
Por Amaury Sánchez G.
En los momentos que definen la historia de una nación, siempre hay una voz que se alza con claridad, con serenidad y con la fuerza de quien sabe que está abriendo un nuevo camino. Hoy, esa voz es la de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien no sólo gobierna con inteligencia y sensibilidad, sino que lidera con el corazón puesto en las causas del pueblo. Su llamado a votar este 1 de junio no es un simple exhorto: es una invitación a escribir el primer capítulo de un México verdaderamente justo.
Por primera vez en la historia, el Poder Judicial dejará de ser un terreno exclusivo de élites alejadas del pueblo para convertirse en un espacio donde la ciudadanía tendrá la palabra. Elegir a los jueces por voto popular no es un capricho, es una deuda histórica. Y hoy, gracias al liderazgo firme y visionario de la presidenta Sheinbaum, esa deuda empieza a saldarse.
Frente a las voces del extranjero que no comprenden la profundidad de esta transformación —medios que la califican de “experimento kafkiano” o auguran desastres sin haber pisado jamás una sala de justicia en México—, la presidenta ha respondido con altura: confiando en el pueblo. Porque si algo ha aprendido la historia reciente, es que cuando el pueblo participa, las cosas cambian para bien.
Esta elección no es cualquier elección. Es el momento en que millones de mexicanos tendrán el poder de decidir quién debe impartir justicia, no desde el privilegio, sino desde el compromiso con la verdad y con la gente. Es la oportunidad de limpiar los pasillos de un Poder Judicial que durante décadas fue ciego ante la corrupción, mudo ante los poderosos y sordo ante el clamor del pueblo.
Por eso, la presidenta ha dicho con firmeza: “hay deseos de participar”. Y no es sólo un deseo: es una esperanza colectiva, una voluntad creciente que se multiplica en cada rincón del país. Votar este 1 de junio es defender la democracia, es tomar en nuestras manos las llaves de la justicia, y es decirle al futuro que México no teme cambiar, sino que lo hace con valentía.
Claudia Sheinbaum no está sola en este camino: camina con millones. Y cada voto este domingo será una piedra más en el edificio de un nuevo país donde la justicia no dependa del apellido, del cargo ni del poder… sino de la voluntad popular.
Porque esta elección no se trata solo de jueces: se trata de dignidad, de memoria, y de la convicción de que México puede, quiere y debe cambiar.
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