Por Manuel Gutiérrez
Cuando el Maestro Ramón García Ruiz, hizo un opúsculo sobre los juegos infantiles, siguendo el camino abierto por el insigne Agustín Yañez, con su “Flor de juegos antiguos” quien no imaginaba que jugar “A la víbora, víbora de la mar, estaba haciendo presagios geopolíticos que llegarían en forma rídicula, a ser considerados en serio por los seguidores inconsecuentes de Donald (Ronaldo) Trump y su máquina de hacer hamburguesas.
Que tiempos nos han tocado vivir, dice Ramón Guardado: “ El golfo de México” es de México, porque así lo bautizaron Juan de Grijalva y el propio Hernán Cortes, desde el siglo XVI, porque anteriormente al tratado de Guadalupe Hidalgo, era propiedad de México, que sumaba Arizona, Utah, Nuevo México, Texas, California, en el momento en que hablar español era la lengua culta y el inglés era el lenguaje de los pioneros, granjeros, busca tierras que se adherían al gran México de entonces que obviamente por ello tuvo el nombre de Golfo de México.
Algunos creen que el Golfo de México es José Ramón López Beltrán, aquel afortunado becario de la trasnacional petrolera de Houston que incluso le prestó la residencia gris suntuosa de Houston, y el avión jet privado.
No es Golfo de México por esta razón. Esta bien que cuando su papá llegó a presidente, dijo: “Ves, el mero chido, el number one”, él no tenía chamba, tenía panza, pero eso lo hizo incrementar su sex-appel, y arrasar con la rubia que no se si siga a su lado o ya haya formalizado estado.
Como sea, el no es la causa del Golfo de México. Golfos tenemos muchos en las calles, parasitando por todas partes. Algunos todavía bajo la tutela familiar, NI estudian, Ni trabajan, pero no para que se llame “Golfo Nini”.
La historia y la geografía establecen los nombres por sus descubridores no por ocurrencias. Pero Claudia cayó en la tentación de jugar con el gordito pelirojo belicoso, y palo dado ni Dios lo quita.
A este paso el Club América, será reclamado como Club de Futbol América del Norte, y de los norteamericanos, que nos dejarán al Cruz Azul, Pumas y Tigres y Rayados para nuestra identidad nacional sin faltar nuestras Chivas y Atlas.
Sólo falta que digan que el juego de pelota era un tochito prehispánico, jugado a meter el touch-high en la ruedita alta del juego de pelota, o juego de cadera. “Lets Great the gameagain”.
Es tan grande el afán infantil de Ronald McTrump, por vender hamburguesas, que llega al colmo que decir que el taco es fundado por el Pato Donald, y que se vende en Taco Bell. No es mexicano hay que asegurar la patente o nos la vuelan, hasta el Tequila.
Tan absurdo es este tono de necedades que termina por parecer inverósimil y causar risa. Luego vino lo de Canadá que entre broma y broma, hizo que Justin tropezara y se fuera, de ser una estrella más entre las barras del norte.
Aunque no es una estrella más, de hecho es una injerencia de los Estados Unidos, que te piden su visa –a mí me paso- en territorio canadiense, en dónde no tienen jurisdicción se supone.
Pero en lo que vemos quien llega a ser el siguente estado de los Estados Unidos, vino la puntada de plano infantil, de plano absurda, de Trump de vociferar que quiere Groelandiapara los americanos. A la que ve como paso estratégico, y como es nomás decir, ya dijo: “Mío” y cree que con eso ya la hizo.
Incluso se asegura que quiere comprarla, como lo hicieron con Alaska, y no se si se acuerdan que Texas se adquirió a precio de remate con Antonio López de Santa Ana, en apuros forzados de salvar el pellejo, mientras limpiaban los fusiles del cuadro de horror.
Nel, puras patrañas. El niño ruso Putin, pone la muestra: Dijo quiero Ucrania, y pensó que en una semana la tendría a sus pies. Pero es un niño aplicado y serio. Y al ver que no resultaban sus deseos se metió en un riña feroz con el niño Zelensky, que salió una “chucha cuerera” es decir un costal de mañas, en el arte del piquete de ojos, jalón de pelos y orejas, mordidas a diestra y siniestra, pero ahí están enfrascados en el patio de juegos sangrientos, diciendo “MIO.MIO” y el otro “ Ucrania para los ucranianos”.
La niña Claudia Sheimbaum, vive en la misma vecindad entre el norte y donde empieza el sur, aunque para ellos después del Río Bravo, todo es sur.
Y luego de ver que se trata de jugar haber quien se enoja primero, quién llora primero, o quién escupe la manoprimero: Lanzó una iniciativa de película mexicana del siglo de Oro: “Manito, entonces que los Estados Unidos sean Mexicanos” dijo con tono de chilanga-banda una bromita. Lo que dejó con los ojos de Simpson, al güero necio que quiere los juguetes de todos.
No me preocupa la salud mental de los insignes “estadistas” que significan “está de álla, o está de áca” no hombres y mujeres de estado, que bien les haría falta visitar algún seguidor del Doctor Freud, por medio de Dr. Karl Jaspers, y someterlos a una estancia de estabilización y realidad mental.
