
Por Amaury Sánchez
Por ahí dicen que en Guadalajara “hasta los tacos se sienten vigilados”, y es que según el último boletín de la respetabilísima y nada exagerada Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), más del 78% de los tapatíos andan con el Jesús en la bolsa… y el gas pimienta en la mochila.
Ya para marzo de 2025, Guadalajara sigue en el top ten —porque no podía faltar— de las ciudades donde más miedo da salir a comprar tortillas. Claro, esto no es nuevo. Ya desde diciembre del 2024, cuando la cifra rozaba el 83%, los tapatíos ya practicaban zigzags estilo ninja para cruzar la calle y miraban con sospecha hasta al señor de los elotes.
Y aquí es donde entra el jugoso ingrediente naranja: el desgobierno de la alcaldesa Verónica Delgadillo, de Movimiento Ciudadano, a quien algunos vecinos ya le dicen “la Houdini del barrio”, porque nomás no aparece cuando se trata de explicar por qué la seguridad anda más flaca que sueldo de pasante.
Mientras Zapopan, Tlaquepaque y hasta Tonalá (¡sí, Tonalá!) andan presumiendo que su percepción de inseguridad bajó, Guadalajara parece tener pacto con los asaltantes y los rateros de moto. Y no es que uno quiera exagerar, pero cuando tu abuelita te dice que prefiere quedarse en casa que ir a misa porque allá se siente más insegura que en una película de Tarantino, algo anda mal.
Eso sí, en el informe del INEGI no dijeron cuántos de los encuestados eran usuarios del transporte público, porque si los incluyen, la percepción sube a “terror estilo película de Stephen King”.
Así que mientras las estadísticas dicen que el estado de Jalisco en general ha mejorado, Guadalajara sigue siendo la oveja negra, la oveja nerviosa, la oveja con patrulla estacionada que nunca se mueve.
Total, que ya ni el mariachi se siente a gusto en la Plaza de los Mariachis, y si esto sigue igual, pronto la estatua de Minerva va a pedir su cambio de domicilio.
Pero bueno, mientras el INEGI mide y mide la percepción, a nosotros nos queda seguir caminando con el ojo bien abierto y la cartera bien escondida… ¡y rezarle al santo del día para no encontrarnos con ningún “motoladrón” en el camino!
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