Por Manuel Gutiérrez.
El llamado “Afrika Korps” ha logrado grandes éxitos en África, adueñándose de países con oro, piedras preciosas, tierras raras, petróleo y otras formas de riqueza, conquistadas por la vía de la violencia. En seis países diferentes han logrado convertir a Rusia en el principal operador del continente negro, como fue llamado en el pasado.
Cuando mencionamos “Afrika Korps” es mejor aclarar: no se trata de los nazis que combatieron en el norte de África, desde Libia hasta Egipto, comandados por el legendario “Zorro del desierto”, Erwin Rommel, que enfrentó a Montgomery, pero logró derrotar a los comandantes ingleses, enfrentando con éxito en Tobruk a las fuerzas aliadas. No, no se trata de la división que quedó fuera del alcance logístico con sus operaciones para Alemania y fue finalmente derrotada, usando una swástica en el centro de una palmera, un ejército con pantalones bermudas, derrotado por Montgomery en su revancha y por Patton.
No, este “Afrika Korps” es ruso, aunque tiene nacionalidades diversas de especialistas en matar, en manejo de explosivos, acciones de comando, muchos de ellos de los países que fueron la Unión Soviética, como los chechenos, bielorrusos, kazajos, y algunos europeos, elementos descollantes pero inadecuados en los ejércitos convencionales por sus actitudes psicópatas asesinas, violencia extrema, crueldades e incluso poca disciplina a las órdenes. Son soldados prófugos del patíbulo, liberados para luchar por Rusia contra Ucrania o en las misiones mercenarias que les redundan en beneficios económicos.
El inestable panorama de África, con guerras tribales de exterminio, militares golpistas, corrupción en una forma desmedida y cínica, pero a la vez con recursos naturales muy apetecibles, hizo de la función del grupo Wagner un éxito; ya están disponibles y cobran muy bien sus servicios.
Son los guardias de élite de los aspirantes a dictadores o exterminadores de pueblos, y luego, contando con el apoyo del FSB, que unció al control del Ejército ruso a los mercenarios privados de Wagner, proponen convenios de reconocimiento de Rusia, lo cual es bien recibido porque los gobernantes están apestados, aislados o reprobados en la comunidad internacional y así sienten que apuntalan su poder.
Rusia, de esta manera, logra grandes ganancias en una gran aventura imperial colonialista del siglo XXI, cuando se creyó que este tipo de acciones ya eran del negro pasado del siglo XX, pero igual la piratería ha regresado.
Wagner opera aviones, helicópteros, artillería, blindados; son asesinos de élite, despiadados en extremo, lo que los hace inadmisibles en los cuerpos regulares de sus países, y terminan haciendo lo que les gusta: torturar, cometer crueldades, dar rienda suelta a la mayor destrucción.
Como en el pasado los Mau-Mau en el Congo contra los belgas, o los comunistas argelinos que se enfrentaron a los paracaidistas franceses. El mundo se ha desentendido de África, y Rusia aprovecha perfectamente la herencia de Prigozhin, el amigo de Putin que eliminó luego de intentar derrocarlo, en jet privado con un misil antiaéreo, pero creó una milicia internacional apta para operar en cualquier parte del mundo en donde les paguen y, de rebote, conquistan para Rusia, que se apresura a reconocerlos, darles apoyo, hacer inversiones y convenios leoninos en que se apoderan de la riqueza de todas las formas, como en el siglo XIX o XVIII. Rusia fomenta el colonialismo imperial.
Al asesinato de Prigozhin, Putin decidió someterlos al control del FSB y del ejército zarista actual, porque vio su capacidad; puso mandos afines y promovió a nuevos jefes, alejados del fundador Eugeny Prigozhin, y los soltó como perros de la guerra en ese continente martirizado, muy rico, muy pobre, muy repulsivo en el panorama de respeto a la vida humana y la dignidad de las personas, con daños a la fauna, a la flora y al medio ambiente, contaminando esa región privilegiada en cuanto a especies: la barbarie en todo su esplendor.
LAS OPERACIONES.
Lo más reciente: Wagner ha tomado Madagascar. Putin le ofreció al líder Michael Randrianirina protección y cooperación militar a cambio de sus recursos naturales, por lo que suman a República Centroafricana, Malí, Burkina Faso, Níger, Libia y Guinea Ecuatorial.
Randrianirina dio un golpe de Estado en octubre del año pasado, teme por su vida, y Putin lo tranquilizó en cuanto a su futuro y a la destrucción de sus enemigos, y le donó armas para su escolta personal, desde ametralladoras, pistolas, drones, granadas y un mosaico de equipos para su guardia, que ahora es rusa principalmente.
En la República Centroafricana —se me hace exceso llamarle república— las elecciones ya fueron manipuladas por Rusia. El presidente Faustin-Archange Touadéra (según nos informa El País el 20 de enero de 2026) aparece en pósters gigantes con Putin. Los Wagner arribaron en 2018, ante el vacío que dejaron los franceses, con un país hundido y con guerra civil enconada.
