
Por Amaury Sánchez G.
Por el amor de Clío, la musa de la historia, y en nombre de San Juárez de Guelatao, me veo obligado a intervenir antes de que alguien, llevado por el arrebato, le dé el Premio Alfaguara al autor de la última columna que circula por ahí, esa donde se afirma que este domingo se cocinará “el fraude electoral más grande del siglo”.
¡Dios guarde la hora y el sentido común!
Según este fino estilista de la narrativa apocalíptica, vivimos en una dictadura tropical, donde las leyes se aprueban con votos (¡qué escándalo!), los legisladores votan (¡por Dios!), y donde la mayoría gana (¡ya ni en Venezuela, caray!). Dice también que se compró a la oposición con impunidad, como si la impunidad tuviera etiqueta de precio y se vendiera en el Oxxo con promoción de 2×1.
A ver, primo, ¿en qué país vivías tú cuando Salinas nacionalizó la voluntad popular con el PRI y medio PAN en los noventa? ¿Dónde andabas cuando Peña Nieto repartía reformas como tarjetas Soriana? ¿Por qué ese dramatismo tan de telenovela si hoy, al menos, todo se vota en tribuna y se discute con gritos, memes y hasta TikToks?
Nos quiere vender la idea de que un diputado que cambia de opinión es un traidor, pero cuando eso lo hacían para votar el Fobaproa, eran “estadistas”. ¡Qué bonito! O sea que cuando “mi gallo” pacta, es negociación patriótica; pero si lo hace el de enfrente, es chantaje político.
Y lo de que “el ciudadano ya no puede defenderse ante una mayoría legislativa” suena bonito, si uno no ha abierto la Constitución desde que Fox usaba botas. Porque ahí sigue el amparo, el juicio de garantías, la SCJN, el INE, los medios, Twitter y hasta el góber de tu estado diciendo que él sí va a respetar “la autonomía”. ¡No nos vengan con que la ley es la ley solo cuando gana su equipo!
Además, que no nos agarren de ingenuos con esa pose de puritanos heridos. ¿Reforma sin consenso? Pues claro, si los que ahora lloran eran los que antes ni dejaban hablar. Zedillo sí tuvo respaldo para cambiar la Corte, cierto… porque le pactaron la impunidad a todos los que venían de la de Salinas. ¿Eso es consenso o es el viejo arte del “no me investigues y te firmo lo que sea”?
No digo que el obradorismo sea perfecto —Dios me libre de tanto aplauso—, pero venir a gritar “¡fraude!” antes de que caiga el primer voto, es como acusar de infidelidad al cura en plena misa nomás porque lo vieron saludar a la comadre. Pónganle tantita seriedad, o al menos mejor guión.
Así que no, querido columnista del Apocalipsis. Aquí no hay fraude del siglo. Hay democracia tropical, con todo y sus mangos podridos, pero también con mucha fruta fresca. Y si no le gusta el menú, pues prepárese su propia ensalada… pero no nos venga a decir que el buffet está envenenado solo porque el mole no es de su agrado.
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