
La opinión del experto y Mtro Horacio Villaseñor
La degradación de la infraestructura vial que hoy atestiguamos en nuestras calles no es un fenómeno coyuntural ni el producto exclusivo de las lluvias recientes; es la manifestación de un modelo de gestión urbana que insiste en corregir en lugar de prevenir. Guadalajara hoy se observa abandonada. Sus calles se encuentran llenas de hoyos, parchadas y boludas, en condiciones verdaderamente lamentables; el drenaje no sirve, es insuficiente y el agua domiciliaria llega con contaminantes inaceptables. A esto se suman semáforos viejos con fallas múltiples, un arbolado urbano desatendido y plagado de muérdago, bolsas de basura amontonadas por todos lados y la vía pública hecha un asco, cada vez más tomada por la indigencia y la delencuencia. Hoy en día, prácticamente no hay servicio público municipal que funcione adecuadamente. Me explico: A lo largo de 40 años de participación en la consultoría, la academia y el servicio público en los distintos órdenes de gobierno, he podido constatar esta degradación desde múltiples trincheras. Como director de diversas dependencias como Ecología, Conservación de Edificios, Pavimentos, Parques y Jardines, Desarrollo Urbano, Saneamiento Ambiental y Emergencias Urbanas y subdirector de Planeación Estratégica Municipal, Construcción y Protección Civil, entre otras más, en los ayuntamientos de Guadalajara y Zapopan, mi labor siempre fue de carácter técnico y operativo, sujeta a presupuestos limitados y directrices institucionales. Es fundamental aclarar que desde los puestos directivos no se puede arreglar un sistema caduco; esa es una atribución exclusiva del pleno del ayuntamiento, de los regidores y el o la alcaldesa, quienes tienen la potestad de modificar el marco normativo y transformar el fondo de la estructura. Los directores, desde hace años, están administrando las consecuencias de un diseño obsoleto; ellos no deciden las políticas estructurales. Y si a ello le sumas que la mayoría están ahí no porque sepan de administración gubernamental, sino porque ayudaron en la campaña política del partido ganador, son familiares o “cuates” de alguien, el desastre era previsible. Mi trayectoria me ha permitido confirmar que el modelo lineal de gestión, diseñado hace más de 100 años, basado en una estructura vertical y centralizada, ha agotado por completo su capacidad de respuesta ante los retos actuales de la compleja metrópoli y, en tanto no se sustituya, no habrá partido político alguno que pueda ofrecer soluciones. La crisis de nuestras calles y de los servicios públicos, como la recolección de residuos, los baches, la falta de áreas verdes dignas, suficientes y cerca de toda vivienda, es en realidad el síntoma de una “fractura metabólica” donde el centro administrativo es incapaz de procesar la complejidad de los flujos locales. El modelo weberiano está agotado y no hay políticos que lo sepan o, en su caso, no saben qué se debe hacer. Urge transitar hacia una gobernanza multiescalar que devuelva la soberanía operativa a la escala de la manzana. Dotando a la unidad mínima de gestión, el barrio, de la capacidad de autogestión y transparencia, se transformaría el actual sistema de “parches” jerárquicos en una estructura de red resiliente. Si no terminamos con el paradigma lineal, ningún partido político, del color que sea, como ya se ha constatado, dará los resultados esperados por la sociedad. Continuar apostando por la ocurrencia administrativa y el maquillaje institucional es condenar a Guadalajara a una inviabilidad crónica. La ciudadanía ya ha pagado con creces el costo de la incompetencia en su calidad de vida diaria; ahora hasta “agua con caca” llega a tu casa. El verdadero reto hoy no es prometer más de lo mismo, sino tener la valentía política de demoler el viejo andamiaje burocrático antes de que la propia descomposición de la ciudad termine por colapsar nuestra convivencia metropolitana. ¡No sean mensos!
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que A Fondo Jalisco no se hace responsable de los mismos.







