Por Manuel Gutiérrez
México juega al error en su interpretación de la “real política” actual en el mundo, y lo ha hecho desde que la globalización se convirtió en bloques antagonistas que demandan una definición inmediata, que México, con pretextos “humanistas” y de constitucionalismo, ha disfrazado su injerencia en asuntos ajenos propios de Cuba y de Venezuela.
Desde 1959, como un guiño al izquierdismo por el PRI todopoderoso de entonces (hoy Morena), México ha jugado el papel de hada madrina de luchas revolucionarias que degeneraron en horribles dictaduras y miseria extrema popular, tanto en Nicaragua como en Cuba, y en algunos momentos ha sido también, como hoy, aval de Venezuela.
Primero pretextaron que eran democráticos, luego socialistas, utópicos en la búsqueda de un sistema social con “justa” distribución de la riqueza y el igualitarismo, en equidad y justicia social real, que ninguno de esos países o movimientos políticos ejercen. La élite del poder detenta todo, en tanto el pueblo recibe solo hambre y persecución política.
Así, jugar a patrocinadores de Cuba nos llevó a momentos interesantes con López Mateos o con López Portillo; este último dudó en alentar un proceso foquista y retrocedió cuando supo que Washington lo sabía, ya preparado en México, y que terminó con la nacionalización de la banca mexicana. Pero era una manera de alardear que México era un pilar de la no intervención, aunque de forma implícita estaba tomando partido por los políticos en el poder que expolian esos países. Sirvió para ganar condecoraciones revolucionarias, todo tipo de corcholatas para los mandatarios antiimperialistas que recibimos a cambio de apoyo, dinero, petróleo, alimentos y medicamentos, porque desde 1959 todas esas revoluciones han fracasado como proveedoras de bienestar para sus pueblos.
Pero en el cierre de 2025 y ante 2026, la situación derivó en una coyuntura de política real, porque Trump llevó todo al punto de quiebre. El único y temporal bloqueo de Venezuela, en cuanto a su exportación de petróleo, repercutió en cerrar el camino del abastecimiento a Cuba, que ha llegado a extremos dentro de los extremos de la oscuridad por falta de energía, empobrecimiento y represión. En su momento, la simpatía por Cuba redituaba en cierto colchón con la URSS y China Popular, pero actualmente es un lastre.
Es decir, sin pretenderlo, Trump está haciendo un efecto dominó: cercó a Venezuela, pero afecta a Cuba y de paso a Nicaragua, en un modelo de tiranía que curiosamente detenta Rosario Murillo, santera comunista y persecutora de la oposición, con muchos eliminados por violencia, acaparando la riqueza que el títere Daniel Ortega ha depositado en su familia, de tal modo que la dictadura de Anastasio Somoza palidece. Toda esa guerra, para terminar peor. Todo, absolutamente todo, es de los Ortega-Murillo.
El problema, en punto álgido del bloqueo y en vísperas de una no tan resuelta intervención militar de los Estados Unidos en Venezuela, es que lastimosamente padecen una incapacidad popular para reaccionar por su propia cuenta y tomar el camino que sigue cuando se cierran las elecciones, la democracia y las campañas. Pese al Estado y a la represión, ganaron con creces elecciones, pero con la fuerza de un ejército cebado, sobornado y sometido al poder, se han mantenido en el régimen del miedo y la neutralización de las sociedades civiles para actuar por su cuenta, sin permitir al pueblo aplicar el resultado de las urnas. La oposición civilizada no ha resultado suficiente, pero ningún poder extraño les facilitó medios de resistencia.
Es decir, han sido dictaduras tan eficientes en la represión y en la manipulación política como vemos el mismo proceso en México, en que se discursean sobre la libertad y la no censura, pero en la práctica aumentan los casos de persecución de opositores y periodistas críticos, caso Amparo Casar, con un asunto de cosa juzgada sobre una pensión de su marido difunto, pero es una acusadora importante de Mexicanos contra la Corrupción.
Es lo único que verdaderamente funciona —más un sistema de delación que premia con migajas a los cooptados para denunciar a sus vecinos—: un sistema que miente e impone sus narraciones, sus opiniones, descalificando lo contrario.
