Por Manuel Gutiérrez
Un bonito detalle, sin duda, que el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, portara la bandera de México en el desfile conmemorativo de la independencia en la Gran Manzana; pero solamente es una acción propagandística que, como muchas otras, pretende llevar el éxito político de un programa de socialismo new yorker o populismo latinoamericano.
Zohran particularmente ha resultado incómodo. Una de sus esperadas acciones ha sido encabezar marchas favorables para la causa de Gaza y de solidaridad con el pueblo palestino; pero esto en una ciudad gueto que tiene una comunidad, tal vez más grande que Tel Aviv o Jerusalén, de judíos que trabajan en Wall Street y en otras empresas que mantienen las ruedas del mecanismo financiero de los Estados Unidos, a la par que lleva a cabo la aplicación de un modelo que pudiera identificarse con el de Morena en México, con el chavismo de Venezuela o con las intenciones de Petro cuando desgobernó Colombia.
Zohran ataca por todos los frentes: creó un periódico llamado The Independent, gratuito y de reparto por kilos. Le dice «progresista», aparece en las lavanderías, peluquerías, estaciones del metro, bibliotecas, concentraciones de gente, y se reparte de manera gratuita.
La carga ideológica del pasquín es simple: Zohran intenta imponer una sociedad igualitaria mediante el socialismo. Promete descuentos en el transporte, vales para la tercera edad o estudiantes; suma ahora las «despensas del bienestar», un paquete de alimentos básicos que pretende vender a bajo precio, sobre todo como favor para los afiliados. Pero eso no ha podido concretarlo: es un sueño guajiro por falta de recursos.
Los mismos programas que vende el morenismo en México, por explicar de algún modo el fenómeno, en una ciudad muy cara y de alto nivel del mundo; por eso es un privilegio vivir en Nueva York, y eso lo saben hasta los estadounidenses muy dados a la estupidez política.
La idea capta gente entre migrantes y personas que desempeñan servicios domésticos o de mantenimiento. El plan es el control de esas masas de gente para poder movilizarlas en su momento, porque finalmente es clientelismo político del Partido Demócrata.
Otra: Zohran aplicó un congelamiento de rentas, que en México contrajo en su momento el mercado inmobiliario y terminó siendo un problema mayor. Pero demagógicamente vende mucho tener regulado el precio de la renta, lo que no necesariamente satisface a los propietarios; esto llega a un millón de inquilinos. Esa fue una de las promesas fáciles; las otras se ven imposibles en cuanto a financiamiento.
Otro paso gigante al populismo es financiar por medio del gobierno de la ciudad la construcción de 200 mil viviendas. Para ello demanda recursos federales y venderlas con una renta estabilizada; pero el programa involucra una inversión y gasto para Nueva York de 100 millones de dólares. Esto, en un terreno tan caro, colocará esa vivienda fuera de la ciudad.
Actualmente hay dinero, fondos de las administraciones anteriores; pero los planes de Zohran son crear un bienestar que no tienen ni Suecia ni Dinamarca. Simplemente quiere que todo el transporte público sea gratis —gran idea—, incluso con carriles prioritarios en las avenidas, reduciendo el espacio del flujo normal, al estilo mexicano.
Nada que no hayamos vivido o experimentado antes. La idea es buenísima, pero ni Clara Brugada se atreve a intentar eso: en la CDMX el transporte sigue siendo subsidiado en sus precios de Metrobús, Metro y Cablebús, los cuales constituyen una pesada carga sobre el erario; los aumentos de precios son inevitables, pero que una ciudad absorba de sus impuestos los costos del transporte puede ser una medida que colapsará en el corto plazo a Nueva York. Ya hicieron números, porque Zohran, como buen socialista, no sabe sumar ni restar.
De menos no ha creado Limosnas del Bienestar, porque muchos de sus programas parecen ser imitaciones del morenismo mexicano; pero el plan va más lejos, porque va a provocar la quiebra financiera de Nueva York.
Otra propuesta de ese universo irreal, factible temporalmente pero sin bases: el cuidado universal de la infancia gratis, de las 6 semanas a los 5 años de edad, con sueldos a las cuidadoras que ingresen al sector oficial equivalentes a los de los maestros. Esto es un empleo alternativo para muchos neoyorquinos, y lo cobran bastante caro.
