
Horacio Villaseñor
Cuando la ciudad era pequeña los dueños de la tierra, para que aumentara su valor y poder hacer negocio con ella, cedieron terreno al ayuntamiento para la construcción de vialidades que conectaran parques y jardines e infraestructura que sirviera para proporcionar servicios básicos como calles, agua, drenaje, alumbrado, limpieza, seguridad, etc. Los vientos dominantes determinaron el lugar para las zonas industriales y estas a su vez, las distintas áreas habitacionales particularmente las de la clase baja. Los ricos nunca vivirían cerca de una fábrica. La ciudad fue creciendo, pero los urbanistas tradicionales, ignorantes de la función pública, no vieron venir el problema actual. La falta de administradores gubernamentales eficaces, decentes y profesionales, de esos a los que les sobra dinero público para construir todo lo necesario para vivir bien, en inmejorables condiciones, generaría el desastre actual. La planeación de “planitos” no sirvió. Desde su fundación, Guadalajara vivió procesos fallidos, su desarrollo posterior tampoco fue planeado, lo impulsó el mercado inmobiliario aprovechando la ignorancia y ambición de gobernantes y “malos urbanistas” que nunca supieron que la autoridad debía enfocarse en procesos dinámicos que priorizaran la calidad de vida de los tapatíos a través de la implementación de políticas públicas con dimensión social, económica, ambiental y de infraestructura para todos, sí para todos los habitantes basados en la eficiencia gubernamental. La mejor prueba de que lo que la planeación urbana por zonas no sirvió es que Guadalajara, hoy, ni es una ciudad sostenible y menos, equitativa, de allí que para pasarla menos mal la receta fue y es hacer show. Me explico: El fenómeno metropolitano no se entendió ni se ha entendido aún, una cosa es el crecimiento y la expansión vista desde el urbanismo y otra lo metropolitano visto desde la función pública. Desde el urbanismo se observan las consecuencias, pero las soluciones y, mejor aún, las previsiones son responsabilidad exclusiva de la administración gubernamental y no se previó nada. Cuando la ciudad iba creciendo se debió cuidar el equilibrio entre habitantes y áreas verdes mínimas necesarias para una ciudad vivible, si no había terrenos, el gobierno los debió adquirir. No lo hizo y hoy el déficit es mayúsculo. Lo peor está por venir porque tampoco se están comprando ahora y el mercado inmobiliario sigue presionando, los “gobernantes” no entienden que urge cambiar enfoques, desechar la planeación con los planes tradicionales, “verse el ombligo”, primero gobernar al gobierno, lograr su eficiencia, entender a la ciudad como dinámica, y al urbanismo como fractal con acceso equitativo a todos los servicios. Si siguen creando agencias metropolitanas el error continuará, no se requieren, la ruta adecuada es exactamente contraria a lo que están haciendo, la ciudad debe resolverse por fracciones, la suma de fracciones sostenibles dará por resultado la ciudad vivible y la suma de las ciudades metropolitanas dignas crearán una metrópoli con economía prospera y bienestar general. Guadalajara no está equilibrada, sus gobernantes menos, entonces, la única salida en un ambiente donde se sobrevive es la distracción, por ello gastan en hacer espectáculo público, show de entretenimiento para todos. Ni hablar.
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