Esto es un aparato policiaco en el que los organismos jurídicos, los juzgados y la ley se han distorsionado para condenar al opositor como delincuente, porque fueron tomados por el poder central, exactamente lo logrado con la reforma judicial mexicana y sus jueces elegidos por el Poder Ejecutivo y sus partidos políticos mediante acordeones y tómbolas amañadas, todo destinado a defender al gobierno, no al pueblo, y a perseguir opositores, caso del “Tío Richi”, Ricardo Salinas Pliego.
Pero el momento de México no es tanto el del próximo Mundial de futbol; es el grave momento de conseguir un nuevo tratado con Estados Unidos y Canadá, un T-MEC favorable o por lo menos equitativo, que representa la única alternativa de mantener a flote al país ante el nulo crecimiento de nuestra economía, el déficit financiero del gobierno que llega, según algunos economistas, ya a 18 billones, que se están usando para mantener la imagen del narco-Estado y, de alguna manera, sostener las dádivas electorales que, por un billón de pesos, pretenden aplicar para asegurarse los votos y la continuidad, siguiendo el modelo aplicado en la 4T.
México y particularmente Claudia Sheinbaum, fiel a las consignas del Peje, creó Gasolinas del Bienestar como una “empresa privada” que opera dinero público y cuyo único fin es exportar (regalado) combustibles a Cuba. Un total de 3,200 millones de dólares que bien podrían aplicarse en el sector salud y medicamentos para los mexicanos. Nuestros regalos de combustible datan de 2020, pero en realidad son históricos, con interrupciones por gobiernos como el del PAN.
De esa cifra de 3,200 millones de dólares de Gasolinas del Bienestar no se ha cobrado absolutamente nada.
A la par, la presidenta de origen judío, Sheinbaum, anunció que por ayuda “humanitaria” envió dos nuevos buques con petróleo desde Pajaritos a Cuba, buques que pueden ser parte de la flota fantasma de Putin, con bandera de Liberia, África, y que pretenden auxiliar en el consumo de la isla, que demanda 120 mil barriles de petróleo diarios para funcionar. Pero la ayuda enviada no alcanza para salvar un día, ya que es de 80 mil barriles, y todavía prepara un tercer barco, así como continúa el trabajo esclavo de los médicos cubanos en México, por los cuales cobra el gobierno de Cuba de manera directa, herencia del gobierno anterior.
Miguel Díaz-Canel pintó la urgencia cubana: un decrecimiento del PIB de 4 % este año 2025, inflación superior al 25 % y una economía paralizada, pese al poder de movilizar por la fuerza a la población a trabajos “voluntarios”.
Y una desigualdad insultante en Cuba entre pequeñas comunidades de privilegiados (afines al régimen) y la carencia absoluta del pueblo. Un panorama del cual nadie puede salvar a los cubanos, que nunca entendieron cómo China, Rusia o Vietnam mantuvieron el control del Partido Comunista para, en lo económico, aplicar un capitalismo feroz que creó una cepa de millonarios, empleos y cierto grado de calidad de vida.
El problema crónico de estos países latinoamericanos, agravado en Cuba por la falta de recursos naturales, es que dependen de ayudas que extraen de Venezuela —país de invasión consentida—, México y su caridad, para sostenerse precariamente, situación que está terminada en este momento por la actuación de los Estados Unidos, que espera definición y solidaridad, no mediaciones que solo nos pueden dejar raspaduras y heridas profundas. No es diálogo lo que les falta; son decisiones imperiales lo que está enfrente.
Es decir, urge que México adopte una política real, no de ideologías o alianzas anacrónicas inútiles para su interés, que privilegie su avance propio, no el aval a Cuba o Venezuela, y reconozca la coyuntura, que no está para jugar al héroe del antiimperialismo.
Es lamentable si la invasión ocurre en Venezuela; sea para favorecer las aspiraciones de recuperación de expropiaciones petroleras que afectaron a los estadounidenses, no para salvarlos de la tiranía. Nadie lo ha planteado como rescate de la democracia o liberación venezolana. Estados Unidos no salvará a nadie del populismo o del socialismo si no hay ganancia en el camino.
De rebote, quizá Corina Machado —la ignorada Premio Nobel por Sheinbaum, con su magistral discurso en que revaluó las bases de la historia hispanoamericana, leído por su hija— pueda asumir el cargo para el que fue electa, pero deberá ser hábil para recuperar el concepto de soberanía y volver a levantar a su país.