Otro más: salario mínimo a 30 dólares la hora. En un día de 8 horas son 320 dólares; conviértalo a pesos y suena bonito, pero es una ciudad en la que todo es caro. Ahora, la idea es que los empresarios sean los que desembolsen el aumento, no el gobierno municipal o estatal; pero aquí viene el garrote: para ello proponen subir el impuesto corporativo del 7.5% al 11.5% y un recargo del 2% adicional a los ingresos de más de 1 millón de dólares al año.
La medida va directa a crear desánimo en Nueva York en materia de inversión, construcción o generación de negocios, porque no es fácil sobrevivir como empresa en una ciudad tan cara y menos con deducciones. Cuando se castiga a la empresa, se reduce la oferta de empleo, se reduce la circulación y el incentivo.
El plan de Zohran cuesta 7 mil millones de dólares; más lo de la vivienda, puede llegar a 14 mil millones de dólares que no tiene.
Pero topa con un obstáculo: la gobernadora de Nueva York anunció que no permitirá subir los impuestos, pues causaría un éxodo de capitales y de millonarios que viven en esa ciudad. Sin embargo, él adiciona más promesas de campaña, ahora como planes de gobierno. Albany no quiere ninguna de esas iniciativas.
Quiere desmantelar el NYPD, es decir, a los «sangre azul», la policía neoyorquina (modelo imitado en muchos lugares del mundo). La quiere desplazar por una «policía comunitaria» que apapache a los latinos, afroamericanos y, en general, a las etnias que considera oprimidas por la policía neoyorquina, la cual responde que combate el delito sin observar el color racial del delincuente y que en eso se cuida de demandas por exceso de fuerza o rudeza innecesaria.
Una más: un fondo de defensa por 165 millones de dólares para proteger a los migrantes de riesgos del ICE. Incluso cortar la colaboración e información entre el ICE y el NYPD. Esta situación, que tiene lógica por los abusos de la policía migratoria trumpista, sin embargo se lleva a otro nivel: ninguna ciudad —ni Nueva York— puede darse el lujo de apapachar, mantener y proteger a una migración mundial que no cesa y aumenta totalmente año con año. Si no tienes lo que demanda la Gran Manzana, no tienes nada que hacer ahí. Es decir, reciben a migrantes altamente calificados o con recursos propios que prosperan de todo el mundo; pero sin saber nada, serás triturado por una ciudad muy dura.
De esos planes, logró ya imponer la congelación de rentas. La Junta de Regulación de Alquileres votó a favor y señaló cero aumentos para contratos de un año o dos. Esto afectará a un millón de departamentos del 40% de la ciudad. Los propietarios consideran que desalienta la actividad de arrendamiento. Simplemente se quejan de que el mantenimiento que la misma ciudad exige subió un 12%; esto frenará la oferta.
Mamdani debería preguntar lo que pasó en la CDMX por la misma medida: la contracción de la oferta inmobiliaria y un bajón del valor de zonas completas de la ciudad, a costillas de los propietarios urbanos.
Los autobuses gratis los impuso Zohran por el Mundial durante 5 semanas, por el evento del fútbol, pero lo analizaron. El costo de esa medida fue que se consumió combustible, llantas, servicios de mantenimiento, costos diversos y sueldos de operadores por 100 millones de dólares. De aplicarse, NY tendrá que pagar 800 millones de dólares anuales para cubrirlo, y ninguna ciudad de los Estados Unidos opta por hacer eso. Es populismo, sin duda.
Los «supermercados del bienestar», que fueron vistos como intromisión municipal por el gobierno de Nueva York, se atoraron: se les cerró el camino a su propuesta de financiarse mediante impuestos a los que ganen desde un millón al año en adelante.
La única que le ha salido hasta ahora es la propuesta de congelación. Lo regalado tiene costo, y solo le falta que genere ayudas en efectivo del bienestar para ancianos, estudiantes, familias y barrios desprotegidos. Pero el problema es repartir cuando no se genera ninguna utilidad, ganancia o riqueza, y, aun siendo rica Nueva York, es muy alto su costo de funcionamiento.
Los «Siervos de Nueva York» en realidad corresponden a operadores de NYC-DSA (Socialistas Democráticos de América). Su táctica es visitar puerta por puerta. Lograron, sin embargo, que donantes pequeños hicieran aportaciones; con «líderes de campo» prácticamente saturan todo Queens y Brooklyn. Su arma es hacer videos de 30 segundos.
