Por Laura Gutiérrez Franco
Mientras en los discursos oficiales se sigue promoviendo la fantasía de un sistema de salud de primer mundo, la realidad se cobra vidas humanas en las salas de hospital. La muerte de tres bebés en el Centro Médico Nacional de Occidente en Guadalajara, víctimas de una infección bacteriana por falta de higiene y protocolos elementales, no es un hecho aislado: es un crimen de Estado por omisión. Que esta tragedia ocurra a solo unos días de que otros cinco recién nacidos perdieran la vida bajo circunstancias similares en Durango demuestra que la podredumbre dentro del Instituto Mexicano del Seguro Social es sistémica, impune y letal.
Las familias de las víctimas han tenido que acudir ante la Fiscalía General de la República porque las autoridades sanitarias carecen de la menor calidad moral para autoinvestigarse. La respuesta del IMSS y de la Secretaría de Salud es la misma fórmula gastada de siempre: emitir boletines fríos asegurando que “se indaga el caso” para ganar tiempo hasta que la indignación se enfríe. La pregunta que clama justicia en Guadalajara y en todo el país es obvia: ¿por qué esperan a que los niños mueran en las cunas para reaccionar? ¿Por qué la prevención, el abasto de insumos básicos y la esterilización de áreas críticas no son la prioridad antes de que ocurra el desastre?
El colapso institucional ya ni siquiera lo pueden ocultar desde las oficinas centrales. En Jalisco, el propio personal médico y operativo ha salido a las calles a protestar con una consigna que sintetiza el horror que se vive en las clínicas: “No te enfermes, porque no hay con qué curarte”. La escasez de medicamentos e insumos básicos no solo paraliza tratamientos; ha engendrado un mercado negro miserable que florece a la sombra de la escasez.
En delegaciones de estados como Sinaloa, Guanajuato y el propio Jalisco, se ha destapado una red de complicidad atroz: ante la falta de medicinas en las farmacias del Seguro Social, es el propio personal el que les indica a los familiares angustiados en qué farmacias particulares conseguir los fármacos… establecimientos que, en muchos casos, son regenteados por los mismos empleados del IMSS que lucran con el desabasto que ellos provocan o toleran. Hacen un negocio millonario y clandestino con el dolor, la desesperación y la vida de los derechohabientes.
Frente a esta carnicería burocrática y este esquema de corrupción enquistado, la respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum es la negación sistemática. Preferir la propaganda antes que reconocer que el IMSS está podrido hasta la médula no es un error de cálculo político; es una muestra de insensibilidad e inhumanidad absoluta. Mientras las autoridades sigan blindando a los responsables y maquillando las cifras, el Seguro Social seguirá cobrando vidas inocentes en lugar de salvarlas.
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