Por Manuel Gutiérrez.
Sin evidencia científica la doctora Claudia Sheinbaum, ha informado sobre el rechazo mexicano al maíz trangénico. Por eso Angel Verdugo, el de mañanera buena le apoda la “Anti-científica” porque nunca expone las verdades completas, la realidad y de manera sezgada, se va por la tangente al discurso eterno de su mentor de Palenque.
Los primeros cien días pasaron sin ningún resultado efectivo. Algunos atisbos de cambio que dieron esperanzas, pero regresa al marasmo de la abyección y disciplina con el Señor de Palenque, y uno de esos temas es el maíz alterado en laboratorios para control de su crecimiento, reproducción y mayor cosecha.
El Peje tuvo tirria a este tema del que nada sabía. Simplemente lo condenó con simpleza porque era lo más fácil. Todo viene de una querella judicial que llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación, -antes de la tómbola, rifas de prebendas y reforma judicial- y que consideró debido prohibir a Bayer-Monsanto, que se sembrara ese tipo de maíz en México.
La Doctora Sheinbaum adopta una postura ingenua. Hay que proteger el maíz nativo, el original y preservarlo de la “contaminación” del transgénico. Pero la disposición legal solamente prohíbe sembrarlo en México, no menciona nada sobre el consumo humano pero por analogía algunos suponen que no debe consumirse. El alegato sin pruebas es que puede ser cancerígeno, como lo es el glicofosfato, tan utilizado en protección de plagas para el maíz.
Las dos negaciones mexicanas son: No se siembra, NO se consume. Pero el país en algún momento con Alfonso Romo, el de Vector fue el precursor mundial en plantas y gramíneas modificadas genéticamente, luego Alfonso fue convertido en asesor de la 4T, pese a que fue ninguneado en sus propuestas empresariales y finalmente solo fue utilizado, aunque estuvo en el nivel más cercano de López Obrador y de manera inútil trato de moderar sus ideas para que lo aceptara el empresariado. Romo si sabía a lo que jugaba.
Alfonso Romo dirigió la empresa Seminis, en algún momento líder mundial de granos genéticamente modificados, siendo uno de los hombres más ricos del mundo en la década de 1990 que compró Monsanto, empresa de química dedicada a varios campos industriales y agrícolas y de alta tecnología, por 1 mil 400 millones de dólares, luego de ser pionera mundial en alimentos genéticamente modificados y curiosamente en el primer gabinete de López Obrador se integraron tanto Romo como Víctor Villalobos,como secretario de Agricultura, que curiosamente si funcionaba bien en un sexenio de improvisaciones y errores,con una amplia experiencia en este tipo de productos avanzados.
Incluso a este grupo se denominado el Cartél del Glifosfatoya que se armó un contienda en que los científicos mundiales tomaron partido a favor de los géneticamente mejorado y otros en contra. Eso también se dio en México y ante el asoro de López Obrador, mejor optó por prohibirlos.
Romo continuó en el negocio de las empresas bio-tecnologicas y agrícolas, mediante el problema está en que el maíz transgénico es considerado una esperanza verde de la humanidad, por sectores científicos, y por sus detractores que no han demostrado en la misma balanza, con argumentos científicos sus afirmaciones. Así, por ejemplo la Iberoamericana, el Tec. de Monterrey, de donde egreso Romo, la UANL, son favorables dominando la corriente modernista en el asunto,
Dentro de ese péndulo se mueve Clauda Sheinbaum, en tanto México es importador de maíz amarillo atrás de Japón, que no tiene superficies cultivables, y de China. Lo cierto es que México importó en 2023, la enorme cifra de 57 mil 877 millones de dólares en maíz. Un 50% de incremento total, somos dependientes de maíz extranjero.
Es decir nuestro apego del maíz criollo – modificado por el ingreso se semilla por los conquistadores españoles, cabe advertir- a las especies originales, no han resultado suficientes para la autosuficiencia. Curiosamente luego de la revolución verde de fines del siglo XX con Norman Bourlang, se aseguraba que los nuevos granos terminarían el hambre mundial, y estarían más fuertes para enfrentar los extremos climáticos y plagas. La idea de la revolución verde, se convirtió en una “arma” de influencia mundial, y lo curioso es que México era la sede del mejor desarrollo de ese momento.
Claudia Sheinbaum, por tanto tomó un tema heredado, ajeno, y del que en lugar de consultar fuentes confiables, como al mismo Alfonso Romo, optó por cultivos menores de rendimiento y menos resistentes a plagas pero la política a ciegas de la 4T en ese sentido favoreció los temores que propaga Green Peace a nivel mundial contra la biotecnología en el maíz que realmente se desconoce si solo pretendan que occidente no tenga el predominio alimentario mundial.
Romo, vinculado desde siempre a la élite ecuestre nacional, dado que fue jinete olímpico en los Juegos de Sidney, y de Atlanta en 1996, ha sido fundador del Club Hípico La Silla, e importador de nuevos caballos de mejores características y elevada cotización que hicieron a México ser notorio el deporte ecuestre mundial.
Admirador del General Augusto Pinochet, Alfonso Romo llegó al gabinete y este amigo de AMLO y asesor tuvo acceso como secretario del gabinete de López Obrador a información muy delicada y reservada nacional lo que sin duda creaba un conflicto de interés con su propiedad en el grupo financiero Vector, al que pudo favorecer con anticipaciones de secretos de políticas públicas, pero esto no lo consideró López en su momento, pero fue otra de las muchas contradicciones de López Obrador, que ciegamente apaleó los productos biotecnológicos, en lugar de escuchar a su colaborador.