«Te sacan de la ciudad que tú construiste», dice su narrativa, y ofrecen la luna y las estrellas.
La otra parte de la operación es apoyarse con las iglesias católica y cristianas de esas zonas marginales, así como con mezquitas (no incluye sinagogas), aunque Zohran es musulmán, chiita practicante, de origen indio-ugandés. Su madre es la cineasta Mira Nair, en tanto que su padre es Mahmood Mamdani, académico de origen hindú.
Zohran vivió en Kampala, Uganda y Sudáfrica. Su militancia chiita lo alinea con Irán en cuanto a origen, mantiene una postura de ataque a Israel e incluso advirtió que si Netanyahu va a Nueva York, lo arrestaría.
El problema es que el 12% de la población de Nueva York es judía, y son los que deberán pagar los programas sociales gratuitos que pretende implantar. Incluso juró sobre el Corán como gobernante.
El asunto político es interesante, porque Nueva York como estado es un enclave demócrata, y por la conveniencia del partido en futuras elecciones se espera que aporte una buena base de votos. Sin embargo, muchos de los migrantes que huyeron de Venezuela, de países centroamericanos como Nicaragua, de Cuba y de otros países que se arruinaron con el socialismo, observan con desconfianza que el populismo toca su puerta otra vez.
Por ello, la cepa dirigente de los operadores jóvenes universitarios de ascendencia latina —radicalmente socialistas, con grado universitario, muy teóricos, pero no con experiencia de gobierno real— intenta advertir que nunca dejarán que se imponga una dictadura como ocurrió en sus países, sino que siempre serán democráticos… pero es solamente saliva.
Líderes como Claire Valdez, Diana Moreno y Darializa Ávila Chevalier ahora son agitadoras de tiempo completo, encabezan marchas y señalan a giros opositores, en un inicio de intolerancia que antes no se veía en Nueva York.
La cabra tira al monte, finalmente. Con su radicalización socialista, llevan ahora al Partido Demócrata a una polarización más arraigada de contraste con el Partido Republicano, al que prácticamente tratan de nulificar en sus actividades, aislarlo o condenarlo como racista y persecutor trumpista. Esa exageración deforma el estilo americano de la política, que se basa en el respeto entre los ciudadanos, a las autoridades y a sus leyes.
Los demócratas tendrán entonces que sacudirse o adoptar su ala izquierda radical, en un socialismo populista que ha llegado a Nueva York como un programa mayor, e incluso contemplar un costoso asunto: resolver la condición de los migrantes, tema mayor para toda administración y que puede generar enormes costos, adicionales a una percepción política polarizada en la que se cierre todo el camino e ir contra una tendencia mundial: la migración no puede ser masiva.
Los migrantes con experiencia socialista no creen que este nuevo grupo de Mamdani pueda resolver lo que está más allá del alcance de la Gran Manzana, porque es de rubro estatal o federal, incluso el problema en la misma ciudad.
Y los tratan de tranquilizar: «Aquí nunca serás perseguido de nuevo; nuestro socialismo es democrático, de amor a los pobres y al pueblo»… pero es el mismo camino.
En fin, la misma gata que vivimos ya ampliamente en ciclos de historia en Latinoamérica, pero que no conocen en Nueva York. Después de todo, hay una capa de marginados lo suficientemente grande como para convertir en César a Mamdani, como la plebe romana era capaz de hacerlo.
La ruta de preferir a los ignorantes, a los demandantes de beneficios de ayuda, a los que de alguna manera han topado con el sistema estadounidense sin éxito, les da un volumen considerable de votos, pero cambia el destino de la Gran Manzana, cuyos superlativos son un parámetro mundial en todos los sentidos; esa es la paradoja. Una Gran Manzana populista, proletaria, con arte real socialista, con canciones de protesta y rap revolucionario: ese es el mecanismo.
Hoy el NYPD y los bomberos observan ya con resentimiento las políticas populistas, en tanto los ricos consideran que el socialismo ha llegado a Nueva York con todo lo que eso implica: algunos beneficios, pero finalmente perjuicios definitivos, porque nadie puede subsidiar la pobreza y, por ello, terminan aplicando una dosis de dictadura. Pero eso escapa del alcance de un alcalde de la ciudad, por ahora. Sin embargo, puede ser el inicio de un monstruo.
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