Ahora, Rusia avala y asegura la reelección de Faustin; ha propinado severas matanzas a las tropas enemigas rebeldes, todo a cambio de una cuota de oro no determinada, pero suficiente por los desvelos rusos. Pósters de Faustin con Putin adornan su campaña.
En Libia, los rusos llegaron en 2019, luego de una guerra civil sangrienta que fue secuela del derrocamiento del líder libio asesinado, Muamar Kadafi o Gadafi, como dicen en España. Los rusos escogieron al mariscal Haftar, que paga con petróleo los servicios.
Ahora ya tienen bajo su control varios partidos políticos que ellos mismos financian; incluso Rusia cuenta ya con una base militar en Maaten as Sarra, desde donde intervienen en Sudán y su entorno inestable y, de paso, en la República de Chad, próximos objetivos con bastante petróleo, diamantes o tierras raras. Su voracidad no tiene límites, mientras en Occidente se hacen mea culpa de haber sido colonialistas.
En Malí, el control de Wagner o de Rusia es total. Llegaron en 2020, luego de la expulsión de los franceses, que estaban hartos de la propaganda de criticarlos como colonialistas. Los rusos aglutinaron a yihadistas, tuareg de todo tipo. Pero en fechas recientes los rivales acudieron a asesores privados extranjeros y a comprar armas en el mercado negro.
Con ello igualaron los cartones con Wagner. Igualaron el poder de fuego.
En 2024 tuvieron una severa derrota que terminó con un cementerio de mercenarios rusos (y otros internacionales) por la derrota en Tinzawaten, que ocasionó la peor derrota hasta el momento en África, demostrando que no son invencibles.
Pero Wagner regresó con más refuerzos y recursos rusos directos para recuperar la ciudad de Kidal.
Los desfiles, marchas y banderas rusas son comunes ahora en África. Burkina Faso y Níger están saturados de ellas. Pero los generalísimos tribales han sido un poco más listos: aceptaron asesores rusos, pero dejaron una base de fuerzas nacionales, que se socava lentamente.
El avance en Madagascar, en que por cierto la película animada hizo creer a algunos que de verdad había pingüinos, es importante y notable y sin competencia para los intereses rusos. No hay pingüinos, hay rusos. Ahora será otra colonia rusa.
Pero en Guinea Ecuatorial la guerra está más caliente. Llegaron en agosto de 2024, en apoyo del dictador Teodoro Obiang, que ya firmó un convenio para entregar, perdón, desarrollar los sectores energéticos y la ciberseguridad mediante inversiones rusas, incluso una “misión espacial” conjunta, lo que muestra que el portafolio de ofertas ofrece lo que sea con tal de capturar a esos países que pagarán con petróleo y gas.
Ha sido tan exitosa la penetración de Rusia con su colonialismo imperial que nadie lo señala ni protestan contra estos “liberadores”.
Han celebrado reuniones mundiales en Sochi, en 2019, como la Cumbre África-Rusia, y en 2023 en San Petersburgo, en que desfilaron los dictadores y golpistas que componen el nuevo mapa del ÁFRICA COLONIZADA DE NUEVO, pero ningún organismo habla de la pérdida de derechos humanos, de la autodeterminación de los africanos o nadie hace nada por los nativos.
Los nativos del continente de la esperanza encontraron una nueva cadena de similar esclavitud, aunque de alguna manera vivían mejor en manos de los europeos —que aun explotándolos no se comparan con la voracidad de los rusos—, que alientan sentimientos raciales de ser un pueblo superior, por lo que los organismos internacionales, incluso por los bienes que poseen, deberían tutelar y exigir que se respeten los derechos humanos.
Quedaron a su suerte. No se trata de que padezcan un colonialismo por otro, pero hay escalas en todo y en eso la comparación hace ver a los europeos como decentes —que no lo fueron—, pero los rusos… tocan el fondo de la maldad humana.
Eso sería una aberración. Lo cierto es que los africanos siguen mostrándose vulnerables y sometidos a líderes de escasa visión y de origen ilegítimo; así siempre serán víctimas de los ambiciosos y conquistadores piratas de la tierra.
También Amnistía Internacional acusa crímenes en la invasión a Ucrania y lo muestra en sus ataques a la población civil, incluso en áreas de vivienda, secuestros, ejecuciones y campañas de exterminio y crueldad que ya no deberían caber en el siglo XXI, pero la regresión a la oscuridad es espantosa a nivel mundial. Trump dejó a su suerte a Ucrania, que sufre los peores castigos de los drones y misiles rusos.
La pérdida de las democracias es mundial también, suplidas por el caudillismo. México vive sus propios azotes con la inseguridad y la falta de Estado de derecho, lo cual no debemos tolerar, porque más de uno de nuestros estados vive en guerras civiles del crimen organizado desde hace ocho meses (Sinaloa), y la violencia genera víctimas en todas partes. Pero esos males aumentados hacen víctima a África por el colonialismo del siglo XXI.
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