Por Amaury Sánchez G.
¡Ay, Morena, qué cosas tienes! Justo cuando todos esperaban un Consejo Nacional donde se hablara de unidad, principios y renovación ética, terminó pareciendo más bien un capítulo de La Casa de los Dragones, pero en versión 4T: con fuego cruzado, lealtades rotas y la reina Sheinbaum marcando su territorio con más precisión que un gato en celo.
Y es que el Congreso del 20 de julio, que en teoría iba a servir para reafirmar el liderazgo político del partido gobernante, terminó siendo una exhibición pública de cómo el poder se redistribuye cuando el viejo líder ya no está en el escenario. Andrés Manuel se fue a su rancho, pero dejó sus huellas por todos lados… y algunos herederos que hoy están siendo purgados con elegancia quirúrgica.
El Comandante H y el balazo indirecto
Todo estalló cuando se confirmó lo que muchos ya sospechaban: Hernán Bermúdez Requena, alias El Comandante H, exsecretario de Seguridad Pública de Tabasco, no sólo era policía, también era patrón del crimen. De protector del pueblo pasó a cabecilla de La Barredora, una célula del CJNG, con ficha roja de Interpol y visa para Brasil, cortesía de la impunidad que gozó en sus años de cercanía con el entonces gobernador Adán Augusto López.
Y aunque don Adán salió a decir que todo es “politiquería” y que él no tiene vela en ese entierro, el tufo a guerra sucia desde dentro no se lo quita ni con friegas de árnica. El silencio estratégico de días y su reaparecida con tono de víctima no hacen más que confirmar lo que todos intuyen: alguien desde Palacio le quiere bajar el volumen a su voz senatorial… y vaya que lo está logrando.
Baja California y los adanistas chamuscados
Pero el golpe no solo va contra él. Es una andanada de advertencias para sus operadores en los estados. Allá en Baja California, los senadores Armando Ayala y Julieta Ramírez se creían ungidos con el aceite de la sucesión estatal 2027. Se paseaban como “adanistas de hueso colorado”, con selfies junto al líder y promesas de futuro. Hoy, después del Consejo, andan bajando las lonas de campaña y buscando cómo decir que son “obradoristas de siempre” o “sheinbaumistas por convicción tardía”.
Porque en Morena ya no basta con ser leal al pasado. Ahora el que manda, manda, y se llama Claudia Sheinbaum. Y como toda presidenta que se respete, ha comenzado a marcar su territorio. El mensaje fue claro: no importa qué apellido traigas ni de qué tribu vengas; si no obedeces la nueva línea, te pasan la planadora con sonrisita de izquierda y manual de ética en la mano.
Andy ausente, Harfuch presente
Y hablando de presencias y ausencias, lo que más gritó en ese Consejo fue la silla vacía de Andy López Beltrán, el “heredero organizativo” de AMLO. Su falta no fue casual, fue sintomática: la nueva administración ya no le hace reverencia a ningún linaje. Si no te alineas, te alinean. Punto.
En cambio, el que sí parece tener nuevos galones es el “supersecretario” Omar García Harfuch, que si bien no se sentó al frente, sí está detrás del telón, potenciando el perfil criminal del entorno adanista con datos que no llegan por accidente. Dicen las malas lenguas que su olfato es tan fino que hasta la DEA le pediría consejos para armar expedientes.
2027: la guerra comenzó
Todo esto no es fortuito. En 2027 habrá 16 gubernaturas en juego, y Claudia necesita tener un ejército leal, no tribus díscolas. Así que la limpia empezó, y Adán —con todo y su tono campechano— está quedando como el primer gran sacrificado del nuevo orden.
Esto, más que un golpe de la oposición, es una operación quirúrgica de los de casa. Morena ha comenzado a entender que su peor enemigo no está en el PAN ni en el PRI, sino en sus propias vísceras. Y si no se curan las infecciones internas, la gangrena se los lleva.
Epílogo con candela
Morena, como el tequila, arde más cuando no se filtra bien. Y este Consejo Nacional fue un trago puro, sin hielo ni azúcar: directo al hígado. A partir de ahora, cada senador, cada delegado, cada operador en los estados sabrá que hay nueva administración, y que aquí nadie tiene corona heredada.
El fuego cruzado apenas comienza. Y como decía mi abuela, cuando veas arder la barca de los adanistas, pon tu candidatura a remojar.
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