esta película realizada con un gran perfección como cinta de época, pero logra momentos de magia y un gran logro visual y un ritmo vivo.
Claire Foy como protagonista femenina, se crece ante el reto de Benedict, una cinta de conmemoración muy digna, no valorada como se debe. No es simplemente biográfica, tiene valor por sí misma, hubo una injusticia en su valoración.
Los críticos de Inglaterra, de España, coincidieron en conceptos como los señalados en el párrafo anterior. Una obra maestra, que pocos se han percatado que se hizo, pero cuando la descubren les encanta. Tal vez se revalore en la posteridad esa película, porque quién la ve, la pone en la lista de inolvidables.
La idea de llegar el gato al arte, es simplemente reflejarlo. Los gatos son parte del arte, son arte en sí mismos. Son los valientes, solitarios, generosos, listos y tontos, siempre libres, temerosos amigos de quiénes los saben valorar, y en este caso del arte devolvió el mérito a su autor.
Wain amó y fue amado. Se realizó y triunfo, incluso más de lo esperaba en la posteridad.
Es un gran maestro del arte contemporáneo, y por sus afecciones mentales, se anticipó con sus gatos modernistas a su era. Esta hoy perfectamente vigente, y tal vez poco conocido tan bueno como Sargent.
La cinta me produjo un gran deleite y ganas de escribir. Esta es la consecuencia: Wain es el culpable, pero comprendí que el verdadero autor de la poesía fue un gato, blanco con negro, tipo Silvestre, el de las caricaturas de Warner, que supo darle un motivo vital, y los gatos son una metáfora viva de la liberta e independencia alérgicos a todo tipo de dictaduras, intromisiones de otros mundos, odian a las fuerzas del mal, y los japoneses dicen que parecen dormir, pero en realidad están combatiendo los “yokai” con garras y dientes, son los espíritus que se mofan y hacen que te pasen accidentes, pero que son capaces de poseerte, bueno eso dicen en Japón.
Los humanos que sabemos de felinos, no nos sorprende para nada, porque sabemos lo que son capaces, llenar de arte la vida, de calidez y de una lealtad que no se compra, que se tiene que ganar, cada día depredadores de corazones.
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