Por Manuel Gutiérrez.
Era medianoche del día de Halloween en Bath, Inglaterra. Y los niños, disfrazados de brujitas, diablitos y personajes vampíricos, solicitaban dulces o trato. Debe ser un lugar muy seguro, sin duda, porque los menores hicieron su recorrido solos.
A la mañana siguiente los guías se presentaron: perfectamente disfrazados en trajes victorianos, como un comercial de cereal Quaker, para que tengan una idea visual. La dama con vestido largo y el sombrero recto, isabelino, todo en traje de época.
Personajes más de farándula, pero todo en Bath, relacionado con la wicca, va en serio. Y eso significa que la brujería es un uso social, una práctica llevada a cierto nivel, incluso hasta como carrera universitaria, según me dijeron. Bath es escenografía de Bridgerton, la serie de intrigas y sexo con pretensiones inclusivas, muy ambientada en la época, con la reina Victoria de Inglaterra en negro africano, totalmente absurdo, porque habrá quien crea que así era la señora.
Bath fue la sede del dominio romano que fundó Londinium, pero también llegaron a este lugar que los atrajo, rumbo a North Umbria, a York, en donde terminó el alcance romano, en que las murallas romanas se usaron para marcar el fin del mundo civilizado según los latinos.
Bath tiene baños termales, incluso públicos, a los que puedes acudir. Esta ciudad usó sus aguas para atraer, para ser una especie de Las Vegas, con permisos para el juego en sus diversas formas, y también para tener escenarios que llegan al origen celta de todo, gracias a la genialidad de sus alcaldes, que hicieron una ciudad en que lo que pasaba se quedaba en Bath.
El asunto de la luna es de gran importancia y la arquitectura del lugar te lleva primero al Creciente, edificio curvo que ahora es departamental y está habitado desde hace siglos, y que imita los ciclos lunares (o mágicos). Sitio que tuvo aspiraciones ocultistas, pero que se cambió por The Circle.
Un perfecto templo druida, un concepto celta, con un hemiciclo decorado con objetos naturales, frutos y símbolos masónicos, porque John Wood era parte de logia, y al construir el edificio en torno al lugar, le agregó los emblemas de la orden. Lo cierto es que todas las fuerzas vivas alentaban el éxito de Bath.
Nada extraño en estas latitudes inglesas. Pero lo interesante es el centro: un grupo de árboles añosos, parecen sauces; se ven viejos pero aún saludables y están en un grupo cerrado de cuatro. Este es el verdadero escenario de magia, usado por la tradición popular, por la wicca, por los nuevos propósitos de la New Age, que ahora se sitúan en rito intramuros.
No sentí atracción a ingresar a este lugar. Para los celtas y para muchas tribus antiguas, incluso en la Biblia, se habla de árboles sagrados, en cuanto a que eran orientados o utilizados para rituales, y ese es el caso. A la vista de todos, como un elemento cultural, pero es un sitio “preparado” que es mejor no tocar.
Bath tiene una historia de ciudad de trampas, porque se revelaron milagros supuestos de las virtudes curativas de sus aguas, capaces de dar fertilidad (con alguna ayuda adicional, no entraré en detalles) a mujeres que no pudieron concebir, milagros para todos, incluso para la aristocracia, y de ahí al beneficio de todo el pueblo.
Todo es parte de personajes, de visitantes reales, que fueron dotando a la ciudad de un patrimonio arquitectónico interesante, muy viejo, desde Roma expandida en la Legión IX a la fecha.
Pero finalmente es una ciudad mágica al alcance de todos, pero fueron añadiendo, con los recursos, edificios neoclásicos, un conjunto visualmente atractivo.
YORK HIZO IMAGINAR A HARRY POTTER
La realidad siempre genera ficción, y este es el caso de York, una ciudad inglesa que marca el límite del dominio romano. Con un río, zona comercial y una arquitectura que hacen ver que Rowling solamente transfirió lo que vio ahí a su Harry Potter.
Interesante ciudad, más cuando una declarada wicca se encarga de mostrártela, con todo y su pentagrama, y solo omitió presentar su credencial de Bruja Oficial, autorizada por el Sindicato Mágico y Anexos.
Esta ciudad, con Bath o en York, el pasado encierra la conceptualización de que la brujería no ha pasado, sino que existe. Existe no porque sean ciudades con perfil idóneo, sino porque hay, sobre todo, mujeres que creen en la naturaleza, en las fuerzas físicas, que juegan con todo ello y que lo consideran parte de una vida inofensiva. Pero entendamos que no todos los planos de la brujería son similares y que quien pretende impulsarse avanza en la oscuridad.
