
Por: Laura Gutiérrez Franco
El cuadrilátero político mexicano está operando a su máxima capacidad, pero no precisamente por el debate de grandes reformas o propuestas de altura, sino por una serie de batallas en las esquinas donde la narrativa oficial parece toparse con pared. En el centro de la escena, la Presidenta Claudia se mantiene firme en su ruta, restando importancia a lo que considera simples “pintitos en el arroz”, mientras los frentes abiertos en el norte, en el extranjero y en las propias filas de su partido en Jalisco comienzan a acumular un costo político evidente.
La Presidenta ya está a un grado alto de reventar de tanto problema, pero se hace la víctima.
Primer Round: El frente de Chihuahua y el factor foberanía
En una de las esquinas más complejas – la Presidenta como Ruda- se mantiene el choque directo con la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos (Técnica). El origen de la molestia en Palacio Nacional radica en los señalamientos sobre la presunta presencia y colaboración de agentes extranjeros —específicamente de la CIA— en territorio chihuahuense, un tema que desde la perspectiva federal se califica de inmediato como un atentado directo contra la soberanía nacional.
Sin embargo, a la Gobernadora de Chihuahua estas advertencias parecen no quitarle el sueño. Con el respaldo de una base local que se percibe sólida y compacta —donde el panismo histórico mantiene su hegemonía e incluso sectores del priismo cierran filas en torno a su gestión—, Campos ha revirado con contundencia. Su postura es clara: a Chihuahua no le van a hacer daño porque la realidad y la estrategia local caminan por un rumbo distinto al del centro del país. Mientras la Federación acusa, en el norte se defiende el territorio bajo la premisa de que la seguridad ciudadana está por encima de las disputas ideológicas.
Segundo Round: El Descalabro Diplomático de Ultramar
El segundo frente nos lleva obligadamente a la arena internacional, donde la confrontación cruzó el Atlántico. El ríspido intercambio de mensajes y recados diplomáticos con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, dejó un saldo desfavorable para la estrategia mexicana.
A diferencia del tono estridente que suele dominar la política doméstica, la líder madrileña supo plantarse con una combinación de diplomacia institucional, elegancia y contundencia discursiva que terminó por neutralizar los reclamos provenientes de México tras su visita. En este intercambio de golpes retóricos, la sobriedad y el empaque político de Ayuso evidenciaron las costuras de una diplomacia mexicana que, por momentos, prefiere el choque rústico antes que la finura de las relaciones exteriores, resultando en una clara pérdida de terreno para la mandataria federal.
El Laberinto de la Seguridad y el Ejército en Sinaloa
Para añadir combustible al fuego, los diferendos en los estados terminaron salpicando de manera directa la relación con el Ejército Nacional, pero esta vez el foco rojo se encendió en Sinaloa. El pleito escaló a tal grado que la Gobernadora interina de Sinaloa puso en serios aprietos a la Presidenta ante las fuerzas armadas, luego de ventilar públicamente las circunstancias que rodearon la gestión de seguridad en la entidad.
El punto de quiebre revivió los vínculos con el anterior secretario de Seguridad —hoy bajo custodia de las autoridades de Estados Unidos y enfrentando un proceso formal bajo graves cargos de narcotráfico y conspiración—. La narrativa de que dicha posición estratégica fue una imposición o venía con el sello del Ejército ha generado una incomodidad profunda en el sector castrense. Que el exfuncionario hoy comparezca ante la justicia estadounidense no solo valida las alertas internacionales, sino que expone el tamaño del ridículo institucional en los filtros de confianza del Estado, abriendo una herida difícil de sanar entre el poder civil y el militar.
Las Escuderas en la Esquina: El Efecto “Tres Doritos Después”
En medio de estos frentes, resulta inevitable notar la omnipresencia de figuras del ala dura del partido oficial, como Citlalli Hernández y Ariadna Montiel, quienes operan de manera permanente como escuderas de la narrativa presidencial en cada mesa de debate y espacio público disponible. Sin embargo, el afán de salir a defender cada centímetro de territorio político suele pasarles factura de forma casi inmediata.
Anécdota de banqueta: El control de daños que no fue
Durante una de las recientes contingencias políticas, una de estas prominentes figuras del partido oficial tomó los micrófonos con absoluta vehemencia, asegurando ante los medios de comunicación que la estrategia de seguridad y la cohesión interna del movimiento eran “impecables, incorruptibles y un ejemplo de coordinación blindada ante el conservadurismo”.
Tres Doritos después… los cables internacionales confirmaban la detención del exmando policiaco en la frontera y las autoridades estatales comenzaban a cruzarse acusaciones de boicot en las reuniones de seguridad. El discurso de control absoluto se desmoronó en televisión abierta, dejando la defensa inicial en un auténtico ridículo público.
Jalisco: La Guerra Civil por Guadalajara
Mientras el plano nacional se distrae en las esquinas, en Jalisco las cosas no están más tranquilas, aunque aquí el pleito se cocina estrictamente dentro de casa. En las filas de Morena la tensión ha alcanzado su punto máximo debido a la encarnizada disputa por la candidatura a la presidencia municipal de Guadalajara.
La arena local cuenta con cuatro protagonistas en escena: Chema Martínez, Itzul Barrera, Carlos Lomelí y Mery Pozos. No obstante, el verdadero trasfondo de la contienda interna ha dejado de ser una competencia de propuestas para convertirse en un bloque unificado de “todos contra uno”. El objetivo del fuego cruzado es, de manera sistemática, Mery Pozos.
La paradoja del escenario político en la capital tapatía es evidente: mientras la oposición observa desde la barrera, el pleito y las descalificaciones entre los propios aspirantes de Morena son mucho más agresivos, ruidosos y destructivos que cualquier batalla que estén librando contra sus adversarios externos. La obsesión por el control de la joya de la corona municipal está generando una fractura interna que, de no frenarse, podría costarles caro de cara a la boleta electoral.
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