Por Manuel Gutiérrez
Nicolás II ha sido canonizado, es decir, considerado santo por la Iglesia Rusa Ortodoxa. Él fue el último zar, y su esposa, sus hijas y el heredero fueron asesinados por los bolcheviques. Cuando Lenin dispuso ese final para la monarquía feudal de Rusia, nunca imaginó que estaba dando dimensiones de eternidad al gusto por la monarquía de la Rusia actual.
El Mundo, en su estilo de informar completo, colorido y muy bien fundamentado, reporta que se realizó, como cada año, una conmemoración de la monarquía de Rusia, un acto incluso tolerado y apoyado por Vladímir Putin. El homenaje fue en la ciudad de Ekaterimburgo con la asistencia de 44 mil participantes, muchos de ellos de otras regiones de Rusia.
Entre los políticos asistentes estuvo Leonid Slutski, del partido ultranacionalista Liberal-Demócrata de Rusia, pero cuyo sesgo es más monárquico que todo lo que dice la leyenda de su partido, porque su discurso no suena como liberal, ni mucho menos demócrata.
“La ejecución de la familia imperial en 1918 no fue un acto de represalia política, sino también un intento de la destrucción de la memoria histórica y la identidad del país”.
Ya ha pasado un siglo, pero a la monarquía se le extraña, se le busca, y un 28% de los rusos están de acuerdo en una restauración monárquica. Pero el problema es que cortaron de tajo a la familia real. Sin embargo, eran parientes del rey Jorge V de Inglaterra y de Guillermo II de Prusia, por lo que debe haber estirpe que legalmente pueda aspirar a representar una monarquía constitucional. Incluso muchos duques, condes y miembros de la nobleza de Rusia emigraron a Francia y otros países europeos para trabajar desde como taxistas, recepcionistas de hoteles, maestros de lenguas, música y filosofía, entre otros oficios, recordar las viejas glorias y enfatizar la realidad del gobierno del zar Nicolás, quien desde el punto religioso merecía la distinción de santidad.
El asunto, sin embargo, choca con la herencia soviética de Rusia, que aniquiló a la familia imperial, y no se ha considerado explotar políticamente el asunto. Incluso muchos consideran que Putin es en realidad un nuevo zar, con su poder autócrata, ilimitado y centralizado, pero el detalle es que el exespía del KGB no quiere usar una corona. Sin embargo, la Iglesia Ortodoxa Rusa, que lo considera su campeón moral, no dudaría en imponérsela y crear una corte al estilo de los Windsor, quienes originalmente eran alemanes, por lo que cambiaron el nombre al lugar de su reino.
Putin ha tocado el tema; lo ha hecho con frialdad, pero destaca el “importante papel de los monarcas rusos en la construcción de su nación”. Sin embargo, en Crimea, la anexada península, en voz de Serguéi Aksiónov, declaró que: “Rusia necesita la monarquía, no una democracia como la que promueven los medios occidentales. Tenemos nuestros valores tradicionales, ortodoxos, y en este momento en que nos enfrentamos a un enemigo exterior (Ucrania, que fue invadida por ellos) la democracia sobra —y puntualizó—: Me refiero a ese libertinaje que muchos entienden como democracia”.
Putin hace revisiones de su historia dado que le encanta narrarla a su manera, pero en materia de reyes, no duda en reivindicar el papel de Pedro el Grande o del mismo Nicolás II.
La Iglesia Ortodoxa no dudó: el 14 de agosto del año 2000 —luego de la conmoción que causó la comprobación de haber encontrado los restos de la familia imperial—, la Iglesia canonizó a Nicolás y a su esposa Alexandra, quienes adicionalmente alimentaron una leyenda romántica como una gran pareja de amantes casados. Olga, Tatiana, María y Anastasia, que fueron catalogadas como mártires con ejemplar resignación ante la muerte, hacen ver que en ello brilla la luz de Cristo.
Inicialmente los zares, sus hijas y su hijo fueron llevados bajo vigilancia a Tobolsk, pero el auge de los rusos blancos, los antibolcheviques, hizo temer a los comunistas que la familia real fuera empleada como estandarte de la rebelión, por lo que fueron ocultados en Ekaterimburgo, ciudad del oeste-centro de Rusia.
La noche del 17 de julio de 1918, en la casa Ipatiev, en la que estaban detenidos junto a sus sirvientes, su médico familiar e incluso el perro de la familia, se les dijo que se les iba a hacer una foto para que el mundo supiera de su bienestar. Incluso Nicolás colocó a su hijo en sus rodillas, pero entró el bolchevique Yákov Yurovski con 17 soldados y secamente le dijo que el pueblo lo condenaba a muerte.
Nicolás estaba asombrado. Dicen los historiadores que contestó: “¿Qué?”, cuando recibió el primer disparo a bocajarro y los fusiles comenzaron la masacre. En el 2018, el patriarca Cirilo encabezó una marcha de aniversario luctuoso al cumplirse un siglo de la muerte del gran zar, con 100 mil personas que portaban cruces de la Iglesia Ortodoxa y llevaban retratos de la familia asesinada. “Rezamos por el zar Nicolás, un mártir, y su familia asesinada; rezamos por quienes sufrieron con él”.
