
Por Laura Gutiérrez Franco
La situación de los precios de la gasolina y el diésel en México ha alcanzado un punto de tensión crítica. Mientras la administración federal intenta mantener un control estricto, la realidad en las estaciones de servicio cuenta una historia distinta.
El Desacierto en la Estrategia Gubernamental
A pesar de los discursos oficiales, parece haber una falta de inteligencia y pericia técnica para contener la inflación energética. La estrategia actual, basada en señalar y “exhibir” a través de la Profeco con letreros que desincentivan la compra en ciertos establecimientos, no ha logrado estabilizar el mercado. Esta medida es vista por muchos sectores como una reacción desesperada ante la incapacidad de controlar las variables económicas reales, demostrando que el gobierno no ha atinado a una solución de fondo para evitar el encarecimiento.
La disparidad de precios en el país evidencia que el control gubernamental es, en el mejor de los casos, parcial. En este abril de 2026, Nuevo León se posiciona como el estado más caro para los automovilistas, con la gasolina Magna promediando los 24.01 pesos y la Premium rozando los 29.40 pesos por litro. En contraste, estados como Tamaulipas presentan los precios más bajos del país, con la Magna en 21.91 pesos, gracias a su cercanía con la frontera y beneficios fiscales.
En la Ciudad de México, el promedio de la Magna se mantiene en 23.80 pesos, mientras que la Premium alcanza los 28.40 pesos. Jalisco, por su parte, no se queda atrás en la carestía, con la Magna en 23.99 pesos y la Premium llegando a los 29.11 pesos por litro.
La Postura en Jalisco
En el estado de Jalisco, la Asociación Mexicana de Empresarios Gasolineros (AMEGAS) ha señalado que las variaciones no son fruto de la especulación, sino de una combinación de factores externos y costos operativos. Sus puntos principales incluyen:
* Costos Logísticos: El traslado y almacenamiento en la región impactan directamente en el precio final.
* Contexto Internacional: La volatilidad de los precios del petróleo por conflictos externos, como las tensiones en el Estrecho de Ormuz, ejerce una presión que los subsidios locales no alcanzan a mitigar.
* Cumplimiento de Pactos: Aunque se intenta respetar el tope sugerido por el gobierno, las condiciones del mercado global y los costos de Pemex hacen que este equilibrio sea sumamente frágil para los empresarios locales.
En resumen, la prensa y el sector privado coinciden en que la política de “señalamiento” no sustituye a una verdadera política económica eficiente, dejando al consumidor final en medio de una disputa de datos y culpas mientras el bolsillo de los ciudadanos sigue pagando el costo de la falta de estrategia.Y deja ver que todo lo que huela a Pemex está mal, muy mal.
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