
Horacio Villaseñor Manzanedo
Sabemos que, en la metrópoli, no hubo planeación, porque “anticipación” que no sirve, que no evita problema algunoprevisto, no es planeación, y; también, si decimos que el drenaje existente ya no tiene capacidad, entonces, tampoco es drenaje, porque si en época de lluvias, no drena, no es drenaje. Guadalajara es, hoy, una ciudad sin planeación y sin drenaje, y, su administración pública es cosa fingida, administración de ficción. El gobierno municipal, normativamente, no es un gobierno carismático ni tradicional, es un gobierno de leyes y en democracia, donde nadie tiene el monopolio de la verdad, ser eficientes no es fácil. Para evitar mayores conflictos, típico en un ambiente plural, donde facciones, valores e intereses distintos conviven, el cumplimiento de la ley toma relevancia. Los servidores públicos en México, al tomar protesta de su cargo por un periodo determinado, juran cumplir y hacer cumplir la ley, nada más. No juran cumplir sus promesas de campaña, sus creencias, preferencias, gustos y deseos que son irrelevantes porque la organización pública exige que logren hacer lo que el corporativo gubernamental espera de ellos, su encargo. La construcción del drenaje, en toda ciudad, es una atribución exclusiva de los ayuntamientos, está establecido claramente en el 115 constitucional. De allí que Guadalajara, para entablar el orden, durante los años cuarenta, instituyó tres iniciativas: el Consejo de Colaboración Municipal, la elaboración del Plano Regulador de Guadalajara y la Comisión de Planeación. El SIAPA se creó en 1978 y, dirigido por los ayuntamientos, solucionó hasta 1995, más de 20 años funcionó bien. El Ayuntamiento de Guadalajara, en 1980 adquirió terrenos, sin solicitar préstamo alguno, construyó el Parque El Dean, un vasoregulador que durante 20 años evitó inundaciones en todo el trazo del denominado Canal del Sur. Compró al Gobierno del Estado la antigua Penal de Oblatos y convirtió ese espacio en un gran parque público. También, adquirió grandes extensiones de terreno y construyó el Parque Huentitán. A partir de 1990, los ayuntamientos abandonaron la ciudad, lo demuestra el registro de aumento de zonas que se inundan. Ahora, ante la evidente ineptitud gubernamental lo que hay que hacer es retirar, urgentemente, urbanización para construir bosques urbanos, áreas de infiltración y renovar la red de colectores, para ello se requieren recursos yespecíficamente dinero municipal. ¿Cómo obtenerlo? Simple, tomaré de ejemplo a mi abuela, Isaura Saavedra. Cuando murió mi abuelo, Tomás Villaseñor y Villaseñor, persona sencilla, trabajadora y buena, mi abuela Isaura Saavedra tenía 60 años, una casa donde vivía y otra en construcción, nada más. ¿De qué viviría? “La muerte de su esposo le refinó el carácter hasta convertirla en dueña de varias propiedades. El empujón la animó hasta aprender a conducir, a los 60 años, un pequeño Volkswagen que compró en abonos” (Mural, 2010). Se cambió a la casa en construcción, rentó donde vivía, trabajó de gerente en una gasolinería propiedad de mi tío Jorge Matute Remus y vivió, siempre, modestamente y ahorrando. Como falleció a la edad de 107 años, en los casi 50 años de viuda, logró hacerse de varias casitas y vivir de sus rentas. Ahora bien, técnicamente tenemos claro qué se debe hacer, en la gran ciudad, para evitar siga muriendo gente a causa de las inundaciones y si no iniciamos ya, el Plan Isaura, se pondrá peor el asunto. Se requieren ayuntamientos con carácter, sólidos y poderosos, que no dependan de nadie; ni del gobernador; ni del presidente de la república y; mucho menos de la sociedad económica o de esos empresarios que no tienen llenadera y sale muy caro aceptar su ayuda que, al tiempo no lo es. Ayuntamientos que aprendan a conducirse, gobernarse, que vivan austera y modestamente, que generen ahorros para aumentar la inversión pública, sin recurrir a empréstitoalguno porque pudren la hacienda. Si los ayuntamientos pudieran tener dinero sin hacer esfuerzo alguno, no necesitaríamos alcaldesas o alcaldes de buen talante, inteligentes, ingeniosos y justos, con visión de estado y profundo compromiso social. Esperar a que los gobiernos federal y estatal destinen dinero para corregir la plana, es tan fantasioso como “si mi abuela tuviera ruedas”. ¡Sean serios!
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