Si bien la tendencia electoral parece acelerarse hacia la derecha, incluso en Chile, con Kast, pese a que ya hubiéramos querido tener a Boric como presidente de México por su sensatez, su respeto a las formas constitucionales y el evitar el acaparamiento del poder, como lo instrumentó López Obrador, Boric fue un socialista respetuoso de sus instituciones, no un demoledor.
Lo urgente es suspender la ayuda a Cuba para evitar que Trump nos aplique sanciones perjudiciales por defender esas indefendibles tiranías, porque es dinero tirado al pozo sin fondo. Sergio Sarmiento y otras voces claras lo han dicho con precisión.
Estos países no son pobres por “el bloqueo”, dado que solo Venezuela lo padece por ahora en cuanto a cerco naval; son “pobres” por su sistema burocrático centralizado y corrupto que ha llegado al extremo de la expoliación de los ciudadanos, pero antes del chavismo les dejaron una riqueza nacional que derrocharon en consolidar el control del gobierno.
Cuba está abierta para comprar los bienes necesarios a quien guste, pero con dinero; no todos son México, que se ha convertido en el dispensador de bienes gratuitos a una revolución corrompida. Y de manera injustificable, salvo el celo ideológico procomunista, se permite que se siga con esa política absurda.
Era válida hasta la administración Biden, pero ya entonces el mundo se recompuso de otra manera; actualmente ya no es factible. Podemos salir raspados a cambio de nada o de perjuicios generados en intervencionismos políticos de agentes cubanos o venezolanos, dado que incluso Irán, según demuestra Raymundo Riva Palacio, llegó a financiar a Morena, lo que nos coloca en la posibilidad de ser sancionados gravemente por una administración que no valora la normatividad ni el derecho internacional, en el caso de Trump, por pruebas consumadas de alianza con esos países dictatoriales.
La necesidad de redefinir en qué lado del mundo estamos se manifestó desde 2020, pero no hicimos caso (López Obrador tenía su mundo particular) y seguimos con utopías trasnochadas y discursos insostenibles. El motivo fue la invasión a Ucrania, pero López eligió a Putin, e incluso sus acólitos asumieron posturas como Villamil, Taibo y Jesús Ramírez, que los pusieron en la mira, según The New York Times, como siervos de la nación de Putin.
Hoy Sheinbaum, muy a su pesar, tiene que aceptar la política real, no la del sentimentalismo de sus años de subversiva y militante comunista, y comprender que el bien de México reclama soluciones realistas. Ante los conflictos mundiales, por ejemplo, Lázaro Cárdenas, que tuvo excelentes relaciones con la Alemania nazi (increíblemente incluso les vendió petróleo), supo girar, sobre todo con su sucesor Manuel Ávila Camacho, a la vertiente de los Aliados, al mundo occidental en conflicto, lo cual nos garantizó cierto bienestar, desarrollo y supervivencia, incluso tolerar nuestros discursos por la autodeterminación de los pueblos, la cual no es factible en este momento.
Eso es lo que debe entender Sheinbaum: —aunque anticientífica y corta de razonamiento geopolítico— tiene que entender que uno es lo que puede ser, no lo que quiere ser, y eso aplica en la política de Estado y tiene consecuencias, como acelerar la caída de su propio movimiento, Morena, dado que una fractura tan cercana con los Estados Unidos dañaría su proyecto económico y nos convertiría, pese a los derroches socialistas y obras inservibles como Mexicana de Aviación, AIFA, Dos Bocas o el Tren Maya, en una economía paria que dependería de la ayuda externa, y ni Cuba ni Venezuela vendrán en nuestro auxilio, menos Rusia.
Rusia ha sido cruel en el caso latinoamericano con sus servidores. La ayuda rusa no llega por el atascadero de Ucrania, aunado a las provocaciones de una fricción cercana con las fronteras europeas o bálticas.
Pero, entendida la realpolitik, hay momentos en que no va más y es mejor salirse del juego… antes de salir con una mano adelante y otra atrás, raspados y con riesgos de una injerencia extranjera que está más cerca de lo que el discurso de soberanía de Morena intenta conjurar en vano.
Realismo, inteligencia, soluciones adecuadas, caiga lo que caiga, hicieron del PRI un partido con 90 años en el poder. Morena difícilmente podrá cerrar una década si no hace lo necesario, porque la lumbre llega a los aparejos si no se comprende la política real del mundo.
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