Por Manuel Gutiérrez
Primero, Heil es un saludo tradicional desde el medioevo, ante un liderazgo real, un reconocimiento y aceptación de los planes. No es un saludo de los nazis, que solamente lo tomaron de la historia y uso popular.
Heil, Heidelberg, es un saludo a una gran universidad alemana, de las mejores del mundo, que mantiene el prestigio y atracción de los mejores estudiantes del mundo, en una gama de carreras impresionante, desde técnicas, humanísticas, hasta materias tan sofisticadas como Teología.
La ciudad nació sobre las riberas del río Neckar, al suroeste de Alemania, pero la Universidad se fundó en el año 1300. Llama mucho la atención por una combinación de tres estilos: primero el gótico de su catedral y su castillo, pero destaca el estilo barroco del centro.
En el castillo se tiene un barril colosal de vino, el más grande del mundo, por lo que el vino nunca se acaba en esa cava.
Tiene una población flotante, pero una cuarta parte de los 160 mil habitantes son estudiantes de la universidad. Existen bares, tienen festivales culturales y festejos en todo el año, y por fortuna la Segunda Guerra no la tocó.
La Universidad tiene el sabor de Cambridge u Oxford, es decir, está dentro (es parte) del pueblo. Casas privadas se habilitaron como facultades y están repartidas por la ciudad. Tuve la oportunidad de mirar una de las clases y me impresionó la modernidad de los recursos desplegados para el aprendizaje, la liberalidad con que trata a los estudiantes, y estos están sumamente concentrados en su aprendizaje. Ciudad de romances, de sitios románticos inevitables, es parte del sabor del lugar.
Pero no es mi intención hacer una nota turística. La Universidad representa una de las demostraciones de la civilización occidental por educar y desarrollar la ciencia y el bienestar real, no demagógico, en Alemania, resultado de la labor civilizadora de la Iglesia y de algunos nobles. Muchos estudiantes reciben subvención oficial para cursar sus carreras en ese lugar, pero se enfatiza mucho en que deben devolver el beneficio recibido en forma efectiva, sin discursos sociales o demagogia. Es decir, deben ayudar a la gente con lo que aprendieron y punto.
Ahora, pensemos en México en el año 1300: todavía no se descubría América, México como tal no existía, sino ciudades estado y centros tribales mesoamericanos diversos, cuando en ese lugar ya aprendían lo más avanzado de la ciencia y filosofía occidental. Los delirios de los que suponen que esos pueblos prehispánicos eran naciones logradas, institucionales, y sobrepacifistas y solamente amantes de la cultura, dan risa ante la verdad de la historia mesoamericana, su culto cósmico y sus ritos de tributación de vidas.
Nuestros cultos cósmicos, nuestras deidades prehispánicas, la fertilidad de la tierra, la existencia de la vida, cobraban tributo entre nuestros pobladores, mientras los estudiantes gozaban de ceremonias religiosas incruentas con música y fondos corales, para significar el domingo o las fechas de festejo de la universidad fundida con la ciudad, algo muy atractivo. Bailes, festivales, muchas fiestas: ser universitario no tiene que ser sinónimo de tristeza.
La antigüedad de Heidelberg, como su propia belleza, permiten asomarse a la vida y desarrollo de la educación y cultura europea en esos años, y no eran los únicos centros: Francia, Inglaterra e Italia ya disputaban el liderazgo intelectual; en todas partes había centros culturales universitarios que hoy son de alcurnia.
Incluso los estudiantes eran muy volátiles, inquietos, y eran la crema de la crema de la nobleza, burguesía, del clero, y un reducido número de talentos que eran apoyados a continuar sus estudios con becas. Los estudiantes desde el Medioevo también se excedían y, para pacificarlos, optó la ciudad por crear una cárcel estudiantil, a la que iban a parar los que reñían, causaban escándalos con sus festejos o por alguna otra transgresión. Hoy es un recuerdo con letreros de los que estuvieron ahí, pero ya no funciona como reclusión.
Al término de la guerra, Heidelberg se volvió muy popular entre los estadounidenses que colocaron el centro de comando de sus fuerzas armadas en ese lugar. Llegaron a residir de planta más de 6 mil militares en forma permanente; era una base importante del Alto Mando. La hambruna de Berlín, el bloqueo, aquí no se notaron en la abundancia estadounidense.
La oferta universitaria se divulgó en los Estados Unidos y rápidamente obtuvieron alumnos que encontraban interesante, más barato o mejor estudiar en Alemania, y muchos militares destinados en este país optaron por ingresarlos ahí. Esto le permitió a Heidelberg volver a un primer plano, pero Alemania tiene muchas instituciones descollantes en campos tecnológicos; la de sabor antiguo es esta universidad legendaria, como el Tecnológico de Múnich.
Al retirarse las fuerzas de ocupación estadounidense, sin embargo, la presencia de lo anglosajón en el Heidelberg moderno no disminuyó.
La vida en esa ciudad es un tanto cara, con un promedio de 900 a 1600 euros por mes, pero la oferta de la universidad es atendida en todo el mundo.
Una de las razones es que el costo de esta universidad pública del estado alemán es de un promedio de 1500 euros por semestre para programas de licenciatura y maestría de mucho reconocimiento internacional.
La Universidad cobra adicionalmente una cuota administrativa por servicios estudiantiles diversos, que incluyen incluso transporte público en la región, por una tarifa de 171 euros por semestre (variable). Entre los gastos de vivir en esta ciudad del sur de Alemania se encuentra el tener una cobertura de gastos médicos, pero la universidad estudia a los solicitantes que piden una beca para cubrir o disminuir los costos de matrícula o de manutención y en muchos casos la otorga. Es, con otras instituciones, una institución que tiene egresados en gran parte del planeta.
Europa ahora se distingue por ofertar sus aulas a un mundo que las sigue encontrando atractivas, avanzadas y hasta cierto punto accesibles, con calles antiguas en su zona céntrica, un conjunto de gran belleza y relajado ambiente, y una universidad que detuvo al tiempo, como Oxford. El turismo universitario y la oferta educacional son una gran fuente de ingresos de la UE.
Incluso es una de las ciudades en que todos hablan inglés básicamente, por las circunstancias tan especiales de la universidad. El castillo, en ruinas pero bien conservadas, y es una ciudad con sabor, algo no tan frecuente en algunas ciudades de Alemania. Tal vez por el destino de la universidad, que mantiene el atractivo que la hizo sobrevivir desde la Edad Media a nuestros días, una prueba de grandeza que la rodea e inspira.
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