
Horacio Villaseñor
Alguien pensó a Guadalajara, después de cuatro intentos está donde está, fue creciendo, llegando a una etapa significativa de “maduración” en el siglo XVIII como centro cultural y económico, reafirmó su madurez política y administrativa durante el siglo XIX al convertirse en la segunda ciudad más importante del país. Lamentablemente, su ayuntamiento integrado por administradores gubernamentales chafa perdió capacidad, los encargados de finales del siglo XX, no se dieron cuenta que en ese momento la ciudad debía renovarse, se descuidó su productividad y el desempeño institucional dejando de ser, el ayuntamiento, útil para el desarrollo con plan, llevando a Guadalajara al desastre que es hoy. Renovarla, ahora no es suficiente, se requiere reconstruirla iniciando por la reestructuración de su gobierno municipal. Todos los servicios públicos actuales son insuficientes y están mal, lo bueno es que aún algo se puede hacer. Me explico: En los 90’s, como se hizo en los 80’s Guadalajara debió seguir su preparación futura, rehabilitando calles, renovando pavimentos e infraestructura de agua y alcantarillado; conservando los parques, unidades deportivas y panteones municipales en inmejorables condiciones, así como el remozamiento de todos los edificios patrimonio de la ciudad y adquiriendo terrenos para construir, al mismo tiempo que se autorizaban torres habitacionales, parques urbanos a sus alrededores. No se hizo nada de esto, para lo único que le dio la inteligencia de los aprendices de administradores gubernamentales de la época fue para apagar incendios, entiéndase contingencias políticas y, eventualmente, electoreras. La dinámica de la administración pública demandó efectividad y el ayuntamiento se rezagó. La ciudad estaba en su etapa de crecimiento y maduración, en los 70’s el ayuntamiento tuvo una Dirección de Obras Públicas y Servicios Generales, la construcción de ciudad era relevante. En los 80’s, la etapa de renovación, la ciudad convertida en metrópoli obligó a su administración a reestructurarse, su función primordial fue otorgar servicios públicos que solucionaran, así nace la Dirección de Servicios Generales separada de la dependencia encargada de las obras, una potente organización que coordinaba áreas como la ecología, la conservación de edificios, el aseo público, el aseo contratado, el tratamiento de las basuras, los estacionamientos y el mantenimiento de pavimentos entre otras más. Por otro lado, la Dirección de Obras Públicas observó, entonces, un descenso en sus actividades. Vino la alternancia política, haya sido como haya sido y los nuevos protagonistas políticos llegaron a aprender, evidentemente no lo han hecho. El desarrollo de la función pública se detuvo, no supieron qué seguía por hacer y el desastre metropolitano está a la vista de todos. Se requería crear las direcciones de servicios y obras que fueran necesarias con un enfoque urbano fractal, más que metropolitano. Como la ciudad no se renovó en su momento, hoy se requiere mucho más, hacer “arreglitos” aquí y allá, solo sirve para dar espectáculo, circo político. Con el pretexto del Mundial de fútbol, algunos harán “negocio”, también algunas zonas de la ciudad recibirán una “maquilladita” y el circo será, pero al final la gran desgracia de la zona metropolitana allí seguirá. Los “gobernantes” de ahora que, no gobiernan nada, deben dejar atrás la planeación reactiva, regresar a la etapa empresarial, repensar la metrópoli deseable, hacer el plan adecuado, reestructurar el ayuntamiento para poder lograrlo, tumbar, destruir todo lo que sobra e iniciar de nuevo. El problema no es de capacidad técnica sino de administración de riesgos. La función de todo gobernante es diseñar sistemas públicos que produzcan valor, esto es, ciudades con un estilo de vida deseable que no dependa de político alguno. Ojalá, el año entrante, haya menos ignorancia institucional porque, aunque todo esté mal hay esperanza. ¡Felices fiestas de cierre de ciclo!
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