Por Laura Gutiérrez Franco
Mucho se especula siempre que arranca un gran torneo deportivo sobre el impacto real que las pasiones futbolísticas tienen en las líneas de producción, las oficinas y las tiendas. Se suele pintar un panorama casi apocalíptico donde el ausentismo y la apatía se apoderan de las plantillas laborales. Sin embargo, los datos duros suelen enfriar los mitos. El ejemplo más reciente lo tenemos aquí en casa, tras el amargo trago del pasado domingo que dejó a la Selección Mexicana fuera de la competencia y ya no hay más partidos en México.
Cualquiera habría pensado que el lunes amanecería con los ánimos por los suelos y las empresas semivacías. Pero no fue así. Un sondeo muy oportuno de Coparmex Jalisco, liderado por Luis Beas Gutiérrez, nos revela que 9 de cada 10 empresas socias operaron con total normalidad, sin registrar ausentismo ni retardos vinculados al desenlace del partido. Las incidencias reportadas fueron mínimas, apenas un chipote en el camino de la jornada laboral diaria.
¿Cómo se logró mantener a flote la operación en un estado tan apasionado como el nuestro? La respuesta no está en la rigidez ni en el “reloj checador” implacable, sino en algo que a veces nos cuesta trabajo ejercitar: la planeación y la flexibilidad.
Es verdad que los días de mayor efervescencia del torneo pusieron a prueba a los departamentos de recursos humanos; una de cada cinco empresas reportó faltas y una de cada tres vio brincar los retardos. Pero la parálisis se evitó porque el sector privado jalisciense entendió que el entusiasmo no se decreta ni se esconde debajo del escritorio. En lugar de confrontar, se optó por adaptar: horarios flexibles, pantallas en las áreas comunes, activaciones internas y home office donde las tuercas del negocio lo permitían.
Al final, como bien señala Beas Gutiérrez, la gran lección que nos deja este episodio es que la productividad no es una moneda de cambio que te obligue a elegir entre la eficiencia operativa y el bienestar de las personas. Al contrario, se alimenta de ambos cuando media el diálogo y la confianza mutua.
Lo interesante es que muchas organizaciones no solo salvaron el día, sino que reportaron que la dinámica sirvió para integrar mejor a sus equipos. En un entorno económico que exige cada vez más competitividad, entender que los grandes retos se resuelven construyendo acuerdos y no imponiendo barreras es una lección corporativa que bien vale la pena conservar, mucho después de que se apaguen los reflectores de las canchas. Al tiempo.
El apagón burocrático: La parálisis simulada en el sector público
Mientras el sector privado jalisciense presume acuerdos de flexibilidad para mantener a flote la productividad durante los partidos de la Selección Mexicana, en el terreno del gobierno estatal y los municipios de la Zona Metropolitana de Guadalajara la historia se escribió con otra tinta. Detrás de los comunicados que aseguraban una “operación regular y ventanillas abiertas”, la realidad es que el Mundial provocó un auténtico apagón administrativo: hubo días específicos en los que, de manera fáctica, no se trabajó.
Fuentes internas de diversas dependencias confirman que la estrategia de instalar pantallas en áreas comunes y oficinas, lejos de contener el ausentismo, terminó por legalizar la parálisis. Durante los 90 minutos de los encuentros —y las horas previas de rigurosa preparación logística y almuerzo— el aparato gubernamental se congeló por completo. Trámites civiles, revisiones técnicas, firmas de autorizaciones y el desahogo de correspondencia interna simplemente se acumularon en los escritorios bajo la consigna implícita de “regresando del partido lo vemos”.
La simulación laboral fue más evidente en las áreas operativas y de campo de los municipios, donde cuadrillas completas detuvieron labores argumentando bloqueos viales o falta de suministros, cuando el verdadero motivo estaba en las transmisiones en vivo. Aunque oficialmente ningún ayuntamiento se atrevió a decretar un día de asueto formal —lo cual habría desatado el descontento de la ciudadanía que acude a realizar pagos o trámites urgentes—, el ausentismo presencial se transformó en un “ausentismo mental” institucionalizado.
Este freno en el motor burocrático no solo dejó una lista de espera kilométrica en la tramitología local que tardará semanas en regularizarse, sino que reavivó la eterna crítica sobre los privilegios en el sector público. Para los contribuyentes y empresarios que tuvieron que cumplir con sus jornadas al 100%, el mensaje fue claro: en los días de la Selección, la nómina gubernamental de Jalisco siguió corriendo, pero las funciones del Estado se tomaron un prolongado e injustificado descanso.
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