Hoy la nostalgia sigue, y que casi una tercera parte de la población de Rusia vea hoy con buenos ojos a la familia imperial dice mucho.
LA GUERRA SIGUE, RUSIA RETOMA LA INICIATIVA EN DONETSK
Ucrania mostró 43 vehículos blindados tipo BMP-3 de Rusia capturados en Izium, en la zona de Járkov, y se considera que es un tipo de tanque ligero, apto para transportar tropas, con un cañón de 100 mm, un cañón de 30 mm de disparos frecuentes como ametralladora y una ametralladora propiamente, todo montado en una torreta. Estas unidades son anfibias, adicionalmente.
Mientras tanto, Eslovaquia está dispuesta a ceder a Ucrania sus aviones MiG-29, ya que cuenta con 11 aparatos, en lo que se consiguen los abundantes MiG que tiene Polonia, que ya tenía 28 por entregar. Los ucranianos solicitaron incluso en compra aparatos modernos de combate, pero no llegan, aunque sí reciben repuestos necesarios para mantener operando los aviones.
Eslovaquia propone un trueque con Ucrania por los aparatos; incluso fijó una cantidad de dinero a cambio de los mismos. Eslovaquia está interesada en obtener cazas a cambio y buscará comprar para su defensa aviones F-35. Mientras tanto, se especula sobre los Warthogs A-10, cazatanques y artillería voladora con misiles y bombas adicionales que estorban actualmente en los Estados Unidos, pero cuyo uso en Irak hizo reconsiderar su utilidad; incluso se autorizó un nuevo diseño que lo reemplazará. Pero lo cierto es que la administración de Trump ha cerrado el arsenal para Ucrania, y lo que antes llegaba limitado y con candados para su uso, actualmente no les aporta nada en un momento decisivo de la guerra. Trump ha sido el mejor aliado que tiene actualmente Rusia y sus propuestas de paz incluso pasan por la entrega incondicional de Ucrania, lo que las hace inaceptables.
Rusia en este momento padece un dilema: forzar el frente del este o del oeste en Ucrania, en los que han logrado avances pero han perdido vehículos blindados en número de 300, muchos de ellos reparados en Moscú por daños sufridos en Ucrania, en una campaña que no termina de cuajar en los últimos cinco meses, según el medio especializado Galaxia Militar.
Lo cierto, según Infobae, es que Rusia presiona incluso con la presencia de Valeri Guerásimov, el jefe de Estado Mayor, en las operaciones para tomar Kramatorsk, principal bastión de Ucrania en el Dombás, en las que los rusos buscaron penetrar por la puerta sur la población de Druzhkivka. Incluso se habla de la captura de Piskunivka, poblado a 15 kilómetros de Sláviansk, luego de cruzar el río Donets.
Sin embargo, este asedio ya se ha presentado en unas 5 ocasiones en lo que va de la guerra con la finalidad de tomar Konstantínovka, llave de una quinta parte del territorio que mantiene bajo control Ucrania, lo que representa un freno para los planes de hacerse del norte de Donetsk.
Para aliviar la presión, Ucrania lanzó ataques de drones contra Moscú, principalmente con objetivos en áreas de producción de drones y equipos de navegación vitales en la guerra. Se castigaron instalaciones logísticas y, 500 km adentro en Tambov, se atacó una refinería, así como un depósito de petróleo en Noguinsk, a 50 kilómetros del centro de Moscú, con un gran incendio en la empresa Elektrostal, para lo cual lanzó 370 drones. Las fuentes de Rusia indicaron que derribaron 64.
Otro ataque fue a la refinería de Yanos, a 280 kilómetros de Moscú, en Yaroslavl, en la que se provocó un gran incendio, lo que afectó a la escasez de combustible en el área metropolitana de Moscú, así como al aprovisionamiento de sus tropas.
Pero un reflejo evidente de lo que sucede actualmente en Rusia está en la detención del dirigente de una empresa paramilitar por criticar a Putin bajo acusación de “terrorismo”. Georgy Zakrevsky era un afamado proveedor de equipos con la marca “Paladin”; sin embargo, el régimen no tuvo consideración alguna hacia este importante personaje por lanzar críticas en su espacio en Telegram, según la televisión rusa.
El detenido niega que haya cometido actos punibles, y sorprende que se hubieran decidido a proceder dado lo importante que es el personaje para la marcha de la guerra, en tanto la investigación avanza para su condena, que es lo más previsible.
Hablar de “fracasos” en la campaña de Ucrania se ha vuelto un tema intolerable en Rusia, que aplica el poder judicial para condenar por terrorismo a los críticos o disidentes. Este termómetro muestra que las cosas no son favorables al nuevo zar, que no usa corona, por ahora.
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