Lo cierto es que la gente practicante existe, como en México los hay. Tras de una moderna oficina, de un renombrado especialista X, puede estar oculto el altar secreto, los monitos, las representaciones mágicas, que con mayor razón son toleradas, fomentadas y vistas como parte de la herencia cultural, más por el afán prehispánico y condenatorio de la colonia por la 4T y su caudillo mentiroso que divulga los mitos de mis libros de texto de primaria.
Ellos decían que los mayas eran un pueblo pacífico (¿?), nada violento, sin sacrificios, amante de la naturaleza y de la ecología, astrónomos por mayoreo y un alarde de ciencia. Cuando la Reina Roja, Tikal, las ciudades-estado, la ferocidad entre sus ciudades-estado, los sacrificios en cenotes y de otros tipos para tener fertilidad en las cosechas, y la construcción de las ciudades, su crecimiento, acarrearon la ruina ecológica. Cada pirámide consumía hectáreas por mil de bosques irremplazables, de agua escasa y suelo frágil. Como el nuevo Tren Maya y su deforestación y su reiterado daño a flora y fauna, reconocido a nivel mundial.
Exactamente pretendo decir que la brujería no ha pasado, sino que se conserva, se adecua, se replantea, modifica sus fórmulas, pero sigue siendo atrayente, porque sus portadores se sienten especiales, se sienten más adelantados que los comunes. Porque creen que pueden jugar con la naturaleza, la herbolaria y la medicina casera de entrada; luego buscan la luz violeta y juegan hasta que caen en lo negro.
No es por las tiendas de objetos ocultistas, que en México existen hasta en algunos mercados y que son más radicales, y que se asocian a la wicca, al satanismo, a la Santa Muerte o al intento de comunicación con seres muertos, y que permiten un amplio consumo de talismanes, objetos y de demanda de rituales; incluso te ofertan la vela con “preparación” o sin ella.
La creencia de estas ideas es lo mismo en Inglaterra, es lo mismo que en México, en que siento somos más crudos, más intensos. Lo cierto es que la magia sigue teniendo demanda, y la necesidad de atrapar milagros es un intento comercial y desesperación más solicitado cada día. Increíble que padezcamos un azote narrado en los tiempos bíblicos en el rubro de apostasía o culto a ídolos ajenos como Baal.
Para muchos son seres extraviados, sobre todo por su marginalidad desde el culto católico oficial, pero esto, junto con la masonería, son creencias vivas que moldean vidas, y que ahora quizá no construyan catedrales, porque York fue en el tiempo previo a Enrique VIII católica, pero hecha con ayuda de los hermanos masones, que luego de siglos, al concluirla, solicitaron agregar sus símbolos propios.
Luego de una negociación, las autoridades del culto aceptaron y la masonería se conformó con la estrella de David como su representación. Y estamos en algo que data de más de cinco siglos.
La iglesia luego fue modificada al culto anglicano, que ahora, por sus avances en materia de inclusión de obispas, ministras de culto, matrimonio y divorcio, están más lejos de Roma que antes, pero recibieron la herencia gótica de edificios, decorados, órganos monumentales, campanarios armoniosos que buscan aprovechar lo que saben que perdieron, pero no intentan encontrar, y se conforman con las tesis de Worms de Lutero.
La paradoja europea es que el turismo visita estos lugares y, en ocasiones, se limita al exterior, en que hay herencia gótica, porque el interior está vacío, acorde a los principios de la Reforma, como sucede en Berna, Suiza, en que incluso enterraron las imágenes religiosas y actualmente las desenterraron y las rescatan, por su valor cultural o escultural. Ellos dicen que porque se ha vuelto más tolerantes; siempre los protestantes están jugando un solitario contra su pasado u otras ideas, pero vencieron y luego toleraron el regreso del catolicismo, no sin guerras previas.
Pero el protestantismo admite en sus propias voces una realidad: el 50 % de los europeos ha caído en el ateísmo, y muchas defecciones se dan en las iglesias cristianas, que no encuentran el recurso de la sacralidad a la que renunciaron, en tanto los católicos siguen ahí, en segundo plano, sin recuperar protagonismo. Pero luego de Reforma y Contrarreforma, al final ambos coexisten de alguna manera. Como si, de alguna manera, las dos tendencias se imitaran.
En San Pablo, en Londres, la ceremonia parecía digna de San Pedro, en Roma. Por el órgano, los protocolos ceremoniales, pero aún en la sobriedad de un culto sin sacramentos, sin indulgencias, santos y sin aceptación de categorías de María como madre de Jesús, les cobra un precio de contradicción: buscan la forma, no el fondo, y eso no les alcanza, en tanto los cultos alternativos siguen, gozan de cabal salud, como antes y como si la humanidad no cambiara. Y Europa, vista así, necesita una reconversión desde el punto de vista del catolicismo histórico. Pero decirlo es fácil, hacerlo no lo es, y el costo termina en el ateísmo, como si todo el pasado hubiera sido en vano.
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