Me preocupa que tanto sentido del humor tenga el gordito Ronald Trump, con su traje de payaso y sus medias de franjas rojas con blancas, porque la estocada de Claudia a nivel humorismo fue de antología.
Que falta de seriedad, no imagino a Alejandro el Magno, de mozalbete diciendo quiero de Macedonia a la India, y anexos. NO. Si vamos a volver al derecho de conquista, como lo hace el avanzado niño Putin, entonces actúen, no ladren.
El puyaso al payaso amerita una gran saludable y curativa risa nacional. A los mexicanos nos están haciendo reír sin querer, en este absurdo sainete. Claudia demostró que tiene vis, que puede hacer comedia y teatro. Y yo creo tiene tablas, paso su vida actuando como la niña modelo, la niña más obediente de la vecindad, la niña capaz de tragar sapos, besar a las serpientes y cenar gusanos.
En una inspirada actuación, se subió al carro de la farsa mundial, con Ronald McTrump, he hizo reir a los 128 millones de mexicanos que a falta de la Carabina de Ambrosio, algo tienen que hacer para alivinarse sin fentanilo, ni sin anfetaminas, reír de forma natural y saludable para olvidar a Mexicana de Aviación y al gasolinazo.
El punto es que Ronald no lo va a entender así. Pero así como tampoco puede quedarse con Canadá, con Groelandia, y sus estupefactos y nada inteligentes seguidores, mueven la iniciativa para que en la Isla del Padre, se ponga un letrero: “Welcome to American Gulf” lo que aunque hagan, no cambiará nada, porque es histórica y geográficamente: el Golfo de México.
Es más que arreglemos ese asunto en un torneo de soccer. Y le pongamos de acuerdo al que gane. Ronald y Claudia estarán ahí para testimoniar el absurdo del nombre. Futbol para el golfo se puede llamar el torneo y en ganador escoge el nombre. Pero como capaz que perdemos, dejemos el asunto en manos de la historia.
Todo esto es gracioso excepto por un detalle: Los autócratas no tienen sentido del humor, no ven amigos, ni aliados, ni vecinos, sólo se ven ellos y sus aduladores. Y eso puede hacer que nos hagan cuernitos a la hora que pretendamos nuestro saludable TMEC. Que vean grupos terroristas en nuestros cartéles, que sumen condenas de todo tipo contra el gobierno nacional con amenaza de intervención y de aranceles.
Que la boca se la haga chicharrón al Ronald, por tantas tonterías. No imagino a Felipe II en el Escorial, jugando a cambiar de nombre a las cosas. Vamos, ni Nerón, ni Calígula, hicieron cosas tan absurdas como jugar connombres históricos, a falta de hechos reales que presumir. O presumir que anhelaban nuevos territorios. César si fue por las Galias, sin hacerle al cuento y hasta tiene su operación de maternidad…
Temo que será una era de inconsistencias, de ideotas grandesllevadas al extremo, consecuentadas por gente que votó por Ronald Trump que son capaces de creer en cosas como la reencarnación, o que el cáncer se cura con coca hervida aderezada con aspirinas.
Temo, también que no puedan reír de los chistes que provocan, porque no tienen siquiera esa capacidad. Y reaccionar sin humor, es dar paso a la amargura, añadida a la sarta de incongruencias que no pueden ser estilo de un gobernante mundial. Ya lo decía Anne Applebaum: “Trumpa duras penas sabe leer” ¿Alguna vez lo han visto reir, síntoma de inteligencia?
Ese riesgo lo asumió Claudia. Pero creo que valió la pena. Alguien tenía que decir algo, ella lo hizo. Ahora, a ver que resulta de entre las bromas, puntadas, chistoretes y decires, en que esperamos que no salgan más sentidos que una olla vieja de barro, a punto de quebrarse en llanto y en enojo, el problema es que el pato lo pagara me canso ganso, el pueblo mexicano.
Esta vez, la niña Claudia le puso en su cara, la verdad de la necedad. Tal vez ni pase nada, y siga la farándula. Se le dio bien el chiste, esperemos que no pierda ese sentido del humor de menos hay alguien ahí dentro de la muñeca con bastón de mando, y me hace reír en defensa de la soberanía, lo que nunca se le dio al anciano emperador. Hubiera sido preferible no hacerlo, pero es humano sentir un buen chiste en la puerta, que te de risa, y no contarlo.
La respuesta me la imagino, ( Son of…) pero no la puedo poner, ese Ronald debe lavarse con jabón la trompa. Ya tendrá la oportunidad de hacerse el pesado, ya que se pudo reír un país vecino de él.
Ese mandatario reelecto pese a que se salvó de usar el mono naranja de la prisión, está jugando como si fuera infante terrible. No sabe reír, ni jugar, esperemos que la rabieta se la aplique a alguien de su tamaño y el que haya ganado me hace abrigar serias dudas de la inteligencia de los estadounidenses que cayeron con el encantador populista.
Bueno, aquí también tenemos uno y su segundo piso. Y siempre ha querido ser el mejor amigo de Ronaldo, no lo ocultó ni cuando el chiquillo Biden tomó el turno. El puede defender a la niña en caso de apuros, si sucede o descubrir que nadie es su amigo de este lado de la frontera.
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