Cuando Carlos Urzúa comprendió como secretario de Hacienda, que la 4T era una un costal de corrupción, ocurrencias, nepotismo y falta de capacidad asumida como lealtad o nombrando personajes con “cola” que pudieran incluso merecer penas sistema que sigue imponiendo actualmente la 4T como lo hizo con los Yunes, para sacar adelante la Reforma Judicial.
Pero Romo nunca se alejó de sus puntos de vista empresariales, capitalistas y pragmáticos, pero no le hicieron caso –como tampoco de su simpatía por el Opus Dei y los Legionarios de Cristo –según BBC de Londres- de los grandes negocios, primero vendió La Moderna, una cigarrera al British Tobacco, luego que terminó el proteccionismo, pero se colocó como uno de los grandes empresarios favoritos de Carlos Salinas de Gortari, que alentaba la revolución verde de los granos.
Romo vendió luego los Seguros Comercial América, en una operación de 800 millones de dólares esta última, y Semis pasó a formar parte de Monsanto, adquirido por Bayer finalmente, para ser el gigante de la química mundial, que compite con otras 3 o 4 grandes marcas internacionales del ramo.
Romo fundó el grupo Savia, un rama agroindustrial en el continente, así como el grupo Plenus, de agrobiología, así como un grupo inmobiliario Omega. Muchas de estas operaciones merecieron críticas sobre su ética de parte de empresarios del Grupo Monterrey, aunque está casado con una dama de la familia Garza Sada, por lo que no es precisamente querido, muchos sufrieron mermas de fortuna por las medidas de Romo en favorecerse.
Mientras tanto dependemos de la importación del grano de Estados Unidos, que al igual que nuestros energéticos como el gas y gasolina nos atan totalmente al destino del coloso del norte, cuando tenemos la llave de la moderna tecnología que me pregunto si tuviera en su poder Cuba, entonces seríamos proclives al maíz transgénico. En esto hay mucho de ideología, más que de ciencia. Claudia Sheinbaum, descarta por simple imitación de un concepto López Obradorista.
En México sembramos diez veces más superficie de cultivo para maíz, dice en Otros Angulos, Gerardo Esquivel, de Milenio, pero obtenemos menores rendimientos, la satanización del maíz transgénico parte de la falta de conocimiento, y se atendió a consultar a las instituciones avanzadas públicas o privadas que tenían mucho que decir al respecto. Se hizo un tabu político-ideológico, y México renunció a ser puntal de uno de los poderes de las potencias: La alimentación y la alta producción agrícola.
El punto es que la si bien no se pretende consumir el maíz trangénico, se está dejando a otros lugares del mundo la adaptación, siembra, comercialización y consumo de un producto, que para colmo tiene mucho de mexicano y que fue reprobado sin análisis científico.
Es decir omitiremos sacarle provecho a una realidad de la ciencia, cuyos alcances y riesgos aún están en comprobación pero que se ha convertido en un impulso agrícola ya del siglo XXI aunque aquí pretendamos enterrarlo, olvidarlo y paradójicamente, Romo no lo hizo, porque sabía el potencial que eso tiene.
La soberanía y autosuficiencia alimentaria, es un mito más desde el gobierno de López y persistirá en el Claudia que no maneja con claridad las cosas, ni es nada científica la doctora, tiene razón Angel Verdugo.
La necesidad de hacer las cosas transparentes, científicamente apoyadas, y de ser pragmáticos para sacar beneficio de lo que una empresa mexicana logró en ese campo, ha quedado de lado. La anticientífica tiene temor de lo que la ciencia produce, y no lo analiza o conceptualiza, pese a que las universidades mexicanas tienen grandes avances en estos campos, desde la UNAM, hasta la UANL, así como universidades privadas que se han vinculado a diferentes campos de investigación como la Ibero.
La pérdida de la sobería agrícola, en tanto es la primera resultante. Finalmente, el maíz transgénico como todo producto científico terminará imponiéndose en el siglo XXI pero para Morena, los mitos adquieren dimensiones de verdades, aunque sean doctoras graduadas en el extranjero, se manejan por la obediencia dogmática a lo que dijo el fundador López.
Es curioso, en otros rubros tampoco destaca la anticientífica. Uno de ellos está en las Relaciones Exteriores. Enviar un apoyo al gobierno dictatorial, reprobado de Maduro, fue reconocer el pode represivo contra el pueblo venezolano. Otra vez el criterio de Claudia afectado por su ideología marxista-leninista, prefiere que nos sumemos al bando de los Ayatolas de Irán, del dictador sanguinario de Putin, de Cuba y Nicaragua, como manchas represivas e incondicionales de avanzada del imperialismo de Putin, colocando a México como rival, de su principal mercado, socio y detractor: Los Estados Unidos aunque eso nos afecte.
Si no entiende eso, menos va a comprender lo del maíz trangénico, que ya condenó en su mañanera.
Pero no basta condenar, no dijo que faltan recursos de inversión, avío, préstamos, financiamiento al campo, recursos y nuevas instalaciones de riego, seguridad jurídica y personal, y adicionalmente el suficiente abasto de fertilizantes, que se regalan a Cuba, cuando no alcanzan en México ni para la siembra del maíz criollo.
No creo que la presidenta puede separarse de su distorsión ideológica, que la hace a fin a las formas de dictadura, mientras sostiene que México es el país más democrático del mundo, en su imaginación, de seguro.
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